27-08-2025, 06:23 PM
(Última modificación: 27-08-2025, 09:48 PM por Onizuka Jin.)
Menos mal que parecía que la “negociación” se podía aplazar, al menos un poco más, porque ya hasta comenzaba a parecerle molesto. Lo peor era lo despacio que iba, sabía que era a propósito, pero no quería aparentar tener más desesperación de la que ya había demostrado hasta entonces. Y se había rebajado demasiado, y no quería empeorar aquello. La yema de sus dedos era un tacto indescriptible. Podía percibir el buen cuidado, posiblemente por el continuo uso de guantes, o quizás solo fuera el calor que le daba el poco tacto que estaba deseando. Sus ojos de todos modos descendían, contemplando aquella mano que palpaba sus muslos, viendo su propia erección hacer una sacudida, el rostro travieso del pelirrosa. Todo gritaba que como siguiera así, no podría controlar las consecuencias que pudieran darse a continuación. Aún así, se sintió mejor al apreciar, al menos en el pantalón ajeno, que no era el único con un efecto por la situación. Eso lo hizo recomponerse de nuevo, pese al vaho del calor de la situación. Ahora mismo solo quería destrozar el lado superior del sofá solo para evitar la incomodidad. Ahora sí deseaba tener una condenada cama. Se lo apuntaría, una habitación privada que colocar en ese Pub.
Sus ojos seguían el recorrido de su rostro, viendo cómo ascendía de nuevo. Su pecho subía y bajaba, su mano izquierda apretaba la parte superior lateral del sofá, podía sentir sus propias uñas clavarse en él y la otra se mantenía apretada en el cabello ajeno. Esta vez sí dejó escapar un jadeo más elevado a la estimulación dirigida a su pezón. Respiraba ahora más agitado, buscando la mirada ajena cuando dejó entrever que haber apartado su orgullo no había sido suficiente. Ah no, no más que eso.
—Ahora mismo es lo más convincente que me vas a escuchar decir en tu vida. — habló al fin, sintiendo su aliento en su rostro. Aprovechó para él mismo desabrochar el pantalón ajeno, ahora tomando más acción nuevamente. Ni siquiera escuchaba la música suave que pudiera estar sonando en la zona, solo sabía que estaba con alguien, y que tenía que poseerlo.
Sus ojos se cerraron esta vez al volver a sentir sus labios. El beso era más hambriento, fogoso. Pese a que lo inició él esta vez, por su lado no se quedó atrás. Su cabeza se movía al ritmo del movimiento de sus labios y su lengua. Fortuitamente, su grave gemido se ahogó entre aquellos besos cuando finalmente su erección tenía el contacto que tanto había estado deseando hasta entonces. Pese a estar ya acostumbrado, su mano temblaba un poco cuando al fin el sonido le avisó de que había logrado desabrocharle el pantalón. No rompía el beso, no al menos por el momento, empujando un poco su cuerpo para posicionarse más recto, dando un solo jalón al cinturón para lanzarlo a saber en qué otro lado del sofá. El sonido seco fue corto, mientras ahora desabrochaba el botón de su pantalón y, su otra mano, se retiraba del sofá para tomarlo de la mejilla, buscando así no apartarlo pronto del beso. Sus propias caderas se movían en busca de un roce mayor con aquella mano que parecía “probar su producto”.
Pronto dejó en paz su mejilla, cuando al fin el sonido de la cremallera caía al ritmo que su propia camisa, ahora descubriendo su propio torso por completo. Lo permitió descender, ahora dejando caer una de sus piernas a un lado del sofá, facilitándose el acceso al pelirrosa para tomar la acción que sabía que se venía, al fin. Sus ojos lo contemplaban, cada beso, cada detalle, sentía cada una de sus respiraciones. El aliento ajeno en su propia erección lo hizo apretar la mandíbula, haciéndose notar las venas de su cuerpo. Es más, el sonido del jadeo ajeno solo lo hicieron incrementar más el calor corporal. Al menos hasta que lo escuchó hablar. Por un momento volvió a la realidad, abriendo los ojos, descendiendo su mirada hacia el espectáculo que tenía entre sus piernas.
