[Presente relativo] El Amanecer de la Leyenda: La Reunión en la Isla Karate. [Priv]
#7
Piratas.
 
Sucios, viles y asquerosos piratas.
 
El viento marino pegando en su cara, el sol rojizo iluminando el tramo, el mar a su disposición.
 
Es una sensación que conoce bien.
 
Ya estuvo en una banda de piratas, pendencieros, mal hablados, groseros, rastreros, traicioneros, incapaces de valorar el trabajo de otros.
 
A esos, por nunca darle su lugar en el grupo, terminó entregándolos a la marina y cobrando la recompensa por sus cabezas. Es un recuerdo que aún conserva, no fresco, solo llega a veces como una nube fugaz que se desvanece luego de una ventisca, justo como ahora.
 
¿Qué sería diferente con este grupo?
 
Claro, esta vez no fue obligado a integrarse y brindar su conocimiento por temor a ser esclavizado en caso de desobedecer, esta vez es su voluntad la que lo lleva a pararse de nuevo en la cubierta de un barco con gente que se autodenomina piratas.
 
Las cosas no tienen que ser iguales esta vez.
 
Los primeros rayos del sol se deslizan por la cubierta, voces desconocidas se alzan con ánimo, desearía decir que se siente en casa, pero sería una vil mentira. Apenas puede diferenciar los rostros de sus nuevos compañeros y ni hablar de sus nombres, incluso el rostro del hombre de abrigo rojo, responsable en parte de que esté aquí, aparece en su memoria como una pintura difuminada, solo es capaz de dibujarlo con exactitud cuando lo mira de frente y, hay alguien más, alguien con cabellos verdes, como algas ¿Cuál es su nombre? ¿Cómo luce?
 
El ancla de la proa cayó al mar, el barco se estableció al fin en el puerto de la isla cuyo nombre también se le escapa, su trabajo terminó ahí, pudo alzar su cabeza para ver al resto y un saludo llegó de una mujer quemada y cabellos verdes…verdes como algas ¡Oh! Es ella, sí, ella también es en parte responsable de que esté ahí, le gustaría poder aprenderse su nombre, pero solo el tiempo dirá si su mente tendrá o no espacio para ello.
 
Se acercó, miró al resto, un grupo peculiar al que tendría que acostumbrarse, quiso analizarlos, estudiarlos, pero sus deseos quedaron truncados cuando un hombre de cabellos negros y mechón blanco le plantó un plato con frutas frente a la cara. —Gracias —. Ladeó su cabeza, lo miró con curiosidad, le recordaba a alguien, pero no podía decir a quien, tampoco es que fuera su prioridad averiguarlo, no cuando su capitán, ¿Tan rápido lo llamaba así?, le solicitó traer a alguien más a cubierta.
 
Con su plato de frutas en mano caminó por la cubierta dejando atrás el sonido de voces a las que aun no puede acostumbrarse. Se supone que tiene que ir al ¿calabozo? ¿Tienen uno? No lo recuerda, por eso camina por los pasillos interiores del barco hasta que una voz mágica lo atrae, de pronto se sintió como un marinero siendo seducido por el canto de una sirena… ¡Sirena! ¡Por supuesto!
 
Sus pasos se hicieron más rápidos y gracias a la voz dio con la persona faltante, encontró a quién debía llevar a cubierta y; sin embargo, lejos de encontrarse con una prisionera mugrosa y agonizante, se encontró con unos dorados ojos lleno de más vida que los de él mismo y, no solo eso, parecía conocerlo…sí, tiene sentido, que él no recuerde su nombre no es culpa de ella, es de su poca capacidad para retener rostros y nombres, aunque, puede estar seguro de algo, si lo sigue halagando de ese modo, es probable que termine aprendiendo su nombre mucho antes que el de cualquier otro en la tripulación, pero, por otro lado no quería jugar con ella, mucho menos verla desnuda ¿Para qué? Sacudió su cabeza en negación ¿Qué podía responder a los desvaríos de la supuesta prisionera? Nada.
 
Alzó una ceja, aún curioso por la actitud de la peliceleste y se rindió a comprender lo que sucedía, limitándose a dejar su plato, ahora vacío, sobre un barril de quien sabe que cosa y a sacudir sus manos para quitar cualquier resto de comida mientras que sus ojos examinaban a la chica de arriba abajo ¿Qué dijo antes sobre su espalda? Bueno, lo recordaría con el pasar de los minutos, por ahora tenía algo más que hacer.
 
