25-08-2025, 04:13 AM
—¿Tomarte el pelo? No, no sé quien eres ¿Por qué querría hacerte una broma? —Ladeó su cabeza en un gesto de inocencia genuina y sin entender a qué se debía aquel comentario de parte de la mujer. —Y sí, dañada…tu piel está dañada por cicatrices de quemaduras graves, eso pudo haber dañado también tu interior, es una observación seria ¿Qué parte de lo que dije daría cabida a una broma? —Frunció el ceño, no por molestia si no en un gesto de concentración, su mente buscaba darle sentido a la conversación, pero, como cada vez que intentaba poner a trabajar más su cerebro, algo llegaba para interrumpirlo y, en este caso, la voz y los brazos de su supuesto conocido de capa roja.
Por un momento se quedó helado por culpa de ese abrazo que lo envolvió y lo hizo sentir más calor del que ya tenía. Chasqueó la lengua y dejó su modo estatua para otra ocasión, movió sus brazos para liberarlos del agarre del pelinegro y, una vez lo logró, empujó por los hombros a su supuesto “hermano” para liberarse de él.
—¿Hermanos? ¿De qué hablas? No tengo hermanos, si tuviera uno lo recordaría, de eso estoy seguro ¡Ya suéltame, por favor! —Lo seguiría empujando hasta que se deshiciera de él y, cuando eso sucedió, tomó una buena bocanada de aire y apoyó sus manos en sus muslos, inclinándose un poco, como si hubiera tenido que hacer mucho esfuerzo para quitárselo de encima, aunque, eso sí, sin dejar de prestarle atención, después de todo, quizá sí que se conocían.
¿De qué isla venía? Sí, estaba seguro de que empezaba con “B”, tal como el nombre que el pelinegro mencionó: “Baterilla”, algo que habría podido comprobar en su libreta de apuntes y rutas en las que había estado, pero, de nuevo, no quería imaginar lo mojados que debían estar sus notas por culpa del agua de mar, de hecho, pensar en ello hacía que sintiera un pinchazo de tristeza en el corazón, así que ¿Qué opción tenía si no era creerle al pelinegro? —¿Venimos de Baterilla? —Se irguió para mirarlo fijamente, sus ojos no reflejaban ningún indicio de humor, si no curiosidad. —Creo que debo anotarlo cuando mi libreta se seque ¿Qué fue lo que hiciste por mi en esa isla exactamente?
Puso su dedo índice y corazón en su sien y presionó aquella zona mientras sus dedos se movían en pequeños movimientos circulares, obligándose a pensar cómo es que había sido su estancia en la última isla en la que estuvo, recordaba haber tenido meses tranquilos y su negocio había ido bastante bien, pero…pero…algo pasó antes de partir ¿No? Sus músculos aún dolían un poco, eso significaba que alguna actividad física había realizado, entonces...
—¡OH! ¡Tu fuiste quien escapó conmigo de esos bandidos con espadas! —Sus ojos se iluminaron cuando pudo rememorar aquel evento. —¡Claro! ¡Ya lo recuerdo! ¡Ah!… pero…—Se cruzó de brazos —…espera… ¿Cuál es que es tu nombre? ¿Cómo sé que en verdad eres tú el que venía viajando conmigo? —Entrecerró sus ojos para analizarlo, tenía su cabello despeinado, su ropa algo húmeda, el rostro bronceado por culpa del intenso sol…bueno…parecían estar casi en el mismo estado, además, su capa es del mismo tono de rojo que el que recuerda de su acompañante.
—Jum —. Se cruzó de brazos y se rindió a aceptar que puede que si conociera a aquel hombre. —Creo que tengo que darte el beneficio de la duda, lo que si no te daré es el gusto de decir algo para que esta mujer te ame ¿Tengo cara de Celestina o qué? —Miró a la chica quien, según él, no parecía tan interesada en seguirle el juego a su supuesto conocido y se permitió sonreír al escuchar cómo le hablaba, no podía hacer más que darle la razón.
—Es cierto, no deberías jugar así con los sentimientos de las personas y no es necesario mentirles sobre su apariencia para que se sientan bien, podrías elogiar su voz, por ejemplo, porque ¿Eras tu quien cantaba no es así? —Volvió a dirigirse a la mujer de cabellos verdosos —Lo haces muy bien, ya dicen que las apariencias engañan —. Luego giró su cabeza para dirigirse de nuevo al pelinegro —¡Y tú! No puedes obligar a otra persona a que te ame, no importa cuanto te deslumbre a primera vista, el amor debe cocerse a fuego lento, saborearse, no surgir entre prisas y primeras impresiones.
Dejando eso en claro se volteó, altivo, a pesar de su apariencia descuidada por culpa del mal rato en el mar —Es un honor conocerla, señorita Maki, mis disculpas si alguna de mis palabras anteriores llegaron a herirte —. Debía empezar por ahí, a veces su hablar era descuidado, sin filtro. —Mi nombre es Hyákinthos, puedes decirme Hyak o Cherry —dijo mientras enrollaba un mechón de cabello rosa en uno de sus dedos, intentando que la mujer entendiera el porqué de este último apodo.
—Y no, no viajamos nadando —Dejó escapar una risa baja —, nuestra embarcación naufragó —¿Nuestra? Sí que aceptó rápido al pelinegro como acompañante —, corrimos con suerte de estar cerca de esta isla…Los pescadores que me salvaron me dijeron su nombre, pero no puedo recordarlo Reino de Si…Sam…—Mordió, con fuerza, su labio inferior para concentrarse en el nombre de la isla, pero no tuvo éxito —…Lo lamento, no puedo recordarla, no me destaco por mi buena memoria...como sea...¿Eres lugareña? —Esperaba un sí como respuesta, le convenía tener contactos en esta nueva isla.
—Es que —…Suspiró —Nos convendría tener un lugar donde secarnos apropiadamente y lavar nuestras ropas y objetos personales —Pasó la mano por la manga de su camisa, notando lo tieso y húmedo la tela y lo incomodo que eso resultaba para él. —¡Oh! Por favor, no creas que pido que nos guíes a tu casa ni mucho menos, pero si pudieras ayudarnos a encontrar un hotel o cualquier tipo de hospedaje donde podamos establecernos mientras…mientras…Jmmm…—¿Qué harían en esa isla? Sin su cuaderno no tenía forma de saber si había estado ahí antes y eso significaba un problema grave, de hecho, su rostro se ensombreció y agachó la mirada, preocupado y rogando a los cielos que cuando revisara su bolsa, no todas sus anotaciones estuvieran destruidas.
