Chance Encounters [Priv. Hyákinthos] [Past] [+18]
#6
—¿Y por qué habría necesidad de repetir su nombre una y otra vez esta noche? —No hubo disimulo alguno en ocultar la falsa inocencia que vino acompañada con la pregunta. La sonrisa pícara que hizo que las comisuras de sus labios se elevaran tampoco fue encubierta, estaba ahí, plantada en su cara como una muestra de que entendía con claridad el doble sentido de las palabras del pelinegro.
 
Pero hasta ahí llegó todo pues la compostura que perdió antes y que dejó flaquear un poco más hace apenas unos segundos regresó cuando el tema sobre la mesa volvió a ser el centro de atención. Sus ojos amarillos brillaron, orgulloso de poder responder de manera afirmativa a lo que el otro hombre suponía, porque sí, dentro de las muchas cosas que tuvo que estudiar antes de llegar a su “cita” fue el tipo de “trabajo” al que se dedicaba su cliente, cortesía, por supuesto, de los trajeados que le trajeron todo tipo de información que tuvo que aprenderse sí o sí ¿Qué clase de vendedor sería si no lo hiciera? Y; sin embargo, la careta de seriedad que se molestó en construir volvió a aflojarse cuando la rodilla ajena se apoyó con confianza entre las de él.
 
Sonrió.
 
Dos pueden jugar a lo mismo.
 
—No se quién llegó a usted con ese rumor, no soy de los mejores —Movió una de sus piernas buscando la intimidad de un roce discreto. —…Soy el mejor y no aceptaré una reseña que no sea esa —¿Por qué no permitirse ser presumido de vez en cuando? Su trabajo, su conocimiento medicinal y quirúrgico, son de las pocas cosas con las que puede permitirse ser petulante y no va a desperdiciar la oportunidad ahora.
 
—Y, por cierto, sé que mi nombre es complicado de pronunciar, puede llamarme Hyak o Cherry —Antes de continuar con las formalidades, se permitió a hacer la aclaración mientras uno de sus dedos tomaba un mechón de cabello que envolvió en este, dándole unas cuantas vueltas antes de soltarlo, dejando escapar un ligero olor a menta que, si bien para él no fue notable, lo sería para cualquiera que no tuviera un olfato tan deteriorado como el de él —…Dicen que mi cabello es del color de las flores de cerezo, no me molesta la comparación, así que, si se siente cómodo, puede usar ese apodo —. Dejó la invitación extendida sin agregar más y acomodándose mejor en el sofá de terciopelo, pensando en la mejor manera de terminar lo importante del encuentro sin caer en tentación.
 
—¡Ah! Ambas opciones, debí suponerlo —. No sabía si agradecer o maldecir esa pequeña separación de sus cuerpos, pero al menos el gesto le permitió centrarse en la conversación. —Razonable para alguien con sus conexiones, incluso podríamos llegar a un acuerdo de pago que se ajuste lo mejor posible a sus necesidades, después de todo, algo me dice que podría llegar a ser un cliente frecuente —. Su corazón se aceleró luego de decir eso ¿Por qué lo dijo? No es la manera en la que suele tratar a sus compradores, acostumbra a ser más sobrio, pero su lengua parecía no querer cooperar con lo que le gritaba su cerebro.
 
Inhaló y cerró sus ojos por un rato hasta que la voz del hombre volvió a sacarlo de su meditación improvisada. Parpadeó y lo miró con un rostro que mostraba cierta confusión por la pregunta ¿Se valdría solo de su palabra para comprobar que tan bueno era en verdad trabajando? No, no lo dejaría hacer eso, si bien es cierto se considera el mejor en su trabajo, prefiere entregar pruebas de este o mostrar la calidad antes de que alguien decida hacer tratos con él.
 
—Y esas maravillas son ciertas, pero ¿Cómo podría mostrarle aquí que tan buenas son mis manos? —Meditó por unos segundos que le parecieron eternos. —¿Qué tal si se lo muestro en mi laboratorio? Aunque eso implicaría sacarlo de su rutina y no quisiera que alguien tan ocupado pierda el tiempo con algo así, así que…si quiere comprobarlo aquí y ahora…podríamos arreglar alguna demostración o…podría mostrarle lo bien conservado de…
 
Se había metido tanto en su papel de matasanos que ni siquiera notó cuando el otro hombre se le acercó hasta que fue obligado a elevar la cara para mostrar algo que no le quedó claro hasta que sintió el pulgar pasando por su labio inferior magullado por aquellas mordeduras causadas por él mismo y, con eso, nuevamente sintió un escalofrío recorrer su columna a la vez que su respiración parecía acelerarse, incluso podía escuchar su corazón sacudiéndose con fuerza dentro de su pecho ¿Sería notable para el pelinegro? Esperaba que no, pero lo más probable era que sí. —Un rasguño, una mala costu…
 
Se congeló en su sitio, incapaz de moverse por el resto repentino del otro hombre. Sus labios temblaron apenas guardando para sí el deseo de alargar el contacto impulsándose hacia adelante y cerrando la brecha que los separaba, pero, esa contención de segundos en los que pensaba en la mejor manera de actuar lo llevó a desperdiciar la oportunidad. El contacto se perdió y ahora solo notó al hombre mirándolo aún desde arriba, como si fuera más alto, cuando antes notó que tenían casi la misma altura y, aun así, el otro se veía tan imponente.
 
