11-08-2023, 12:26 AM
(Última modificación: 11-08-2023, 12:26 AM por Derya Tyhr.)
Loguetown, una ciudad que por suerte o por desgracia, no era la primera vez que visitaba. El hecho de que estuviera tan cerca del Red Line, implicaba que también estaba cerca de su hogar, así que Loguetown fue de las primeras islas que visitó una vez abandonó la isla Gyojin. Pensar en eso siempre le daba morriña, le hacía pensar en su casa, en su familia y en lo mucho que les echaba de menos. Sin embargo, siempre miraba el lado positivo, y es que a pesar de la distancia, sabía que estaban bien, a salvo.
Aunque esta vez solo se encontraba allí de paso, su plan era estar un par de días, lo suficiente para, a lo mejor, reponer un poco sus existencias o incluso comprarse algún caprichito, y luego nadar hacia isla de Dawn. ¿O sería mejor ir en barco? Esa era una de las incógnitas que también quería resolver. Por suerte, Loguetown se trataba de un paraíso en cuanto a la navegación se refiere: si te hacía falta algún mapa náutico, era bastante probable encontrarlo allí. Así que un poco de información antes de seguir su camino no le iría nada mal.
Se encontraba en el puerto. Le gustaba ver a la gente que llegaba, y a la gente que se iba. Ver grandes multitudes de gente siempre le hacía reflexionar, no me preguntes por qué. Entonces, entre toda la muchedumbre, visualizó a un par de gyojins que acababan de llegar. Sin pensárselo dos veces, con aquella actitud extrovertida que la caracterizaba y su simpatía natural, se acercó a los dos jóvenes. - ¡Hola! - Saludó mientras movía su mano y sonreía de oreja a oreja, enseñando sin problema esa hilera interminable de afilados dientes. - Me llamo Derya, ¿qué os trae por aquí? - La idea era mantener una conversación cordial y sencilla, con aquella alegría que la gyojin desprendía, y luego intentar encauzar la conversación para preguntarles si era viable ir a su destino a nado o si era mejor idea el convencional barco.
Los gyojins a los que se acercó no parecieron contrariados ni molestos, más bien todo lo contrario, serviciales y amables. Era la energía que Derya solía despertar en la gente, y es que incluso a un cabrón le costaba ser borde si la persona a la que se dirige es un ente de pura positividad y buen rollo. Estaban tan concentrados en la conversación, que uno de ellos chocó con alguien sin querer. Se trataba de un chico de cabellos morenos, muy bajito al lado de un gyojin como él, trajeado y también acompañado. - ¡Oh! ¡Lo siento mucho! - Se disculpó enseguida. Derya le echó un vistazo rápido al humano contrariado, sonriéndole. Seguramente eso querdaría en una anécdota, ¿verdad?
