28-08-2025, 08:59 AM
No le respondió, solo olfateo el ambiente una vez más, le movía ese aroma, entre dulce, ajo frito y no sabía que otra esencia más. Pero lo que la traía ahora era hambre, el cual paso rápidamente, al mirar el cuerpo de Rackham. Esculpido por la disciplina no podía creer que se pudiera conjurar un hechizo sin palabras sobre ella. no uno así de fuerte, no uno así de intenso. Lo conocía de solo un par de días, había tenido algunas miradas furtivas, le había mirado el culo, había sentido sus brazos a su alrededor, su aliento y su respiración, sus ojos azules y hermosos eran prueba de que era peligroso mirarle. Su corazón lo sentía y lo afirmaba cada vez que se le acercaban o le miraba. Pues le parecía que el también le miraba. ¿O era una locura de su mente trastornada que le jugaba una broma?
Su reacción fue de lo más tierna, desvió la vista con obvio acaloramiento en su rostro, podía percibir el rubor carmesí subiendo poco a poco por el cuello, las mejillas y alojándose en las orejas del muchacho… era cierto que venía ligera de ropa, pero no tanto como para causar esa impresión. ¿O sí?... entrecerró los ojos y sus labios temblaron suavemente ante el joven. Sabia que su piel era un desastre marcado por el fuego de su estupidez y falta de autonomía a la hora de actuar. Jamás volvería a ser un títere. Solo haría lo que le plazca cuando le plazca. —Descuide… solo comeré y beberé un… poco.— Le metió el trozo de queso y se aseguró de rosar su mentón con sus dedos de manera delicada.
Sus manos se posaron en su cintura provocando que se sintiera protegida incluso mas aun que bajo cubierta. Masticaba el queso que habían robado… —Ahora usted es cómplice de un delito en este barco así que espero no cuente nada de las faltas que se produzcan… a… h… o…r… a…— Mientras abrazaba su cuello rodeándole con sus quemadas manos intentaba apegarlo mas y mas a ella. quería que sintiera sus pechos ansiosos debajo de esa camisa casi abierta. Y se movía delicada y sutilmente sobre el para sentirle, sentir el roce de sus cuerpos jóvenes y vibrantes… —Claro que ya no debe temer nada. yo dije que le protegería y no lo he hecho hasta ahora?— Aseguro con palabras dulces y muy distintas a las de siembre… la luz de la luna mientras se colaba por las ventanas que daban al ancho mar. Maki suspiraba y gemía bajito, muy bajito, sin perder su afelinada vista de él. Expectante, atenta a cada musculo del muchacho… bajo lentamente su mano recorriendo sus músculos desnudos, su hombro, su brazo, su antebrazo y finalmente su mano… la guio… lentamente para subirla por su cuerpo hasta su pecho derecho… para que se deleite, para que la toque y sienta aquella firme pero blanda consistencia tan agradable al tacto… Maki echo la cabeza hacia atrás mirando al cielo, el tacto de su mano era delicioso y sabia. Ahora estaba segura. Lo que necesitaba era ser amada. Esa noche.
Pregunto por su herida, ella solo asintió con la cabeza mientras subió sus manos a su espalda, as sus pechos, y tocarla esa noche después de tanto peligro, solo bastaba una bala perdida, un golpe mal dado o incluso un arresto y su camino hubiera terminado muy diferente. Movió sus manos sobre las de el y la insto a apretar.as… llevo una de sus grandes y fuertes manos a sus labios y abriendo grande, saboreo los dedos del cocinero, metiéndolos suavemente en su boca con su lengua mientras movía sus manos y sus dedos dentro de su boca. El apego sus cuerpos con algo de rudeza… ella chilló sorprendida de pronto, pero para nada molesta… ella aparto un poco abriendo más la camisa y volvió a él. Apegando el máximo su piel a su pecho… amplio, firme y dorado. —Claro mi príncipe, si lo desea nunca me apartare de aquí… ni de usted… si lo desea, viviré sobre usted…— Le aseguro sin apartarse ni de su mente ni de sus sueños, milímetro a milímetro se acercaba y seguía moviendo su pelvis lentamente, quería que estallara en llamas que se reventara su pasión y desbordara el fulgor de su piel. —Deseaba desde que le conocí, saber si sus labios son tan dulces como una fruta madura, quiero creer que… yo… yo… le gusto?... no cree que soy un monstruo?...— Se movía, a milímetros, aumentando la tensión, el tacto de sus pieles, de sus manos y de sus cuerpos… un rose y otro y otro de sus labios apasionados lo suficiente para saber que estaban los unos para los del otro. Mas como tímidamente esperaban el momento de que se derritieran en el interior de los del otro.
Su boca se pego cada vez mas y su lengua de inmediato ataco como una serpiente atrapada intentando liberarse, jugueteando con su humedad, sus labios ampliamente abiertos y moviéndose con pasión sobre la boca del cocinero mientras le guiaba con una de sus manos para que le tocase, quería que recorriera cada parte de su cuerpo y no dejar misterio que no resolvieran sus dedos… movía su cabeza al vaivén de la apasionada unión y le revolvía el cabello juguetonamente, sobre todo el mechón de color blanco que le dotaba de una madures que le calentaba a Maki. Una que le encendía de sobremanera… se separo entonces y un poco de la húmeda saliva, un hilillo entre ambos pareció persistir para no dejar que se separasen y volvió al ataque, del cuello de Uker, su lengua se movía de arriaba abajo con mordidas esporádicas, nerviosas y cargadas de lujuria. Se separo un poco, solo lo suficiente para poder hablar con propiedad. —Cariño… tienes… tú sabes… protección? ya sabes… un condón?— Maki entonces movió sus manos lentamente sobre el pecho de él y bajo rápidamente acariciándole para llegar a su entrepierna.
