27-08-2025, 05:41 AM
Calidad del producto, un buen trabajo, sin nombres ni caras —Perfecto, fácil de recordar —. Su aliento se entrecortó en medio de su respuesta, sus labios temblaron al hablar. Supo, desde el momento que sus labios se encontraron, que sostener una charla de negocios se convertiría en una carga de la que ninguno querría encargarse, no cuando sus cerebros, nublados por el vaho de calor excitante y ensordecidos por los jadeos suaves, se cerraban ante la razón y sus cuerpos aprovechaban para dominar sus acciones, desencadenando, poco a poco, el deseo que poco duró oculto tras formalidades innecesarias.
Las palabras dejaron de servirle después de su última petición, dejó que sus manos “hablaran”, bajaron más el pantalón ajeno, descubriendo los muslos pálidos, tonificados, que palpó con paciencia tortuosa de abajo hacia arriba, deteniéndose solo al estar cerca del centro, con la sutileza suficiente para hacer a cualquiera desesperarse, incluso él mismo estaba siendo víctima de su propia calma, su propio pantalón empezó a ser una molestia; sin embargo, Jin lo había dicho antes, tenían toda la noche y el doctor, a diferencia del pelinegro, es paciente, podía esperar.
¿Pero cuánto podía esperar su acompañante?
Una maldición lo hizo elevar la comisura de sus labios en medio de un beso que pasó del medio de las clavículas a uno de los pezones, podía mantenerse así por más tiempo, pero el otro no parecía querer ir a su ritmo.
El apretón de su cabello hizo que se separara y que una expresión de asombro saliera de su garganta, ahora se sabía interrumpido, expuesto y casi creyó que sería obligado a bajar…eso no pasó, al contrario, unas palabras más suaves le siguieron a la brusca acción: un por favor dicho con algo que al pelirosa le pareció casi una súplica.
—¿Solo “por favor”? —Sus ojos dorados se elevaron para encontrar el rostro ajeno, verlo con esa rojez en la cara le gustó, lo impulsó a seguir, suficiente de juegos. —No sonaste muy convincente —susurró cerca de los labios del otro —, pero, por ahora, será suficiente.
Las palabras volvieron a estorbarle, su boca se ocupó de encontrarse con la otra con impaciencia, terminando de desencadenar el deseo que contuvo hasta ahora, mientras que sus manos pasaron de juguetear entre los muslos para posarse directamente sobre la erección aún bajo el calzoncillo, apretó el miembro, como si intentara “probar” la calidad del “producto” y, ahora sí, su mano subió hasta el abdomen ajeno antes de colarse bajo la tela que estuvo separándolos todo este tiempo.
Se encontró piel con piel, apartó la tela con su otra mano y su boca dejó de complacer a la ajena para que ahora, separados por centímetros, fuera libre de bajar su cara hacia el premio que saborearía con la misma paciencia con la que solía hacer todo. Sonrió con malicia y se relamió, sus labios entonces buscaron el cuello ajeno mientras sus manos no dejaban desatendida la erección, después de todo, lo preparaba para que recibir su lengua no fuera un “shock” tan repentino.
No descendió con la misma lentitud que antes, pronto se encontró dejando besos mojados en el abdomen, en el vientre y luego, en una posición por demás incómoda por lo pequeño que empezaba a resultarle el sofá rojo, se encontró de frente con el miembro del pelinegro. Suspiró con calma, aunque lo suficientemente fuerte para que su aliento caliente chocara con el cuerpo del otro hombre; él mismo sintió escalofríos cuando intentó arrodillarse lo mejor posible entre las piernas ajenas, provocando que la fricción de su propias piernas y su pantalón estimularan su erección, algo que le arrancó un jadeo que, a pesar del calor del momento, lo regresó, por un instante, a la realidad.
—Espero que tenga protección, no pienso avanzar más que esto si no es así —. Y con “esto” se refería a su siguiente acción, dejó caer un hilo de saliva que usó como “lubricante”, una de sus manos subía y bajaba desde el tronco a la punta, mientras que la otra acariciaba la piel sensible de la ingle, además de servirle para mantener las piernas ajenas abiertas, luego, sí que usó su lengua, primero probando la punta y enrollando lo que podía alrededor para después lamer con esa misma lentitud que lo caracterizó desde un inicio.
¿Cuánto tiempo se la pasó así? Tal vez segundos, tal vez minutos…El tiempo es relativo cuando se disfruta, pero lo que importaba es que ahora engulliría el miembro del pelinegro, no con desespero, si no saboreando cada centímetro mientras usaba su lengua para ayudar a que la sensación resultara más agradable para ambos y, cuando estuvo bastante abajo, se atrevió a alzar sus ojos solo para darse el gusto de ver que cara tenía ese hombre que en apariencia parecía tan frío y serio ¿Qué tan desaliñado luciría? ¿Qué tan sonrojado estaría? Entre más expresiones provocara en ese rostro sereno, mayor sería su satisfacción.
