El Canto de la Sirena - (pasado) Priv. Maki y Hyakinthos
#9
—¿Salvaste mi vida? Jmmm…no es lo que recuerdo, yo recuerdo haber ayudado a alguien con capa roja —. Fragmentos de la memoria de aquel día regresaban a él, sin rostros, sin voces, sin escenario, solo acciones fijas que decidió tomar como verdaderas, pero, de entre todo, solo una cosa que dijo el pelinegro lo hizo darse cuenta de que, efectivamente, sí era él la persona a la que buscaba. —¿Odias el mango? ¡OH! ¡Sí eres tú! —Sí, ese era el único fragmento de conversación que recordaba con claridad y eso solo porque compartía el mismo odio por esa fruta endemoniada. —¡Qué bueno verte de nuevo! —Le dio un par de palmaditas en uno de sus hombros. —Cuando los pescadores me rescataron pregunté si habían visto a un hombre de capa roja, me dijeron que no, así que busqué por la playa, pero como no te encontraba creí que habías muerto, me alegra que no sea así —. Y vaya que le alegraba que un tipo tan fuerte como para protegerlo en sus viajes siguiera vivo y, aparentemente, aún dispuesto a viajar a su lado como compañeros ¿Hasta cuándo duraría eso de todos modos?
 
Se cruzó de brazos, no para cerrarse a una posible conversación, si no en un modo más relajado, tanto como para volver a mirar las nubes en el cielo, confiando que, si algo importante pasaba, su compañero lo sacaría de su trance y le avisaría…bueno…eso no fue necesario, no cuando parecía estar hablando de él ¿Por qué? ¿Qué decía? —¿Piña? La piña sabe bien, pero… ¡Yo no hice que naufragáramos! Te dije que era mala idea ponerme al mando de un navío, chico o grande, no sé cómo navegar —. Bufó y miró hacia un lado, indignado porque la culpa recayera enteramente en él, menos mal que la mujer de voz bonita intervino en la conversación, haciendo que olvidara casi enseguida la “ofensa” anterior.
 
—¿Tan aburrido es este pueblo? —Si miraba a su alrededor, no le parecía muy distinto a cualquier puerto, pero qué iba a saber él. —Entonces al menos tiene buena vida nocturna —. Sonrío cuando escuchó eso, era conveniente, muy conveniente para su tipo de negocios, aunque tendría que conocer el lugar primero antes de atreverse a hacer nada, aunque antes de perderse más en los recovecos de su mente y armar su estrategia para radicarse unos meses en la isla, la invitación de Maki a su casa para que pudiera secarse y cambiarse de ropas lo sacó de su ensimismamiento, haciendo que sus ojos brillaran con ilusión ¡Por fin podría deshacerse de esa ropa húmeda!, pero…
 
—¿Destripar? —Ladeó su cabeza a la vez que dejaba salir la pregunta en un tono inocente —¿Eres médico? Que interesante sí es así, normalmente soy yo q…
 
Salvado por la campana o, en este caso, por el fuego. Escuchó gritos y cuando se giró a la dirección desde donde veían notó que una nube de humo negro empezaba a alzarse y, además, a pesar de su terrible olfato, sí que estaba sintiendo un olor a quemado, no era para menos. —…Oh…creo que deberíamos ir hacia otro lado ¿No…?
No, por supuesto que no, ni siquiera se dio cuenta del momento en que el pelinegro salió corriendo en dirección al lugar ¿Qué tenía complejo de héroe? Podía dejar que los marines se encargaran ¿Qué podía hacer él? No es como que tuviera los implementos necesarios para apagar un incendio ¿Por qué tenía que ser tan benevolente para ir a arriesgarse por extraños? Menos mal que la chica parecía ser más razonable.
 
