27-08-2025, 04:47 PM
El temblor en su mandíbula fue oro puro para mí. Sentí su rabia subir como marea, y yo, como sirena, no hice más que cantar más fuerte.
—Oh si, me parece que fue tu daddy el que te enseñó a golpear, tal vez cuando bebía demasiado, ¿verdad? — La sonrisa maliciosa se dibujó en mi rostro sin que pudiera evitarlo. La provocación era mi danza, y Derek estaba bailando cada compás que yo marcaba.
El grito que soltó me erizó la piel, no de miedo, sino de deleite. Un “¡GYAAAAA!” lleno de odio, de memoria podrida, de dolor mal digerido. Me dedicó sus ojos encendidos como brasas, y yo respondí con un guiño insolente. Rugió, levantando la pierna como una guadaña lista para segar y entonces lo vi claro, como en cámara lenta. Esa pierna musculosa, pesada, torpe en comparación a su torso trabajado. Todo un estereotipo con piernas de barro. Sonreí, mordí mi labio inferior y dejé que mi cuerpo se inclinara hacia un costado, listo para deslizarme en la danza del esquive.
—Oh, honey — musité entre risas —No soy yo quien debe existir menos, mi amorcito. Quizás el problema es que tú nunca aprendiste a existir sin rabia. — El sonido metálico de la puerta entreabierta al final del callejón me robó un instante de atención. Un eco de carcajadas, música estridente, un carnaval que no pegaba con aquella escena de violencia. Mi corazón palpitó, emocionado, drama sobre drama, justo como me gusta.
Mientras Derek lanzaba su patada como un ariete de carne, yo me permití una última burla, como el beso que se da antes de una ejecución. —Vamos, cariño, muéstrame cuánto duele tu soledad. — Mis pies se deslizaron sobre el suelo de piedra, listos para girar. El telón aún no caía, y yo era la estrella de este escenario.
Esperaba quien sea que salga de esa puerta no sea más problemático que este hombre, yo lo único que quería era simplemente ayudar a una pobre alma que estaba en el lodo y resultó que el que necesitaba ayuda no era la víctima, sino el acosador, a sad and silly reality. —Alguien viene a ver nuestro reality show honey, acomodate bien ese trajecito. — Una ultima burla antes de poder esquivar totalmente su golpe y retroceder un metro hacia atras.
—Oh si, me parece que fue tu daddy el que te enseñó a golpear, tal vez cuando bebía demasiado, ¿verdad? — La sonrisa maliciosa se dibujó en mi rostro sin que pudiera evitarlo. La provocación era mi danza, y Derek estaba bailando cada compás que yo marcaba.
El grito que soltó me erizó la piel, no de miedo, sino de deleite. Un “¡GYAAAAA!” lleno de odio, de memoria podrida, de dolor mal digerido. Me dedicó sus ojos encendidos como brasas, y yo respondí con un guiño insolente. Rugió, levantando la pierna como una guadaña lista para segar y entonces lo vi claro, como en cámara lenta. Esa pierna musculosa, pesada, torpe en comparación a su torso trabajado. Todo un estereotipo con piernas de barro. Sonreí, mordí mi labio inferior y dejé que mi cuerpo se inclinara hacia un costado, listo para deslizarme en la danza del esquive.
—Oh, honey — musité entre risas —No soy yo quien debe existir menos, mi amorcito. Quizás el problema es que tú nunca aprendiste a existir sin rabia. — El sonido metálico de la puerta entreabierta al final del callejón me robó un instante de atención. Un eco de carcajadas, música estridente, un carnaval que no pegaba con aquella escena de violencia. Mi corazón palpitó, emocionado, drama sobre drama, justo como me gusta.
Mientras Derek lanzaba su patada como un ariete de carne, yo me permití una última burla, como el beso que se da antes de una ejecución. —Vamos, cariño, muéstrame cuánto duele tu soledad. — Mis pies se deslizaron sobre el suelo de piedra, listos para girar. El telón aún no caía, y yo era la estrella de este escenario.
Esperaba quien sea que salga de esa puerta no sea más problemático que este hombre, yo lo único que quería era simplemente ayudar a una pobre alma que estaba en el lodo y resultó que el que necesitaba ayuda no era la víctima, sino el acosador, a sad and silly reality. —Alguien viene a ver nuestro reality show honey, acomodate bien ese trajecito. — Una ultima burla antes de poder esquivar totalmente su golpe y retroceder un metro hacia atras.
Resumen