—Debo llevarte a la cubierta, órdenes del Capitán —. Y con eso dicho los desvaríos empezaron de nuevo, era casi gracioso, lo suficiente para arrancarle una suave risa que murió cuando ella misma le cedió una cadena para que la llevara como si fuera un perrito.
 
—Nadie va a ser lanzado por la borda o eso creo —. Su comentario, dicho en tono monótono y sereno, se perdió en medio de las melodías que la chica empezó a cantar con tan ímpetu que no se atrevió a interrumpirla ¿Acaso le estaba dedicando esa canción? No entendía porque sentía que era así.
 
El sol, ahora más potente, volvió a golpear sus ojos. La cubierta lo recibió junto con la visión del resto de personajes extraños que ahora formaban un semicírculo y sostenían un trago en sus manos, caminó hacia ellos y tomó una bebida también, para que después, inconscientemente, soltara la cadena de la chica rara, algo que se sintió como dejar en libertad a una mascota en un parque, pues la vio caminar por aquí y por allá, curioseando como si nunca hubiera visto un barco.
 
Las voces retumbaron de nuevo, el viento se detuvo por un momento, el capitán habló o al menos a quien recordaba como capitán, parecía animado, soñador, tan lleno de vida, si miraba al resto, lucían similar ¿En verdad estaría bien que se quedara? Además, hablaba de ¿Sueños? La mención de la palabra lo arrolló con una fuerza indescriptible y su mente empezó a divagar entre ideas hasta perderse en ella y no prestar atención a lo que el resto de las tripulantes pudiera decir.
 
¿Sueños?
 
¿Qué sueños?
 
—Mmmm… —Miró su trago con extrañeza y alzó sus ojos, ignorando al resto, solo para seguir el actuar de la peliceleste y, fue ahí, al ver la espalda de la chica, semi descubierta y llena de escamas tornasoladas, que pudo recordar algo, lo suficiente para que su mente hiciera click. —Sería interesante estudiar especies que más nadie haya estudiado, saber cómo son por fuera y por dentro —. No fue un juramento, ni siquiera era algo que planeaba que otros escucharan, solo pensaba en voz alta. —Recuperar mi memoria también me gustaría —. Se encogió de hombros y le dio un trago a su bebida, sin haber sido consciente de haber hablado en voz alta.
 
—¡Ah! —Como si un corrientazo lo hubiera traído de vuelta a la tierra, sus ojos se fijaron en el resto de los tripulantes ¿Se supone que hablan de promesas grupales? ¿Tendría que decir algo también? —Jmmm…Supongo que pueden contar con que cuide de ustedes cuando están enfermos o heridos…pero…procuren no estar heridos…por favor, de verdad, procuren no estarlo —. Porque las heridas significan problemas y los problemas atraen atención y él no desea atención, no quisiera ver su cara en un cartel de “Se busca”.
 
Se dio la vuelta entonces, dispuesto a buscar la sombra que le brindaría el interior del barco, pero se detuvo cuando un rugido resonó ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Dónde? La peliceleste tiene razón: el gigante pasa desapercibido -o tal vez ambos son igual de distraídos para no verlo-, se giró de nuevo, mirando al pelirrojo que parecía estar muriendo de hambre…pobre…que difícil ha de ser mantener un cuerpo tan grande y por otro lado, pensaría que no podía estar más de suerte, pues que exótica criatura resultaba para ser estudiada.
 
—No le vas a dar tu comida —. Se acercó a la menuda prisionera, ahora recordaba que de su espalda extraía escamas que luego vendía a curiosos, artesanos y alguno que otro fetichista, nada grave en comparación a otros negocios que tenía, pero si la chica no comía bien, seguro esas escamas empezarían a perder su belleza. —Tu debes estar saludable ¿No es así, capitán? —Miró al muchacho más bajito, buscando algo de apoyo en él. —Además, aunque le des tu ensalada no sería nada para él —. Le dio a la chica un par de palmaditas en la cabeza antes de caminar para bajar del barco y estar más cerca del gigante.
 
—No hay mucha comida en el barco, grandote —Ni siquiera se molestaría en intentar recordar su nombre, no ahora al menos. —, pero estoy seguro de que podemos conseguir en el mar…El compañero de rojo seguro te puede ayudar a atrapar a un par de reyes marinos ¿No es así, rojito? —Le gritó desde abajo al pelinegro de capucha roja. —Y el cocinero los preparará con gusto —¿Sería así? No tenía idea, pero si eran una tripulación diferente a los rastreros con los que viajó por primera vez, era momento para demostrarlo.


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RE: [Presente relativo] El Amanecer de la Leyenda: La Reunión en la Isla Karate. [Priv] - por Hyákinthos - 29-08-2025, 09:01 AM

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