25-08-2025, 11:08 PM
Parecía que la dupla de la montaña había deducido como salir de manera correcta. Finalmente, los marines encontraron la última bifurcación. El aire, antes denso y pesado, se volvía cada vez más respirable y comenzaba a haber una cierta iluminación ambiental, aunque era difícil saber de dónde venía exactamente. Los pasos de Fuguwu y Apolo resonaban tres veces y, las voces, cada vez más coléricas por el robo de la luz de manos de los Marines, asolaban la zona con ansia. No fue más que media hora después que los novatos de la División llegaron a su encrucijada final. Su última decisión y la posibilidad de salir o no de la montaña. Una última bifurcación a derecha e izquierda que, en caso de decidir bien, les conduciría a un pequeño tramo de cueva con una luz al final de este. La luz, que poco a poco según se acercaran se volvería más y más grande y ominosa, daría paso a un pequeño estrecho que conduce al exterior del Sendero, una salida a todas luces idéntica a la anterior pero, en una ubicación geográfica diferente. Sus andanzas por el Sendero los había conducido a una zona más al norte de las montañas occidentales de la isla de Mystoria. Mas los Marines se sorprenderían en caso de salir, ya que, si observaban detrás de ellos, el Sendero habría desaparecido. Sus puertas antes abiertas a incautos como ellos habían desaparecido y solo las inscripciones sobre la ahora aparentemente sellada puerta podían indicar vagamente que allí, antaño, hubo una puerta. La División lograba su primera piedra, la piedra Lunar.
Karl y Joe, quienes pudieron degustar una hiena al calor del fuego, recuperaron energías y, pasado un tiempo prudencial, pudieron retomar su camino dirección al volcán. Si decidían ir por la orilla oriental del lago, no sería hasta casi las llanuras previas al volcán que hallarían a sus camaradas. No sería difícil para ellos encontrarse en tan vastas zonas sin obstáculos donde prácticamente todo quedaba al descubierto. El tiempo había comenzado a jugar en contra de los inquilinos de Mystoria y, el sol, antes encima de las cabezas de los Marines, comenzaba a esconderse cerca de las montañas donde Apolo y Fuguwu por poco se pierden eternamente. La luz comenzaba a hacerse cada vez más difícil de percibir y el ambiente se oscurecía conforme los marines se acercaban al volcán que, aunque inactivo por ahora, parecía expulsar lava de manera fluida y constante. Luz que solo se vio opacada por un destello en la lejanía. Cuando los marines se acercaban a las inmediaciones del volcán, si alguno de ellos echaba la vista atrás, podría observar como en la base del colmillo, en la punta derecha de la cordillera que lo formaba, un destello anaranjado, casi antinatural, reflejaba la agonizante y rojiza luz solar hacia la isla. Esta luz apareció a las ocho de la tarde, cuando el sol comenzaba a caer y no tardó más de unos minutos en desaparecer, dejando al astro rey esconderse poco a poco y oscurecer la isla.
No parecía haber riesgo de erupción, más el volcán no estaba muerto. El calor en la zona era sofocante y las empinadas laderas eran casi una muerte segura para aquellos que se aventuraran a escalar sin conocimientos. Solo un sinuoso sendero, una gran pendiente con un camino de cinco metros de ancho que ascendía de manera serpenteante hacia la mitad de la montaña de fuego, era lo que permitía acercarse a la cima. O... a parte de ella. Sin necesidad de grandes dotes visuales, todos podían observar como el camino conducía a un pedestal de piedra rojiza que sostenía sobre él una piedra con forma de llama, roja como la lava. Cuando los marines se acercaron, un incauto pájaro pasó cerca del pedestal y un vapor a presión surgió de él, como si de una defensa natural de la piedra se tratara y desintegró al pájaro. Si los marines querían la piedra de fuego, tendrían que ganársela. Tendrían que usar una increíble fuerza capaz de sacar la piedra de su pedestal. Tendrían que demostrar que tienen el valor de soportar lo insoportable y de arrancar del mismo corazón del volcán el fuego para moldear sus destinos. Y todo esto antes de que anochezca.
Buenas noches. Buena suerte.
Karl y Joe, quienes pudieron degustar una hiena al calor del fuego, recuperaron energías y, pasado un tiempo prudencial, pudieron retomar su camino dirección al volcán. Si decidían ir por la orilla oriental del lago, no sería hasta casi las llanuras previas al volcán que hallarían a sus camaradas. No sería difícil para ellos encontrarse en tan vastas zonas sin obstáculos donde prácticamente todo quedaba al descubierto. El tiempo había comenzado a jugar en contra de los inquilinos de Mystoria y, el sol, antes encima de las cabezas de los Marines, comenzaba a esconderse cerca de las montañas donde Apolo y Fuguwu por poco se pierden eternamente. La luz comenzaba a hacerse cada vez más difícil de percibir y el ambiente se oscurecía conforme los marines se acercaban al volcán que, aunque inactivo por ahora, parecía expulsar lava de manera fluida y constante. Luz que solo se vio opacada por un destello en la lejanía. Cuando los marines se acercaban a las inmediaciones del volcán, si alguno de ellos echaba la vista atrás, podría observar como en la base del colmillo, en la punta derecha de la cordillera que lo formaba, un destello anaranjado, casi antinatural, reflejaba la agonizante y rojiza luz solar hacia la isla. Esta luz apareció a las ocho de la tarde, cuando el sol comenzaba a caer y no tardó más de unos minutos en desaparecer, dejando al astro rey esconderse poco a poco y oscurecer la isla.
No parecía haber riesgo de erupción, más el volcán no estaba muerto. El calor en la zona era sofocante y las empinadas laderas eran casi una muerte segura para aquellos que se aventuraran a escalar sin conocimientos. Solo un sinuoso sendero, una gran pendiente con un camino de cinco metros de ancho que ascendía de manera serpenteante hacia la mitad de la montaña de fuego, era lo que permitía acercarse a la cima. O... a parte de ella. Sin necesidad de grandes dotes visuales, todos podían observar como el camino conducía a un pedestal de piedra rojiza que sostenía sobre él una piedra con forma de llama, roja como la lava. Cuando los marines se acercaron, un incauto pájaro pasó cerca del pedestal y un vapor a presión surgió de él, como si de una defensa natural de la piedra se tratara y desintegró al pájaro. Si los marines querían la piedra de fuego, tendrían que ganársela. Tendrían que usar una increíble fuerza capaz de sacar la piedra de su pedestal. Tendrían que demostrar que tienen el valor de soportar lo insoportable y de arrancar del mismo corazón del volcán el fuego para moldear sus destinos. Y todo esto antes de que anochezca.
Buenas noches. Buena suerte.
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