El sudor perlaba su rostro, mientras jadeaba. Se volvería loco si no encontraba lo que pedía. Su mano comenzó a palpar el abrigo de su traje, temblorosa, solo para terminar en uno de los muebles cerca del sofá. Ni siquiera se molestó a mirar, solo arrastró con una sola mano, con una fuerza que ni él recordaba, para que el mueble se moviera hasta la dirección de su codo, abriendo el cajón de un tirón y palpara su interior, encontrando lo que buscaba. —Solo no pares, maldita sea. — finalmente su mano logró encontrar lo que buscaba, algunos preservativos que estaban algo desordenadas, pero todavía sin usar, en el interior de sus bolsitas bien selladas. Incluso si no los tuviera, habría llamado a cualquiera de los del pub allí mismo para que se los trajeran si fuera necesario. No iba a desaprovechar esa maldita noche.
El sonido de un nuevo jadeo, su tono de voz grave, entreabriendo ligeramente sus labios, hizo notar cómo el contacto lento finalmente estaba dándole la satisfacción que buscaba. Por el momento permitió que lo hiciera a su modo, había estado soportándolo, aguantándolo y esperando a que se acostumbrase a su propio tamaño. Podía ver su rostro ahora contemplarlo, en aquella figura tan sensual, esa mirada que le gritaba que él también lo estaba disfrutando. El vaho no hizo más que hacerse notar más alrededor de su rostro, sus ojos no dejaban de verlo, no queriendo perderse detalle de aquello, al menos hasta que sintió su límite hacerse pedazos. La mandíbula se apretó, sus ojos se cerraron.
No, ya no podía más. Lo había dejado tomar las riendas demasiado tiempo, su control ya estaba superando los límites. Descendió su mano libre, tomando una vez más el cabello ajeno, moviendo sus propias caderas solo para poder satisfacer más aquel roce. El calor de su boca, lo estrecho de su garganta. Emitió un gemido, apretando su mandíbula una vez más. Justo como lo había querido. Su cabeza se arqueó, elevándose por el placer. Sus dedos de los pies se apretaron, olvidando por un momento los preservativos que dejó caer sobre el mueble, usando ahora ambas manos para empujar por completo el rostro ajeno, manteniéndolo algunos segundos con su nariz pegada a su propia pelvis, antes de darle un espacio para que pudiera respirar de nuevo. Al menos, con aquello, sentía que había retomado el control.
Apartó una de sus manos, tomando un lateral de su mentón, buscando su mirada. —Debo admitir que no me perdería esta noche por nada en el mundo. — su media sonrisa, cargada de malicia y travesura, se volvía a dibujar en él, con confianza. La mano izquierda trazó un camino con la yema de sus dedos, desde la nuca ajena, pasándole dos, el índice y el corazón, por toda la columna vertebral hasta los pantalones. —Y no dudes que hoy esto voy a disfrutarlo... y usarlo. — murmuró cuando llegó al límite de su espalda, apretándola ligeramente con sus dedos, elevando un poco su pantalón para dejarle entrever la figura de esas nalgas, aunque fuera desde su ropa interior.
Sus ojos seguían el recorrido de su rostro, viendo cómo ascendía de nuevo. Su pecho subía y bajaba, su mano izquierda apretaba la parte superior lateral del sofá, podía sentir sus propias uñas clavarse en él y la otra se mantenía apretada en el cabello ajeno. Esta vez sí dejó escapar un jadeo más elevado a la estimulación dirigida a su pezón. Respiraba ahora más agitado, buscando la mirada ajena cuando dejó entrever que haber apartado su orgullo no había sido suficiente. Ah no, no más que eso.
—Ahora mismo es lo más convincente que me vas a escuchar decir en tu vida. — habló al fin, sintiendo su aliento en su rostro. Aprovechó para él mismo desabrochar el pantalón ajeno, ahora tomando más acción nuevamente. Ni siquiera escuchaba la música suave que pudiera estar sonando en la zona, solo sabía que estaba con alguien, y que tenía que poseerlo.
Sus ojos se cerraron esta vez al volver a sentir sus labios. El beso era más hambriento, fogoso. Pese a que lo inició él esta vez, por su lado no se quedó atrás. Su cabeza se movía al ritmo del movimiento de sus labios y su lengua. Fortuitamente, su grave gemido se ahogó entre aquellos besos cuando finalmente su erección tenía el contacto que tanto había estado deseando hasta entonces. Pese a estar ya acostumbrado, su mano temblaba un poco cuando al fin el sonido le avisó de que había logrado desabrocharle el pantalón. No rompía el beso, no al menos por el momento, empujando un poco su cuerpo para posicionarse más recto, dando un solo jalón al cinturón para lanzarlo a saber en qué otro lado del sofá. El sonido seco fue corto, mientras ahora desabrochaba el botón de su pantalón y, su otra mano, se retiraba del sofá para tomarlo de la mejilla, buscando así no apartarlo pronto del beso. Sus propias caderas se movían en busca de un roce mayor con aquella mano que parecía “probar su producto”.
