25-08-2025, 05:06 PM
Oh honey, si me hubieran dicho que hoy tendría que lidiar con animales, habría traído la silla y el látigo para poner un buen espectáculo. Ese hermoso hombre, que quizá en otra circunstancia hubiera sido una deliciosa noche de pasión, no es más que un toro que bufa, furioso, buscando tronar a cualquiera que considere inferior, aunque, tristemente, no de la manera en que me gustaría a mí.
Me adelanté con gracia, hasta quedar frente a él, y antes de que pudiera siquiera sentir que tenía mi atención, levanté un dedo y lo moví de lado a lado con un gesto coqueto. —Oh no, no, no soy una maldita loca, y mucho menos un invertido. Soy un Okama, Do you at least know general culture, darling?— Sabía perfectamente que esa frase iba a hervirle la sangre, y esa era, sin dudas, toda mi intención.
El cuerpo de ese hombre avanzó hacia mí, y oh honey, me emocionaba tanto. Un hombre fornido, cargado de rabia, viniendo directo con ganas de golpearme. Oh Nika, gracias por este regalo tan maravilloso.
Un puñetazo descendió como si fuera una montaña cayendo desde el cielo, buscando estrellarse de lleno en mi hermoso rostro. Y, darling, por alguna razón lo veía con claridad… no como si el tiempo se detuviera, pero sí lo bastante lento para darme esa divina oportunidad. Con una sonrisa torcida, alcé ambas manos justo frente a mi cara. No iba a detener semejante monstruo de golpe, claro que no, pero al menos lo mitigaría. Esa era, mínimo, la intención y créeme, hasta sufrir duele menos cuando lo haces con estilo.
—If you're going to hit me, hit me hard, baby— solté entre jadeos, mientras mis manos aún resentían aquel dichoso golpe que casi me arruina las uñas. Ese hombre tenía una furia ardiente por dentro, pero en mi mente, honey, no era otra cosa que un secreto mal escondido, una verdad envuelta en violencia. Y si había alguien dispuesto a sacarle los trapitos al sol, ese era yo, darling, con toda la razón del mundo.
—¿Por qué sientes tanta furia, cariño?— retrocedí un metro con gracia, ladeando la cadera y mirándolo con picardía venenosa. —¿Acaso mamita no te quiso cuando eras pequeño?— Mi sonrisa se ensanchó, cruel y deliciosa, mientras clavaba mis palabras como cuchillas en su pecho.
—¿O acaso your daddy, the one who hit you when he drank too much?— Una carcajada baja, maliciosa, escapó de mis labios. No solo quería provocarlo, quería abrirle las heridas que se negaba a mostrar. Cuando ese pobre diablo se distraiga, entonces, honey, yo recibiré sus golpes, no de furia, sino de puro dolor y en ese dolor, le arrancaré el alma a besos de luz.
Me adelanté con gracia, hasta quedar frente a él, y antes de que pudiera siquiera sentir que tenía mi atención, levanté un dedo y lo moví de lado a lado con un gesto coqueto. —Oh no, no, no soy una maldita loca, y mucho menos un invertido. Soy un Okama, Do you at least know general culture, darling?— Sabía perfectamente que esa frase iba a hervirle la sangre, y esa era, sin dudas, toda mi intención.
El cuerpo de ese hombre avanzó hacia mí, y oh honey, me emocionaba tanto. Un hombre fornido, cargado de rabia, viniendo directo con ganas de golpearme. Oh Nika, gracias por este regalo tan maravilloso.
Un puñetazo descendió como si fuera una montaña cayendo desde el cielo, buscando estrellarse de lleno en mi hermoso rostro. Y, darling, por alguna razón lo veía con claridad… no como si el tiempo se detuviera, pero sí lo bastante lento para darme esa divina oportunidad. Con una sonrisa torcida, alcé ambas manos justo frente a mi cara. No iba a detener semejante monstruo de golpe, claro que no, pero al menos lo mitigaría. Esa era, mínimo, la intención y créeme, hasta sufrir duele menos cuando lo haces con estilo.
—If you're going to hit me, hit me hard, baby— solté entre jadeos, mientras mis manos aún resentían aquel dichoso golpe que casi me arruina las uñas. Ese hombre tenía una furia ardiente por dentro, pero en mi mente, honey, no era otra cosa que un secreto mal escondido, una verdad envuelta en violencia. Y si había alguien dispuesto a sacarle los trapitos al sol, ese era yo, darling, con toda la razón del mundo.
—¿Por qué sientes tanta furia, cariño?— retrocedí un metro con gracia, ladeando la cadera y mirándolo con picardía venenosa. —¿Acaso mamita no te quiso cuando eras pequeño?— Mi sonrisa se ensanchó, cruel y deliciosa, mientras clavaba mis palabras como cuchillas en su pecho.
—¿O acaso your daddy, the one who hit you when he drank too much?— Una carcajada baja, maliciosa, escapó de mis labios. No solo quería provocarlo, quería abrirle las heridas que se negaba a mostrar. Cuando ese pobre diablo se distraiga, entonces, honey, yo recibiré sus golpes, no de furia, sino de puro dolor y en ese dolor, le arrancaré el alma a besos de luz.
Belico
