22-09-2023, 09:09 PM
(Última modificación: 22-09-2023, 09:12 PM por Derya Tyhr.)
Derya sintió aquel abrazo profundamente. Le encantaban los abrazos, eran un gesto tan puro que en el momento adecuado y con la persona idónea, podían tocar tu corazón. Además, llevaba una componente extra, al haber estado mucho tiempo sin verse, era aún más reconfortante. Sentía que había vuelto a casa. Era curioso como un grupo de personas podían hacerte sentir en tu hogar, estuvieran donde estuvieran. Aquella magia se rompió un poco cuando Kovashi aprovechó para manosearle el culo. Derya rápidamente le dio un empujón, con toda la cara roja, no había sido muy fuerte, lo suficiente como para que alejara la mano. Le había pillado con la guardia tan baja que no sabía ni que decir. — C-calla anda. — Menos mal que cambió de tema enseguida. — ¿Verdad? Yo también me muero de ganas. — Entonces Khruner se sumó al grupo. Llevaba un poncho muy gracioso, le quedaba bien, de color verde bosque. — ¡Khruner! — Derya le abrazó también. Con él sí que hacía tiempo que no hablaba. ¿Recordará su nombre o tendrá que decírselo de nuevo? Ya había conseguido acordarse de ella, pero después de esas semanas sin verse, pues a saber si ya la había olvidado o no. Y luego llegó Enma. Kovashi no tardó en ponerle una mano sobre el pelo, revolviéndoselo. En cuanto a edad, Enma y ella estaban bastante cercanos, pero tanto por apariencia como por personalidad, Enma había adoptado en el grupo sin quererlo como un papel de hermano pequeño. Derya le abrazó también, con muchísimo entusiasmo. — ¡Enma! — Parecía casi de comedia que fuera abrazándoles uno a uno mientras gritaba sus nombres, pero les había echado mucho de menos, y ver que estaban allí y que estaban bien la alegraba muchísimo. — Sí, pero seguro que le vemos pronto. Al fin y al cabo es un oso panda de casi cuatro metros. — Respondió a Kovashi, que declaraba en voz alta la ausencia de Don Bambú. Al final era difícil no encontrárselo.
De repente, el ambiente se caldeó más de lo que ya estaba y un montón de personas empezaron a empujar hacia los barcos. Como una oleada de carne, llenos de desesperación y ansia, acabaron arrastrando al grupo hacia delante. Kovashi se despidió y se adelantó para asegurarse su sitio a bordo, así que Derya no perdió el tiempo. Fue haciéndose paso entre la gente, buscando quedar en el extremo del muelle. Una vez lo consiguió, saltó al mar. Que buen chapuzón, estaba el agua bastante fría, pero no le molestó, adoraba el agua. Localizó el barco donde se había subido Kovashi -estuvo pendiente antes de perderle de vista- y con un enorme salto digno de un delfín, salió de la superficie, impulsada por su larga cola. Había poco sitio donde aterrizar, estaba todo lleno de gente, así que reaccionando rápido se agarró a uno de los cabos que quedaban sueltos de alguno de los mástiles. Qué buena vista tenía desde ahí, y qué triunfante parecía ser. Tardó un rato en bajar, gozando su propia presencia y aprovechando para ver como pintaba la escena. Había varios barcos y estaban todos a reventar. Entonces se fijó en Kovashi, su ropa era rápidamente identificable.