Pronto dejó en paz su mejilla, cuando al fin el sonido de la cremallera caía al ritmo que su propia camisa, ahora descubriendo su propio torso por completo. Lo permitió descender, ahora dejando caer una de sus piernas a un lado del sofá, facilitándose el acceso al pelirrosa para tomar la acción que sabía que se venía, al fin. Sus ojos lo contemplaban, cada beso, cada detalle, sentía cada una de sus respiraciones. El aliento ajeno en su propia erección lo hizo apretar la mandíbula, haciéndose notar las venas de su cuerpo. Es más, el sonido del jadeo ajeno solo lo hicieron incrementar más el calor corporal. Al menos hasta que lo escuchó hablar. Por un momento volvió a la realidad, abriendo los ojos, descendiendo su mirada hacia el espectáculo que tenía entre sus piernas.
![[Imagen: sVuCvE1.png]](https://i.imgur.com/sVuCvE1.png)
—Como no tenga, te aseguro que los conseguiré ya mismo como sea…
El sudor perlaba su rostro, mientras jadeaba. Se volvería loco si no encontraba lo que pedía. Su mano comenzó a palpar el abrigo de su traje, temblorosa, solo para terminar en uno de los muebles cerca del sofá. Ni siquiera se molestó a mirar, solo arrastró con una sola mano, con una fuerza que ni él recordaba, para que el mueble se moviera hasta la dirección de su codo, abriendo el cajón de un tirón y palpara su interior, encontrando lo que buscaba. —Solo no pares, maldita sea. — finalmente su mano logró encontrar lo que buscaba, algunos preservativos que estaban algo desordenadas, pero todavía sin usar, en el interior de sus bolsitas bien selladas. Incluso si no los tuviera, habría llamado a cualquiera de los del pub allí mismo para que se los trajeran si fuera necesario. No iba a desaprovechar esa maldita noche.
El sonido de un nuevo jadeo, su tono de voz grave, entreabriendo ligeramente sus labios, hizo notar cómo el contacto lento finalmente estaba dándole la satisfacción que buscaba. Por el momento permitió que lo hiciera a su modo, había estado soportándolo, aguantándolo y esperando a que se acostumbrase a su propio tamaño. Podía ver su rostro ahora contemplarlo, en aquella figura tan sensual, esa mirada que le gritaba que él también lo estaba disfrutando. El vaho no hizo más que hacerse notar más alrededor de su rostro, sus ojos no dejaban de verlo, no queriendo perderse detalle de aquello, al menos hasta que sintió su límite hacerse pedazos. La mandíbula se apretó, sus ojos se cerraron.
![[Imagen: vYGVzEv.jpg]](https://i.imgur.com/vYGVzEv.jpg)
—Mierda…
No, ya no podía más. Lo había dejado tomar las riendas demasiado tiempo, su control ya estaba superando los límites. Descendió su mano libre, tomando una vez más el cabello ajeno, moviendo sus propias caderas solo para poder satisfacer más aquel roce. El calor de su boca, lo estrecho de su garganta. Emitió un gemido, apretando su mandíbula una vez más. Justo como lo había querido. Su cabeza se arqueó, elevándose por el placer. Sus dedos de los pies se apretaron, olvidando por un momento los preservativos que dejó caer sobre el mueble, usando ahora ambas manos para empujar por completo el rostro ajeno, manteniéndolo algunos segundos con su nariz pegada a su propia pelvis, antes de darle un espacio para que pudiera respirar de nuevo. Al menos, con aquello, sentía que había retomado el control.
Apartó una de sus manos, tomando un lateral de su mentón, buscando su mirada. —Debo admitir que no me perdería esta noche por nada en el mundo. — su media sonrisa, cargada de malicia y travesura, se volvía a dibujar en él, con confianza. La mano izquierda trazó un camino con la yema de sus dedos, desde la nuca ajena, pasándole dos, el índice y el corazón, por toda la columna vertebral hasta los pantalones. —Y no dudes que hoy esto voy a disfrutarlo... y usarlo. — murmuró cuando llegó al límite de su espalda, apretándola ligeramente con sus dedos, elevando un poco su pantalón para dejarle entrever la figura de esas nalgas, aunque fuera desde su ropa interior.
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
