30-08-2025, 09:58 AM
La calle estalló en gritos. El pánico se extendió como el polvo en un lugar abandonado.
El corte de Sam con un solo movimiento dejó fuera de combate a los guardas. Todo había escalado tan rápido como había terminado. La joven mujer miró con los ojos abiertos al Mink y quedó atónita sin poder decir ni una sola palabra, giró su muñeca en la cual tenía un Den Den pequeño y comentó que la misión había fallado.
Desde allí hasta la plaza, nadie, ni una sola alma se antepuso a Sam, quién pudo caminar tranquilo, mientras que los que habían visto el acto se apartaba de su paso y le proferían miradas que viajaban desde el miedo hasta el asco. Una vez llegó a la plaza, un hombre que se correspondía a la descripción que el mayordomo le había dado se acercó a él. Con el ojo derecho guiñado y con el izquierdo detrás de su monóculo le observó
- Hmm, sí debes ser tu - Pronunció mientras no le apartaba la mirada - ¿Traes eso de mi amigo? Venga rápido, no quiero que ninguno de sus muchachos me monte el pollo - el pequeño hombre de ropas estridentes extendió su mano pidiéndole el testamento, se le veía bastante apurado.
Buenavista era igual que la descripción que Alfred le había dado, así que, Sam no debía de tener mucho problema en entregarle la carta, no debía de dudar, estaba claro que era ese hombre.
Quizá Sam esperaba que hubiera habido más trabas en su camino, pero la verdad era que con la bestial manera de solventar su primer y único problema los hijos de Maratush entendieron que junto al sello que descansaba en el lacre, su herencia estaba guardada por algo mucho más fuerte: la ferviente y fría decisión del mink.
Es así como Sam entregó la herencia y doy por cumplido su mandado. Pudo volver a la mansión en la que aquella pequeña travesía dio inicio en primer lugar y cuando llegó, no pudo ver al señor Maratush.
- Ya nos ha contactado Buenavista, muchas gracias, lo único es que el señor no podrá atenderte... Según marchaste, el señor empezó a encontrarse mal. Tiene fiebres elevadas, siento que no pueda agradecerte como se debe en persona, espero que mis agradecimientos sean más que suficientes - Le dijo mientras se reverenciaba - Espero que esta recompensa sea más que justa por tu labor - entonces, le hizo entrega de la cantidad de dinero que estipularon días atrás - y muchas gracias otra vez, ahora al señor se le ve más tranquilo -
Una vez Alfred se despidió, cerró las puertas y volvió a entrar en la mansión para ayudar a su señor. A los pocos días el dueño y patriarca Maratush murió, pero gracias a los esfuerzos de un mink anónimo, pudo descansar en paz sabiendo que su herencia había quedado cerrada de la manera que él creía conveniente.
El corte de Sam con un solo movimiento dejó fuera de combate a los guardas. Todo había escalado tan rápido como había terminado. La joven mujer miró con los ojos abiertos al Mink y quedó atónita sin poder decir ni una sola palabra, giró su muñeca en la cual tenía un Den Den pequeño y comentó que la misión había fallado.
Desde allí hasta la plaza, nadie, ni una sola alma se antepuso a Sam, quién pudo caminar tranquilo, mientras que los que habían visto el acto se apartaba de su paso y le proferían miradas que viajaban desde el miedo hasta el asco. Una vez llegó a la plaza, un hombre que se correspondía a la descripción que el mayordomo le había dado se acercó a él. Con el ojo derecho guiñado y con el izquierdo detrás de su monóculo le observó
- Hmm, sí debes ser tu - Pronunció mientras no le apartaba la mirada - ¿Traes eso de mi amigo? Venga rápido, no quiero que ninguno de sus muchachos me monte el pollo - el pequeño hombre de ropas estridentes extendió su mano pidiéndole el testamento, se le veía bastante apurado.
Buenavista era igual que la descripción que Alfred le había dado, así que, Sam no debía de tener mucho problema en entregarle la carta, no debía de dudar, estaba claro que era ese hombre.
Quizá Sam esperaba que hubiera habido más trabas en su camino, pero la verdad era que con la bestial manera de solventar su primer y único problema los hijos de Maratush entendieron que junto al sello que descansaba en el lacre, su herencia estaba guardada por algo mucho más fuerte: la ferviente y fría decisión del mink.
Es así como Sam entregó la herencia y doy por cumplido su mandado. Pudo volver a la mansión en la que aquella pequeña travesía dio inicio en primer lugar y cuando llegó, no pudo ver al señor Maratush.
- Ya nos ha contactado Buenavista, muchas gracias, lo único es que el señor no podrá atenderte... Según marchaste, el señor empezó a encontrarse mal. Tiene fiebres elevadas, siento que no pueda agradecerte como se debe en persona, espero que mis agradecimientos sean más que suficientes - Le dijo mientras se reverenciaba - Espero que esta recompensa sea más que justa por tu labor - entonces, le hizo entrega de la cantidad de dinero que estipularon días atrás - y muchas gracias otra vez, ahora al señor se le ve más tranquilo -
Una vez Alfred se despidió, cerró las puertas y volvió a entrar en la mansión para ayudar a su señor. A los pocos días el dueño y patriarca Maratush murió, pero gracias a los esfuerzos de un mink anónimo, pudo descansar en paz sabiendo que su herencia había quedado cerrada de la manera que él creía conveniente.
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![[Imagen: 51pnN8x.png]](https://imgur.com/51pnN8x.png)
