25-08-2025, 05:37 AM
—Onizuka…Jin —. Lo pronunció con una lentitud provocadora, saboreando el nombre en sus labios, solía hacerlo cada vez que conocía a alguien por el simple hecho de que así se aseguraba de memorizar los nombres al menos durante el tiempo en que estuviera viendo el rostro de un recién conocido, pero esta vez el matiz fue distinto, el tono no fue solo lento, fue más bajo, tanto en tono como en volumen y, a ello, le siguió una sonrisa de medio lado casi tan medida como el resto de sus acciones esa noche. —Jin entonces, corto, fácil de pronunciar y de recordar, espero que no le moleste la confianza —. De verdad lo esperaba porque recordar el apellido era un nivel que requeriría más de una interacción.
Colocó su maletín sobre la mesa, cuidando de no tirar ninguna de las botellas u otros objetos que pudieran estar sobre la misma y, luego, se cruzó de brazos y alzó una ceja al escuchar la supuesta excepción, atreviéndose incluso a soltar una risa cantarina pero que seguía siendo baja, sin exaltarse en ningún momento. —Debe ser mi día de suerte, aunque…—Sus ojos se posaron en los ajenos dejando entrever un destello de soberbia. —La suerte habría sido suya si hubiera encontrado un modo para hacer que me arrodillara —. De nuevo no buscaba una provocación maleducada, solo eran los desvaríos de una mente que, a pesar de recordar poco, solía ser mordaz de vez en cuando y una lengua que no medía las consecuencias de sus palabras.
Su rostro se enserió, por un momento, cuando vio al hombre ponerse de pie, creyó que había sido suficiente de provocaciones indirectas, después de todo, los negocios es lo que reunía a ambos, pero, tal fue su sorpresa cuando la distancia que los separaba se cerró en un par de pasos que dejaron frente a él, violando su espacio personal, a su supuesto cliente. Contuvo la respiración cuando lo tomó de la corbata al tiempo que los labios ajenos susurraban una indicación directo a su oído.
Esa voz hizo que su piel se erizara que sus músculos se tensaran y que un escalofrío lo recorriera a pesar de que no había indicios de aire frío en el salón V.I.P., ese gesto lo sumió en un trance de segundos que solo fue posible de romper cuando el resonar de los zapatos del contrario sobre el suelo se escuchó con claridad, seguido de la voz que le dio prioridad para tomar asiento.
Soltó el aire que había estado conteniendo cuando el otro hombre dejó de sostener su corbata, dándole el espacio debido para sentarse sobre el sofá rojo. Cerró sus ojos por un par de segundos y parpadeó, analizando lo ocurrido e, inevitablemente, llevando su muñeca derecha cerca de su nariz, esforzándose por inhalar lo poco que podía sentir del perfume de menta que se colocó antes de salir de su residencia.
Inhaló profundo, cerró sus ojos dejándose llevar por el aroma que a final de cuentas pudo percibir como un olor lejano que calmó su mente para que su cuerpo pudiera actuar de nuevo. Cuando apartó su muñeca se decidió por sentarse en su lado del sofá, con las piernas algo abiertas, pero no tanto como para estorbar al otro hombre.
—Bien —Apoyó su codo en su muslo y su mentón sobre la palma de la mano alzada. —, pasadas las presentaciones, creo que es pertinente abordar el tema que nos ha traído aquí, así que, dígame ¿Qué tipo de servicio es el que en verdad desea contratar? —Fue discreto, tanteando el terreno antes de revelar cualquier cosa. —De antemano puedo asumir que usted sabe que soy médico, pero, no creo que, considerando sus conexiones, no tenga ya a alguien a quien confiarle su salud cuando sea necesario, así que, supongo que he sido citado por…otro tipo de negocio —. Sus ojos viajaron de su maletín al rostro de Jin. —No tengo que ser un genio para asumir que está interesado en la mercancía que manejo, pero… ¿De qué tipo exactamente? ¿Solo fluidos? —Sangre, óvulos o incluso esperma para inseminación artificial —¿Algo más sólido? —Órganos —¿O ambas? —Su cabeza se ladeó apenas con la inocencia de alguien que ofrece postres para vender y se permitió dibujar en sus labios una sonrisa casi angelical.
