27-08-2025, 02:19 PM
Krysser permaneció inmóvil unos instantes, con la sombra de una sonrisa felina asomando en su hocico. No era la sonrisa del que disfruta de una masacre, sino la del cazador que reconoce la fuerza de voluntad de su presa. Pocos se levantaban después de recibir un golpe así, y aquel humano lo había hecho con los ojos encendidos de terquedad. El mink inclinó ligeramente la cabeza, como dedicándole un gesto de respeto silencioso.
-Eso es… -Gruñó con voz grave, ronca, apenas audible entre el rugido de la multitud, mientras ya se lanzaba a por su oponente aún tendido en el suelo. -Muéstrame tu espíritu.
El karateka apretó los dientes, la sangre resbalando por su barbilla y tiñendo el blanco de su gi. Con un grito de guerra intentó sacudirse el aturdimiento, un sonido que retumbó en el aire, cargado de dolor y orgullo. -¡OSSS OS! -Clamó, alzándose de nuevo pero con la guardia abierta, confiando en el ímpetu más que en la técnica, dispuesto a prepararse para atacar de nuevo.
Pero Krysser no esperó a que el golpe se completara. El tigre se impulsó hacia adelante con la velocidad explosiva de un depredador que se abalanza sobre su presa. Su puño izquierdo salió disparado en horizontal, un gancho seco y brutal dirigido a la mandíbula del hombre, tan veloz que el rugido de guerra quedó ahogado antes de llegar a su clímax. El impacto resonó con un crack sordo, doblando el cuello del karateka hacia un lado y proyectando un salivazo ensangrentado hacia el suelo.
El público estalló en un rugido de sorpresa y ovación. Todos creían que el local repetiría la hazaña, que soportaría otro envite de aquella bestia. Sin embargo, para asombro de todos, el joven guerrero cayó.
Pero, incluso en el suelo, sus ojos, nublados por el dolor, aún ardían con la chispa de alguien que se negaba a rendirse. Krysser gruñó suavemente, complacido. Ya había esperado que el segundo golpe lo derribara del todo, pero la determinación de aquel humano lo estaba convenciendo de que no era un combate sin valor.
El tigre giró los hombros y balanceó la cola detrás de sí, retomando una postura relajada, casi confiada. -No ha estado mal como calentamiento. -Dijo en tono grave, audible solo para su contrincante, mientras se alejaba del centro del ring caminando lentamente.
El estadio entero rugía como un mar embravecido, dividido entre la admiración hacia el espíritu indomable del karateka y la fascinación por la brutalidad imparable del mink tigre. Krysser lo observó desde arriba mientras se alejaba, con aquellos ojos brillando con ese dorado salvaje que no conocía compasión, pero que reconocía el valor cuando lo veía. La pelea había terminado.
-Eso es… -Gruñó con voz grave, ronca, apenas audible entre el rugido de la multitud, mientras ya se lanzaba a por su oponente aún tendido en el suelo. -Muéstrame tu espíritu.
El karateka apretó los dientes, la sangre resbalando por su barbilla y tiñendo el blanco de su gi. Con un grito de guerra intentó sacudirse el aturdimiento, un sonido que retumbó en el aire, cargado de dolor y orgullo. -¡OSSS OS! -Clamó, alzándose de nuevo pero con la guardia abierta, confiando en el ímpetu más que en la técnica, dispuesto a prepararse para atacar de nuevo.
Pero Krysser no esperó a que el golpe se completara. El tigre se impulsó hacia adelante con la velocidad explosiva de un depredador que se abalanza sobre su presa. Su puño izquierdo salió disparado en horizontal, un gancho seco y brutal dirigido a la mandíbula del hombre, tan veloz que el rugido de guerra quedó ahogado antes de llegar a su clímax. El impacto resonó con un crack sordo, doblando el cuello del karateka hacia un lado y proyectando un salivazo ensangrentado hacia el suelo.
El público estalló en un rugido de sorpresa y ovación. Todos creían que el local repetiría la hazaña, que soportaría otro envite de aquella bestia. Sin embargo, para asombro de todos, el joven guerrero cayó.
Pero, incluso en el suelo, sus ojos, nublados por el dolor, aún ardían con la chispa de alguien que se negaba a rendirse. Krysser gruñó suavemente, complacido. Ya había esperado que el segundo golpe lo derribara del todo, pero la determinación de aquel humano lo estaba convenciendo de que no era un combate sin valor.
El tigre giró los hombros y balanceó la cola detrás de sí, retomando una postura relajada, casi confiada. -No ha estado mal como calentamiento. -Dijo en tono grave, audible solo para su contrincante, mientras se alejaba del centro del ring caminando lentamente.
El estadio entero rugía como un mar embravecido, dividido entre la admiración hacia el espíritu indomable del karateka y la fascinación por la brutalidad imparable del mink tigre. Krysser lo observó desde arriba mientras se alejaba, con aquellos ojos brillando con ese dorado salvaje que no conocía compasión, pero que reconocía el valor cuando lo veía. La pelea había terminado.
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