Chance Encounters [Priv. Hyákinthos] [Past] [+18]
#7
Cuanto más hablaba el contrario, más satisfacción tragaba el pelinegro de la cicatriz. No solo era su actitud, era el respeto que le daba, conocía bien la postura en la que él estaba, no abusaba de ella, pero sabía jugar. Provocaba, jugaba, sin tocarle la moral. No, no era solo eso, lo encendía. —Para que recuerdes bien quién soy. — su tono de voz se volvió más pícaro, su sonrisa era incluso más amplia, agregando un tono grave, lento.

No sabía de dónde sacaba las palabras para seguir satisfaciéndolo. Teñirse como el mejor, eso era el tipo de personas que siempre le gustaba para él, sobre todo en el trabajo. ¿Cómo rechazarlo? Era casi imposible, si no fuera porque todavía tenía más por ver. —Muy bien, me encantará ver cómo trabaja “el mejor” en esto. — era curioso, su sonrisa no se desvanecía, sino que no hacía más que ir ampliándose más. No solo tenía buen físico, era más que ardiente, cada palabra que escupía era como música para sus oídos. —Quizás Hyak esté bien profesionalmente. ¿Cherry? Eso me lo reservo para mejores momentos, o incluso me invente otro nombre para llamarte. — por él mejor. No es que se le dificultara el nombre contrario, pero si no se perdía el tiempo en nombres más largos, era mucho mejor. Sus ojos ponían rumbo a los dedos que utilizaba en su propio cabello. Él mismo elevó su mano, tomando otro mechón, imitando el gesto, solo que con un toque más posesivo, hambriento. Una bestia intentando cazar a su presa, preparado para devorarlo en cualquier momento. —Creo que esa comparación se hace corta viendo el pequeño diamante en bruto que tengo delante de mis narices. El mejor en tu trabajo y, por supuesto, te sabes hacer respetar.

Hizo una pausa, sus ojos volviéndose al maletín. Le sorprendía que, pese a no haber dado demasiadas especificaciones, ya estuviera preparado con algo. Eficaz, un puto extra. —No solo un cliente frecuente, soy capaz de conseguirte clientes con más facilidad de la que imaginas. — porque lo haría, si al menos su trabajo era tan bueno como presumía que lo era, desde luego, era capaz de hacerlo. —Y algo me dice, que no será la primera vez que nos veremos, Hyak.

Ya no solo era su eficacia, su seguridad… sino que era hasta capaz de adelantarse a propuestas que reservaba al final. Se ofrecía a brindarle una demostración antes incluso de aceptar el trato, cuando en su mente ya había planeado terminar aquel pequeño “negocio” con ese trato. —Estoy seguro de que aquí esas manos tienen utilidades… bastante fructuosas. — maldita sea, no dejaba de sonreír, era la primera vez que mantenía una por tanto tiempo, y siendo tan sincera y traviesa. Podía percibirlo, el efecto que le provocaba en el pelirrosa y, a su vez, cómo también sentía una atracción él mismo hacia el contrario. Por eso mismo se acercaba, su paciencia se estaba limitando, su deseo de tomarlo, lanzarlo contra esa mesa, derribarlo todo, olvidar incluso el sofá… toda esa fantasía se formaba en su cabeza mientras trataba de mantener el control.

Lo mejor, no lo rechazó, no lo empujó, ni siquiera parecía molesto cuando su lengua, traviesa, había explorado ese pequeño labio herido. Ahora percibía más el efecto que provocaba en el pelirrosa y, aquello mismo, lo estaba haciendo respirar con una ligera excitación, una agitación que posiblemente el pelirrosa percibiera tanto como estaba sintiendo el olor de menta que provenía del contrario. La erección era más palpable entre sus pantalones, pese a que parecía mantener semejante autocontrol. Ahora mismo le estaba tomando la vida misma no devorar a ese chico.