Estaba a punto de bajar hasta él, cuando el graznar de las gaviotas llamó su atención. Miró hacia arriba, y unas hojas cayeron justo delante suya, como si un ser superior hubiera querido que así fuera. Agarró las páginas con la mano que le quedaba libre y no tardó en echarles un ojo. Se trataba de un periódico. Miró un poco por encima todas las hojas pero... — ¿Qué? — Si la cara de Kovashi estaba en la primera página. Se puso a leer rápidamente el texto que acompañaba la foto. "Grupo radical revolucionario bajo el liderazgo de un hombre llamado Kovashi. Acompañado por dos osos y una joven gyojin"... Dejó de leer cuando escuchó el grito del peliblanco debajo suya. Sintió por un segundo como se le hinchaba una vena en la frente, cómo el gesto de la cara se le cruzaba. No podía ser verdad. Ahora sí que se iba a volver insoportable con el tema. Ya no era una cuestión de si ella quería ser capitana o no, era aguantar el ego de Kovashi después de esto. Además en el texto les habían colgado encima las muertes de los civiles. — ¡Pero si los salvamos nosotros! ¡Putos marines de mierda! — Cómo sabían manipular los medios el puto gobierno opresivo, siempre poniendo la balanza hacia su favor. Sacudió la cabeza, olvidándose del tema, y continuó leyendo. Hasta que llegó a los carteles de Se Busca. El primero que salía era el de Kovashi, con nada más y nada menos que treinta y cinco millones. Qué guapo salía el cabrón. Lo dobló un par de veces y se lo guardó. Y luego vio el suyo. No pudo evitar soltar un grito de emoción. Era una cifra algo más pequeña, pero le daba igual, era un número precioso y encima ella salía guapísima. Le daban ganas de enmarcar aquel cartel. Continuó mirando, justo después estaban Don Bambú y Khruner, ambos con la misma cantidad. También salían increíbles en sus fotos. Las guardó todas, las guardaría como pequeños tesoros, una muestra de sus primeros pasos como revolucionarios en el mundo, la primera huella del camino.
Del resto de carteles sudó un poco, le llamó la atención ese tio con alas que tenía como setenta millones, pero no le hizo demasiado caso. Dio un salto para bajar hasta donde estaba Kovashi. Por el camino aplastó a un tio, que se quedó dormidito en el suelo del barco. Pasó de él completamente. — ¿¡Has visto los carteles!? ¡Son increíbles! — Sabía que los había visto, pero estaba emocionadísima y podía ver que él también. — Los he guardado todos, esto tiene que quedarse para la posteridad. — Reía, estaba tan contenta que olvidó aquella tonta competición que tenían. También porque era consciente de que ahora no iba a poder ganarla. — Por cierto, no me ha dado tiempo antes a dártelo... Os he traído unos regalos a todos. Pero bueno, hasta que lleguen los demás, te doy el tuyo. — Rebuscó en su mochila, momento que aprovechó para guardar las hojas del periodico, ya lo leería más detenidamente en otro momento. Le ofreció una figurita de madera. En esta se podía ver esculpidas un par de katanas que se cruzaban formando una cruz, sujetadas por una vitrina. — ¡Son tus katanas! Lo he hecho yo, me enseñó mi maestro como un ejercicio para la relajación. — Le contó, emocionada. — Ah, y como sabía que te iba a faltar... También te he traído esto. — Dijo, dándole otra petaca completamente llena. Contenía el mismo alcohol que bebieron juntos en Conomi, resulta que había un local allí que lo servía también. Sonreía, un poco avergonzada y con la incertidumbre de si sus regalos le gustarían.
De repente, el ambiente se caldeó más de lo que ya estaba y un montón de personas empezaron a empujar hacia los barcos. Como una oleada de carne, llenos de desesperación y ansia, acabaron arrastrando al grupo hacia delante. Kovashi se despidió y se adelantó para asegurarse su sitio a bordo, así que Derya no perdió el tiempo. Fue haciéndose paso entre la gente, buscando quedar en el extremo del muelle. Una vez lo consiguió, saltó al mar. Que buen chapuzón, estaba el agua bastante fría, pero no le molestó, adoraba el agua. Localizó el barco donde se había subido Kovashi -estuvo pendiente antes de perderle de vista- y con un enorme salto digno de un delfín, salió de la superficie, impulsada por su larga cola. Había poco sitio donde aterrizar, estaba todo lleno de gente, así que reaccionando rápido se agarró a uno de los cabos que quedaban sueltos de alguno de los mástiles. Qué buena vista tenía desde ahí, y qué triunfante parecía ser. Tardó un rato en bajar, gozando su propia presencia y aprovechando para ver como pintaba la escena. Había varios barcos y estaban todos a reventar. Entonces se fijó en Kovashi, su ropa era rápidamente identificable.
