25-08-2025, 07:09 AM
Los escalofríos que sentía su cuerpo no podía fingirlos. El deseo de devorarlo allí y ahora ascendió, pero sabía que el modo en que mejor se disfrutaba era una combustión lenta, sin presiones innecesarias. Eso no impedía que la molestia comenzara a hacerse notar, al menos para sí mismo, ya que por un momento sintió que el pantalón de su traje comenzaba a molestarlo. Era extraño escuchar a un segundo pronunciar su primer nombre. ¿Molestarlo? Posiblemente en cualquier otro momento, sí, pero ahora mismo… —Sírvete, será más fácil decir mi nombre esta noche una y otra vez.
Pudo sentirlo, verlo en primera persona. Su voz y su propia provocación parecían haber tenido el efecto deseado. La cercanía había sido suficientemente clara, no habría escapatoria. No esa noche. Aunque fue decepcionante verlo intentar volver a componerse y hablar de negocios. Cierto era, zanjar ese asunto cuanto antes quizás fuera la mejor y más sensata opción. También él debía calmarse. No podía permitirse perder la compostura cuando parecía que, al menos con el gesto de su muñeca, el otro hombre parecía haberla recuperado.
—En efecto, conozco bien su trabajo, y espero que también sea consciente del mío, señor médico. — pronunció con voz lenta. Su rodilla ahora apoyándose en el hueco que halló entre las piernas ajenas, sus ojos buscando un mayor análisis del contrario. —Escuché, de hecho, que eres de los mejores. Por eso mismo te cité a ti precisamente, Hyákinthos. — su nombre salió tal y como el contrario se había presentado, en el mismo tono, acentos perfectos, como si lo hubiera conocido de antemano. —Pero te cité para ambas opciones, y porque busco unas manos que sepan no dañar la mercancía como el último inútil.
Decidió descartar las formalidades, ahora tomando una pequeña distancia, para omitir la posible tensión que hubiera en ese momento entre ellos. Quería cerrar el trato rápidamente, encargarse de arreglarlo todo de una vez y poseerlo. Eso sí, pese a sentarse en el otro lado del largo sofá, la distancia entre ambos era corta. En otras lo hacía para amenazar, en esa, para provocar un poco más. Su codo se apoyó en el cabezal del sofá, manteniendo la sonrisita pícara y el mismo tono de voz, sin un ápice de amenaza, aunque lo pareciera por su aire. En ese caso era inconsciente.
—Así que dime, médico. ¿Qué tan buenas son tus manos trabajando? Estoy seguro que has podido sacar corazones que todavía están latiendo, intestinos frescos y saber cómo conservarlos. Porque realmente escuché maravillas sobre ti. — Ahora sus ojos pudieron percibirlo, un desgaste en el labio, posiblemente herido. Era un desperdicio con aquella cara bonita.
—¿Qué te ha pasado aquí? — su mano se elevaba, tomando el mentón. Si no lo miraba, ahora sí lo iba a hacer mirarlo directamente. Su rodilla logró que su cuerpo se elevara un poco por encima de la cabeza del hombre. No es que la diferencia de altura entre ambos fuera demasiado acentuada tampoco, pero ahora sí lo haría. Los segundos que soltó a duras penas probablemente permitirían que comenzara a responder algo, pero no lo escuchó si así fuera, solo elevó el mentón ajeno, sin soltarlo, su dedo pulgar paseando por aquel labio, antes de descender su rostro y que su propia lengua fuera la que brindara un “alivio” invisible. O quizás solo no podía contenerse mucho más.
En el momento que se separó, se relamía el labio. Había percibido el olor a menta que el contrario había usado ahora en su nariz, era lo suficientemente fuerte para que pudiera notarlo, pero no lo molestaba. Solo ahora recordaba un pequeño flashback, un joven como él, mordiéndose el labio en forma de concentración. Ahora sí, lo recordó. No era su primer encuentro.
Su sonrisa estaba dibujada de oreja a oreja pese a que aquello era para sí mismo, orgulloso de haber recuperado aquel pequeño detalle. Quién sabe si es solo aleatoriedad, destino o qué estupidez, pero no olvidaba aquel chico. Sin embargo, estaba claro que él tampoco lo había reconocido. ¿Culpable? En absoluto, él mismo también lo era. Recordaba también la mención de una “pobre” memoria y, después de tanto tiempo, podría ser normal. —Puedes mostrarme qué tienes. — habló con la misma calma que si hablara del tiempo. —Así veré en persona qué tan ciertas son las palabras que escuché de ti.