—No tenía pensado moverme, señorita Maki y si, veo a los pescadores ¿Qué sucede con ellos? —De todas las cosas que pensó escuchar nunca creyó que una de ellas sería que lo dejaran encargada de las compras de ¿qué cosa? ¿La Gubia Azul? ¿Qué era eso para empezar? ¡Ah! Claro, ella dijo que tocaba en un lugar por las noches, sería el club donde trabajaba o eso supuso el pelirosa, quien, en lugar de prestar atención a la petición de la chica, se empeñó en sacar conclusiones de cosas que bien podría preguntar más adelante y, cuando por fin estuvo dispuesto a escuchar bien, ella se fue de su lado, tan rápido como
 
—¡Ah! ¡No te vayas! ¡Espera! ¡REPITE LA LISTA DE COMPRAS! —Tarde, quizá ella ni siquiera lo escuchó. Tragó saliva y, tal como hizo antes, volvió a morder su labio inferior para recordar las últimas palabras de la peliverde antes de que saliera corriendo, pero, por más que lo intentaba, aquello le parecía una misión imposible.
 
—¿Por qué se empeñan en dejarme a cargo de cosas importantes? A ver…El Pargo Azul ¿Ese era el nombre del sitio? Sí…debe ser ese…ella dijo algo de un pulpo y un 12… ¿Doce pulpos? Sí…debe ser eso ¿Qué harán con tantos pulpos? Deben ser importantes en el menú…ah…bueno…también dijo Seis… ¿kilos? Sí…seis kilos de ¿corvina? Debe ser eso y doce kilos de cangrejo ¿O era camarón? Creo que deben ser camarones —. Cerró su mano en un puño que estrelló contra la palma de su otra mano, emocionado por haber podido recordar algo y ahora caminando directo hacia donde estaban los pescadores que le había señalado la cantante.
 
—Ejem…Buenas ¿tardes? —Ni mirar el cielo le haría saber que hora era —La señorita Maki del Pargo Azul…—Los pescadores se miraron entre sí, antes de que uno se atreviera a corregir.
 
—¿La Gubia Azul?
 
—Sí, eso dije…La señorita Maki de la Gubia azul manda a decir que necesitan doce pulpos, seis kilos de corvina y doce kilos de camarón —. Sonrío satisfecho hasta que notó que él sería quien tuviera que pagar aquella orden si no decía algo rápido. —Creo que necesita que lo lleven al local, ellos pagarán cuando reciban el pedido.
 
—¿Puedes llevarlo tu? —Ante la petición, el médico puso una cara de asco que no pudo disimular ¿Cargar mariscos? Eso lo dejaría con el olor y, bien, él podría no sentirlo, pero seguro que el resto sí, pero…tampoco pudo negarse al ver que el hombre que le hablaba parecía bastante ocupado y, además, le convenía quedar bien con la chica que le prestaría su casa para asearse, así que terminó por asentir. —Mi hijo pasará más tarde al local por el dinero.
 
Fue así como, después de unos minutos, estuvo cargando dos bolsas, una con los 12 kilos de camarones, otra con seis kilos de corvina y, por último, una bolsa con 6 pulpos que parecían aun retorcerse…no era la manera en la que imaginó que terminaría su día, de hecho, empezó a pensar que flotar en medio del agua salada ya no era tan malo, sea como sea, solo le quedó suspirar y caminar hacia el lugar en donde el incendio ahora parecía más controlado, porque…porque unos miembros de la marina habían llegado y estaban ayudando a las personas.
 
Se le heló la sangre, no tenía cartel de recompensa, pero no quería tener que ver con esos sujetos. Miró a su alrededor, hasta que alcanzó a divisar una mata de cabello verdoso cerca del lugar de los hechos.
 
—¿Señorita Maki? ¿Chico que odia el mango? —Llamó a ambos mientras caminaba más atento de lo normal a sus alrededores y empezando a toser por culpa del humo negro que alcanzaba ya el lugar en donde estaba, aunque estuviera un poco lejos del foco del incendio.


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RE: El Canto de la Sirena - (pasado) Priv. Maki y Hyakinthos - por Hyákinthos - 27-08-2025, 08:30 AM

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