Estaba a punto de bajar hasta él, cuando el graznar de las gaviotas llamó su atención. Miró hacia arriba, y unas hojas cayeron justo delante suya, como si un ser superior hubiera querido que así fuera. Agarró las páginas con la mano que le quedaba libre y no tardó en echarles un ojo. Se trataba de un periódico. Miró un poco por encima todas las hojas pero... — ¿Qué? — Si la cara de Kovashi estaba en la primera página. Se puso a leer rápidamente el texto que acompañaba la foto. "Grupo radical revolucionario bajo el liderazgo de un hombre llamado Kovashi. Acompañado por dos osos y una joven gyojin"... Dejó de leer cuando escuchó el grito del peliblanco debajo suya. Sintió por un segundo como se le hinchaba una vena en la frente, cómo el gesto de la cara se le cruzaba. No podía ser verdad. Ahora sí que se iba a volver insoportable con el tema. Ya no era una cuestión de si ella quería ser capitana o no, era aguantar el ego de Kovashi después de esto. Además en el texto les habían colgado encima las muertes de los civiles. — ¡Pero si los salvamos nosotros! ¡Putos marines de mierda! — Cómo sabían manipular los medios el puto gobierno opresivo, siempre poniendo la balanza hacia su favor. Sacudió la cabeza, olvidándose del tema, y continuó leyendo. Hasta que llegó a los carteles de Se Busca. El primero que salía era el de Kovashi, con nada más y nada menos que treinta y cinco millones. Qué guapo salía el cabrón. Lo dobló un par de veces y se lo guardó. Y luego vio el suyo. No pudo evitar soltar un grito de emoción. Era una cifra algo más pequeña, pero le daba igual, era un número precioso y encima ella salía guapísima. Le daban ganas de enmarcar aquel cartel. Continuó mirando, justo después estaban Don Bambú y Khruner, ambos con la misma cantidad. También salían increíbles en sus fotos. Las guardó todas, las guardaría como pequeños tesoros, una muestra de sus primeros pasos como revolucionarios en el mundo, la primera huella del camino.
Del resto de carteles sudó un poco, le llamó la atención ese tio con alas que tenía como setenta millones, pero no le hizo demasiado caso. Dio un salto para bajar hasta donde estaba Kovashi. Por el camino aplastó a un tio, que se quedó dormidito en el suelo del barco. Pasó de él completamente. — ¿¡Has visto los carteles!? ¡Son increíbles! — Sabía que los había visto, pero estaba emocionadísima y podía ver que él también. — Los he guardado todos, esto tiene que quedarse para la posteridad. — Reía, estaba tan contenta que olvidó aquella tonta competición que tenían. También porque era consciente de que ahora no iba a poder ganarla. — Por cierto, no me ha dado tiempo antes a dártelo... Os he traído unos regalos a todos. Pero bueno, hasta que lleguen los demás, te doy el tuyo. — Rebuscó en su mochila, momento que aprovechó para guardar las hojas del periodico, ya lo leería más detenidamente en otro momento. Le ofreció una figurita de madera. En esta se podía ver esculpidas un par de katanas que se cruzaban formando una cruz, sujetadas por una vitrina. — ¡Son tus katanas! Lo he hecho yo, me enseñó mi maestro como un ejercicio para la relajación. — Le contó, emocionada. — Ah, y como sabía que te iba a faltar... También te he traído esto. — Dijo, dándole otra petaca completamente llena. Contenía el mismo alcohol que bebieron juntos en Conomi, resulta que había un local allí que lo servía también. Sonreía, un poco avergonzada y con la incertidumbre de si sus regalos le gustarían.
Resumen
Objetos

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