Sus ojos dorados estaban abiertos por la sorpresa, así como su boca que aún brillaba por culpa de la saliva ajena y ahora de la suya propia, pues se relamió los labios, sintiendo con su lengua la pequeña cortada que le dejaron sus propios dientes antes de salir al encuentro con el pelinegro.
 
—¿Qué? —La pregunta salió de su boca con un toque de desconcierto, su mano se elevó para que fuera ahora su propio pulgar el que pasara encima de su labio, para después dejar caer su mano y sacudir su cabeza, notando que el otro hombre había vuelto a recuperar su compostura como si nada…En ese momento sintió la necesidad de inhalar todo el potecito de perfume de menta que llevaba en uno de sus bolsillos, pero tuvo que contenerse para no quedar peor de lo que suponía que estaba quedando. —Disculpe, yo…
Volvió a sacudir su cabeza y esta vez se giró para quedar frente a la mesa y, por lo tanto, del maletín que llevaba consigo, tal vez hacer eso fue una buena idea, porque la vista del objeto lo llevó a respirar hondo, tranquilizarse y, de paso, hacer que su mente volviera al trabajo.
 
—Traje conmigo algo para comprobarlo —. Evitó la mirada ajena mientras ajustaba mejor los guantes de cuero de sus manos y se encargaba de abrir el maletín que, contrario a como se veía por fuera, al abrirse reveló un compartimiento que, por un momento hizo que el área se llenara de frío, mucho frío, eso lo hizo temblar…como detestaba el frío, pero aún así no se detuvo para mostrar que en el interior había una caja transparente e igual de fría o más que el resto del maletín, con varios tubos, pequeños, muy pequeños que, aunque le gustaría sacar para mostrarlo mejor, no podía permitírselo. —No puedo entender las ansias de las personas por tener hijos, pero hay todo un mercado de mujeres dispuestas a pagar bien por óvulos fértiles…todos estos son óvulos, los extraje de mujeres sanas, por supuesto no son lo único que extraje de ellas, pero cargar con algo más podría ser bastante llamativo —. Cerró la cajita y luego el maletín, no porque no deseara mostrar más, si no por precaución para el producto, no quería sacarlo de la cadena de frío.
 
—Sé que no parece la gran cosa, pero el vender cada uno de los óvulos podría valorarse en unos 5000 berries por producto y muchos berries más por la inseminación artificial… y, como podrá suponer, normalmente, no se extrae un solo óvulo, por cada persona podría extraer hasta 20 de una sola vez, claro que…eso si se hiciera por vías legales, pero…—No faltaba decir más, estaba claro que sus procedimientos no buscaban el bienestar de un “donante”, no, lo que buscaba era aprovechar cada parte de esa persona que no era visto como más que una mercancía para él —…Creo que no tengo que especificar que a mí no me molesta saltarme esas vías legales.
 
Se encogió de hombros con naturalidad antes de voltearse y encontrarse con los ojos del otro hombre. Su corazón dio un vuelco, toda la explicación lo había hecho olvidar lo que pasó hace un rato, pero ahora que tenía su rostro de nuevo al frente, ya no tenía nada para distraerlo.
 
—La verdad preferiría mostrarle como trabajo, pero eso solo si acepta encontrarse otro día conmigo ¿Eso sería mucho pedir? —Se acercó un poco, lo suficiente para que su rodilla rozara de nuevo la pierna ajena —¿O va a hacer un trato basándose en lo que le he dicho? Porque no parece alguien que confíe de buenas a primeras en un extraño y yo…yo prefiero dejar las cosas claras desde un inicio, mostrar la fuente de todo esto, aquí no puedo hacerlo y eso me hace preguntarme: ¿A qué puerto podría llegar entonces nuestra negociación esta noche? —Se acercó a él lo suficiente para que sus rostros quedaran separados apenas por unos diez centímetro que podrían romperse su cualquiera de los dos lo deseara.


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RE: Chance Encounters [Priv. Hyákinthos] [Past] [+18] - por Hyákinthos - 25-08-2025, 09:33 AM

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