25-08-2025, 03:41 AM
El gran astro rey se posaba con supremacía sobre el extenso firmamento, su mera existencia teñía de rojo su reflejo en las aguas turbulentas que se extendían alrededor de la Isla Karate. El capitán estaba de pie sobre la proa del barco, sentía como el viento rugía directamente con dirección a su rostro y el aroma salado invadía sus fosas nasales. Habían transcurrido largos meses desde que dejo su natal Kuraigana para llegar hasta ese momento. Pero esta vez no viajaba solo; estaba su tripulación, sus primeros miembros se alzaban perenne a su lado. De un lado estaba Thyrm cuyo tamaño descomunal hacia temblar la tierra al ser pisada y en otra esquina un desconocido sin precedentes de la isla de dresrossa desprendía los anclas. Él finalmente había llegado y su tripulación le esperaba en la isla que muchos consideran sangrada, lugar de combates sagrados y desafíos dignos de los peligros del mar.
El pelinegro descendió del barco sin poder contener su emoción, sus pasos se acumulaban sobre la arena de la playa, la vasta flora se distribuía uniformemente en la forma de varios aposentos de bambú. Aquel lugar no solo era un lugar de entrenamiento; era un símbolo, cada roca, cada templo, todo era una ovación a los guerreros que forjaron su destino con su propio sudor y sangre. Y allí, su tripulación daría sus primeros pasos, listo para continuar una aventura que comenzó al adoptar los mares como su hogar.
—Oye Thyrm si ganas el torneo te doy trescientos mil berries — Diría para imponer una apuesta, pues era el más fuerte físicamente en ese barco de locos errantes. La reunión continuo mientras los miembros de la tripulación formaban un semicírculo, el viento se pasmo por instantes, cual si la misma isla fuera consciente de la magnitud de aquel suceso. — Hoy no sólo nos reunimos — Mencionaría com jubiló. — Nos encontramos acá porque el destino nos ha probado, todos acá hemos sido forjados en acero y sangre, algunos perdimos amigos, otros menos afortunados a sus seres queridos. Pero hoy estamos aquí. Una isla donde los más valientes se elevan a la cima, donde las leyendas ven sus inicios —. Sonrió ladino, alzando la voz aún más ante la expectativa.
— Seré sincero, no les prometo victorias fáciles ni un sendero sin obstáculos. Pero les prometo que mientras estemos juntos ningún enemigo, ninguna tormenta, ningún miedo podrá quebrarnos. Nuestra unión será nuestra espada mas afilada, nuestra lealtad el escudo más firme —. Elevando su jarra de licor sonrió ante todos para finalizar su discurso. —¡Alzad la mirada!, ¡Escuchad el rugido del mar y el susurro del viento!... Ellos hablaran de nosotros, narraran lo que seremos; un nombre que resonara por generaciones, un grupo que nadie todos temerán, una leyenda que nadie olvidara.—.
Dio un largo sorbo a su bebida antes de voltear a ver la isla. El sol ascendía sin cesar, bañaba la isla en un resplandor que rozaba lo sobrenatural. En ese instante, en es isla, la leyenda de los Dead Man's Hand estaba a punto de comenzar, y nada ni nadie seria capaz de detenerlos.
—Entonces, ¿creen en la belleza de sus sueños? ¡Hahaha! —.