Su reacción fue de lo más tierna, desvió la vista con obvio acaloramiento en su rostro, podía percibir el rubor carmesí subiendo poco a poco por el cuello, las mejillas y alojándose en las orejas del muchacho… era cierto que venía ligera de ropa, pero no tanto como para causar esa impresión. ¿O sí?... entrecerró los ojos y sus labios temblaron suavemente ante el joven. Sabia que su piel era un desastre marcado por el fuego de su estupidez y falta de autonomía a la hora de actuar. Jamás volvería a ser un títere. Solo haría lo que le plazca cuando le plazca. —Descuide… solo comeré y beberé un… poco.— Le metió el trozo de queso y se aseguró de rosar su mentón con sus dedos de manera delicada.
Sus manos se posaron en su cintura provocando que se sintiera protegida incluso mas aun que bajo cubierta. Masticaba el queso que habían robado… —Ahora usted es cómplice de un delito en este barco así que espero no cuente nada de las faltas que se produzcan… a… h… o…r… a…— Mientras abrazaba su cuello rodeándole con sus quemadas manos intentaba apegarlo mas y mas a ella. quería que sintiera sus pechos ansiosos debajo de esa camisa casi abierta. Y se movía delicada y sutilmente sobre el para sentirle, sentir el roce de sus cuerpos jóvenes y vibrantes… —Claro que ya no debe temer nada. yo dije que le protegería y no lo he hecho hasta ahora?— Aseguro con palabras dulces y muy distintas a las de siembre… la luz de la luna mientras se colaba por las ventanas que daban al ancho mar. Maki suspiraba y gemía bajito, muy bajito, sin perder su afelinada vista de él. Expectante, atenta a cada musculo del muchacho… bajo lentamente su mano recorriendo sus músculos desnudos, su hombro, su brazo, su antebrazo y finalmente su mano… la guio… lentamente para subirla por su cuerpo hasta su pecho derecho… para que se deleite, para que la toque y sienta aquella firme pero blanda consistencia tan agradable al tacto… Maki echo la cabeza hacia atrás mirando al cielo, el tacto de su mano era delicioso y sabia. Ahora estaba segura. Lo que necesitaba era ser amada. Esa noche.
Pregunto por su herida, ella solo asintió con la cabeza mientras subió sus manos a su espalda, as sus pechos, y tocarla esa noche después de tanto peligro, solo bastaba una bala perdida, un golpe mal dado o incluso un arresto y su camino hubiera terminado muy diferente. Movió sus manos sobre las de el y la insto a apretar.as… llevo una de sus grandes y fuertes manos a sus labios y abriendo grande, saboreo los dedos del cocinero, metiéndolos suavemente en su boca con su lengua mientras movía sus manos y sus dedos dentro de su boca. El apego sus cuerpos con algo de rudeza… ella chilló sorprendida de pronto, pero para nada molesta… ella aparto un poco abriendo más la camisa y volvió a él. Apegando el máximo su piel a su pecho… amplio, firme y dorado. —Claro mi príncipe, si lo desea nunca me apartare de aquí… ni de usted… si lo desea, viviré sobre usted…— Le aseguro sin apartarse ni de su mente ni de sus sueños, milímetro a milímetro se acercaba y seguía moviendo su pelvis lentamente, quería que estallara en llamas que se reventara su pasión y desbordara el fulgor de su piel. —Deseaba desde que le conocí, saber si sus labios son tan dulces como una fruta madura, quiero creer que… yo… yo… le gusto?... no cree que soy un monstruo?...— Se movía, a milímetros, aumentando la tensión, el tacto de sus pieles, de sus manos y de sus cuerpos… un rose y otro y otro de sus labios apasionados lo suficiente para saber que estaban los unos para los del otro. Mas como tímidamente esperaban el momento de que se derritieran en el interior de los del otro.
Su boca se pego cada vez mas y su lengua de inmediato ataco como una serpiente atrapada intentando liberarse, jugueteando con su humedad, sus labios ampliamente abiertos y moviéndose con pasión sobre la boca del cocinero mientras le guiaba con una de sus manos para que le tocase, quería que recorriera cada parte de su cuerpo y no dejar misterio que no resolvieran sus dedos… movía su cabeza al vaivén de la apasionada unión y le revolvía el cabello juguetonamente, sobre todo el mechón de color blanco que le dotaba de una madures que le calentaba a Maki. Una que le encendía de sobremanera… se separo entonces y un poco de la húmeda saliva, un hilillo entre ambos pareció persistir para no dejar que se separasen y volvió al ataque, del cuello de Uker, su lengua se movía de arriaba abajo con mordidas esporádicas, nerviosas y cargadas de lujuria. Se separo un poco, solo lo suficiente para poder hablar con propiedad. —Cariño… tienes… tú sabes… protección? ya sabes… un condón?— Maki entonces movió sus manos lentamente sobre el pecho de él y bajo rápidamente acariciándole para llegar a su entrepierna.

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