—Es decir, — procuró hablar, pero ahora su voz, pese a que se mantenía segura e igual de imponente, tenía un ligero temblor por el esfuerzo de su autocontrol. —No solo eres el mejor, sino el mejor entre los mejores. — sus ojos veían el producto, con interés. —Soy más que consciente de la dificultad de extirpar ovarios sin dañarlos. Tengo que admitir que no pareces de solo palabras. No es una broma lo que mencionas. — él mismo había movido hilos en el mundo del mercado de órganos. No como médico, sino como vendedor, por ello tenía que tener un mínimo de conocimiento para acomodar los precios. Óvulos en perfecto estado como los tenía y en una conservación como percibía era, desde luego, de un experto. —Y lo mejor, es que eres capaz de omitir las formalidades legales sin cuentos morales. — todo era perfecto, maravilloso. Él podría deshacerse de los cadáveres y, para colmo, conseguir un mayor dinero. —Yo puedo hacer que omitas por completo esas vías legales.

Mierda…

Se volvería loco como siguiera teniendo que soportarlo más. Respetaba sus horarios, respetaba su figura y tenía bien en cuenta su posición. Era imposible… Cerró los ojos por algunos segundos, descendiendo su torso ligeramente, acomodando sus codos sobre sus muslos, frotando sus propias manos. —Bueno, puedo hacer un hueco en mi agenda el día que necesites volver a citarme. Perderme el trabajo del mejor sería un desperdicio. Me gustaría que me mostrases cómo trabajas, qué laboratorio tienes, tus materiales y, de ser necesario, si veo que el trabajo es satisfactorio, yo mismo te ofreceré no solo que sigas con el negocio, sino que te pagaré un extra por la mano de obra. Pero eso será después de ver qué tan satisfecho me vas a dejar en tu laboratorio.

No solo por su belleza y atracción, era obvio que sabía lo que hacía, y de lo que hablaba. —Dame una fecha y una dirección con una hora, y allí me tendrás. — Sus manos se separaron, pudo sentir aquella rodilla. De hecho sus ojos incluso descendieron en su dirección, para luego volver la mirada en el rostro ajeno. Su cercanía, su propia erección, su tono. No importaba, no lo soportaba más. Lo tomó de la nuca, atrayéndolo y rompiendo escasa barrera de distancia que había entre ellos dos. Su otra mano descendió hasta la cadera ajena, atrayéndolo hacia él a la fuerza, en un intento de que él mismo instintivamente usara sus rodillas para apoyarse sobre el sofá, encima de él. Ni siquiera tuvo reparos ni vergüenza en usar sus propios labios para separar los ajenos y hacer una intromisión con su propia lengua, buscando la suya. El olor a menta inundaba sus fosas nasales, pero la excitación era mejor que cualquiera.

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Se tomó su tiempo, mientras su mano exploraba ahora la zona inferior de su espalda, apretándolo de modo que, ahora sí, pudiera percibir su erección con más claridad. Ya llegaba a un punto que dolía. Solo se tomó el tiempo de separarse cuando apretó con una de sus manos una de las nalgas, buscando ahora que ambas pelvis se conectaran, aunque estuviera la tela de por medio. —Más vale que no haya un puerto todavía, porque quiero que sea un viaje largo. — su respiración en su tono grave, sus ojos ahora buscaron su clavícula. Mierda, esa corbata ahora solo estaba siendo un estorbo. Elevó su mano, tomándola de la zona superior, desabrochándola de un tirón a la vez que, en un rápido movimiento, lanzaba al pelirrosa sobre el sofá. Sus caderas ahora moviéndose sin compasión, marcando más el territorio.

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—¿Qué tal si dejamos las formalidades, Cherry?

La respiración ahora era más salvaje, no iba a darle ninguna oportunidad de escapar, no cuando desde el inicio lo esperaba, no cuando no lo había rechazado y, desde luego, no cuando en su mente, cuando revisaba aquellos óvulos se había hecho una fantasía de tomarlo allí mismo, a sus espaldas, apretar su pelvis. Él mismo ahora se desabrochaba su propia camisa negra, uno tras otro, mientras descendía su cuerpo, usando sus rodillas para forzarlo a abrir sus piernas y sus labios volvían a conectarse en los ajenos, en un beso más fogoso, hambriento, acompañándolo con los movimientos de su pelvis. Su otra mano la usó para tomar la muñeca ajena, buscando también el contacto de él.
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RE: Chance Encounters [Priv. Hyákinthos] [Past] [+18] - por Onizuka Jin - 25-08-2025, 11:13 PM

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