Pudo sentirlo, verlo en primera persona. Su voz y su propia provocación parecían haber tenido el efecto deseado. La cercanía había sido suficientemente clara, no habría escapatoria. No esa noche. Aunque fue decepcionante verlo intentar volver a componerse y hablar de negocios. Cierto era, zanjar ese asunto cuanto antes quizás fuera la mejor y más sensata opción. También él debía calmarse. No podía permitirse perder la compostura cuando parecía que, al menos con el gesto de su muñeca, el otro hombre parecía haberla recuperado.
—En efecto, conozco bien su trabajo, y espero que también sea consciente del mío, señor médico. — pronunció con voz lenta. Su rodilla ahora apoyándose en el hueco que halló entre las piernas ajenas, sus ojos buscando un mayor análisis del contrario. —Escuché, de hecho, que eres de los mejores. Por eso mismo te cité a ti precisamente, Hyákinthos. — su nombre salió tal y como el contrario se había presentado, en el mismo tono, acentos perfectos, como si lo hubiera conocido de antemano. —Pero te cité para ambas opciones, y porque busco unas manos que sepan no dañar la mercancía como el último inútil.
Decidió descartar las formalidades, ahora tomando una pequeña distancia, para omitir la posible tensión que hubiera en ese momento entre ellos. Quería cerrar el trato rápidamente, encargarse de arreglarlo todo de una vez y poseerlo. Eso sí, pese a sentarse en el otro lado del largo sofá, la distancia entre ambos era corta. En otras lo hacía para amenazar, en esa, para provocar un poco más. Su codo se apoyó en el cabezal del sofá, manteniendo la sonrisita pícara y el mismo tono de voz, sin un ápice de amenaza, aunque lo pareciera por su aire. En ese caso era inconsciente.
—Así que dime, médico. ¿Qué tan buenas son tus manos trabajando? Estoy seguro que has podido sacar corazones que todavía están latiendo, intestinos frescos y saber cómo conservarlos. Porque realmente escuché maravillas sobre ti. — Ahora sus ojos pudieron percibirlo, un desgaste en el labio, posiblemente herido. Era un desperdicio con aquella cara bonita.
—¿Qué te ha pasado aquí? — su mano se elevaba, tomando el mentón. Si no lo miraba, ahora sí lo iba a hacer mirarlo directamente. Su rodilla logró que su cuerpo se elevara un poco por encima de la cabeza del hombre. No es que la diferencia de altura entre ambos fuera demasiado acentuada tampoco, pero ahora sí lo haría. Los segundos que soltó a duras penas probablemente permitirían que comenzara a responder algo, pero no lo escuchó si así fuera, solo elevó el mentón ajeno, sin soltarlo, su dedo pulgar paseando por aquel labio, antes de descender su rostro y que su propia lengua fuera la que brindara un “alivio” invisible. O quizás solo no podía contenerse mucho más.
En el momento que se separó, se relamía el labio. Había percibido el olor a menta que el contrario había usado ahora en su nariz, era lo suficientemente fuerte para que pudiera notarlo, pero no lo molestaba. Solo ahora recordaba un pequeño flashback, un joven como él, mordiéndose el labio en forma de concentración. Ahora sí, lo recordó. No era su primer encuentro.
![[Imagen: Y5YDXKq.jpg]](https://i.imgur.com/Y5YDXKq.jpg)
—Ya veo…
Su sonrisa estaba dibujada de oreja a oreja pese a que aquello era para sí mismo, orgulloso de haber recuperado aquel pequeño detalle. Quién sabe si es solo aleatoriedad, destino o qué estupidez, pero no olvidaba aquel chico. Sin embargo, estaba claro que él tampoco lo había reconocido. ¿Culpable? En absoluto, él mismo también lo era. Recordaba también la mención de una “pobre” memoria y, después de tanto tiempo, podría ser normal. —Puedes mostrarme qué tienes. — habló con la misma calma que si hablara del tiempo. —Así veré en persona qué tan ciertas son las palabras que escuché de ti.
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
