01-09-2025, 12:38 PM
El reencuentro con Joe y Karl fue un alivio. Verlos sanos y salvos, especialmente después de nuestra pesadilla en el sendero, me quitó un peso enorme de los hombros. El ascenso por el sendero serpenteante del volcán fue agotador bajo el calor que volvía a castigar nuestros cuerpos sin piedad, pero ver a Joe conseguir la piedra fuego – a pesar de la quemadura que se llevó en el proceso – hizo que el esfuerzo valiera la pena. Como la luz del día comenzó a desvanecerse y decidimos establecer campamento, aproveché que los otros se encargaban de montar todo y preparar el perímetro para hacer lo que mejor sabía hacer: cuidar de mi equipo.
Karl se veía pálida y claramente molesta por algo más que el calor. Sus constantes idas y venidas durante el día, junto con su expresión de malestar, me confirmaron lo que sospechaba. Busqué entre mis suministros hasta encontrar las hierbas secas que necesitaba. Mezclé cuidadosamente una combinación de manzanilla y jengibre seco en mi cantimplora con agua fresca, creando una infusión que le ayudaría con la diarrea que estaba convencido había experimentado en algún momento desde nuestra separación hasta que nos volvimos a encontrar. Sin esperar que aceptara o se negara, le acerque la cantimplora a la boca e hice que tomara todo el remedio de un solo golpe. Sirvió tan bien que, tras esto, se puso a cantar.
Mientras Karl cantaba, me acerqué a Joe, quien intentaba disimular el dolor de la quemadura en su mano derecha. Incluso en la creciente oscuridad, podía ver cómo evitaba usar esa mano para cualquier tarea del campamento.
“Joe, deja que vea esa mano” – le dije con tono firme – “Las quemaduras pueden infectarse fácilmente en este ambiente, y no podemos permitirnos que nuestro líder esté incapacitado.”
Me senté en una roca cerca de él y abrí mi kit médico con cuidado, aprovechando que las piedras que habíamos conseguido nos servían de iluminación improvisada para organizar mis suministros. El calor irradiaba desde el suelo volcánico bajo nuestros pies, creando un ambiente que era tanto ventaja como desventaja para el tratamiento pues el calor podía ayudar con la circulación, pero también aumentaba el riesgo de deshidratación y complicaciones.
“Extiende la mano hacia mí” – le indiqué, encendiendo una pequeña antorcha improvisada con algunos materiales del campamento para tener mejor visibilidad – “Necesito examinar bien el daño antes de tratarlo.”
La quemadura era más seria de lo que Joe había dejado ver. La piel de su palma derecha mostraba enrojecimiento intenso con algunas ampollas formándose en las zonas donde había hecho más presión al arrancar la piedra. Los bordes de la herida tenían ese aspecto blanquecino que indicaba quemadura de segundo grado en algunas áreas.
“Esto va a doler un poco, pero necesito limpiarlo primero” – le advertí mientras vertía agua fresca de mi cantimplora sobre la herida – “El vapor del volcán no era solo calor, tenía partículas que podrían causar irritación adicional.”
Joe apretó los dientes, pero no se quejó mientras yo trabajaba. El agua corrió por su mano llevándose pequeñas partículas de ceniza y residuos volcánicos que se habían adherido a la herida. Pude ver cómo se relajaba ligeramente cuando el líquido fresco alivió parte del ardor. Saqué uno de los ungüentos que portaba conmigo, y empecé a mejorarlo tal y como había practicada con uno que había preparado personalmente meses atrás mezclando aloe con propiedades antiinflamatorias y algunos extractos que ayudaban con la regeneración de tejidos. El frasco empezaba a arrojar un aroma relativamente fresco en el campamento gracias al uso de la mezcla de hierbas medicinales que estaba juntando para preparar el mismo.
“Este ungüento tiene propiedades curativas y antiinflamatorias” – expliqué mientras abría el frasco luego de haber mezclado todo y dejarlo tapado reposando por unos minutos, el aroma familiar y medicinal contrastando con el olor a azufre del ambiente – “Lo preparé yo mismo, así que sé exactamente qué contiene. Va a dar alivio inmediato y acelerar la sanación.”
Comencé a aplicar el ungüento con movimientos suaves sobre la mano quemada de Joe, extendiendo una capa generosa sobre toda la superficie afectada. Joe suspiró audiblemente cuando la textura fresca del medicamento hizo contacto con su piel dañada, el alivio evidente en su expresión. Era impresionante la capacidad de resistencia de El Héroe, a cualquier otra persona aquella hazaña le hubiera supuesto un peor desenlace, pero parecía que a Joe bastaría con aplicar este ungüento, y quizás uno extra para terminar de curar aquella quemadura que le ocasiono una roca calentada por las entrañas de un volcán. La pura noción de esa idea perdía toda lógica si era considerada sin el contexto necesario de que Joe era un animal casi mitológico.
“La sensación de frescura va a durar unas horas” – continué explicando mientras trabajaba – “Después de eso, la pomada se habrá absorbido y estará trabajando desde adentro para reparar el tejido dañado.” – proseguí explicando pues sabia que a Joe le gustaba entender los procesos – “Luego de que se absorba es probable que haya que aplicarte otro ungüento para terminar de curar por completo.”
El proceso requería paciencia y mano firme. Cada aplicación debía ser cuidadosa para no causar más dolor del necesario, pero también completa para asegurar que toda la herida quedara protegida. El calor ambiente hacía que el ungüento se extendiera más fácilmente, pero también significaba que tenía que trabajar rápido antes de que el sudor de ambos complicara el proceso. Una vez que la aplicación estuvo completa, saqué vendas limpias de mi kit. El vendaje en estas condiciones era un arte en sí mismo pues tenía que ser lo suficientemente firme para proteger la herida, pero no tan apretado que cortara la circulación en el calor extremo que haría que sus manos se hincharan.
“Voy a vendarte esto para mantener el ungüento en su lugar y proteger la herida del ambiente” – le expliqué mientras comenzaba a enrollar la venda alrededor de la mano de Joe como si se tratara de un boxeador a quien preparan antes de su combate – “Pero necesito que me avises si sientes que la venda se aprieta demasiado durante la noche. El calor puede hacer que tu mano se hinche.” – aseguré el vendaje con un nudo cuidadoso que Joe podría deshacer fácilmente si era necesario – “tendré que revisar la herida a la mañana siguiente antes de partir y revalorar si ha tenido éxito, o no, el tratamiento” – le dije mientras guardaba mis suministros y los volvía a ordenar – “Durante mi guardia estaré pendiente de que tomes el reposo necesario y también aprovechare a verificar que no haya signos de infección. Con este calor y la humedad, las bacterias pueden proliferar rápido, así que no podemos ser descuidados.” – permití que Joe flexionara ligeramente los dedos, probando el rango de movimiento con el vendaje puesto – “El dolor debería disminuir significativamente en las próximas dos horas” – añadí, observando su reacción – “si empeora en lugar de mejorar, o si sientes pulsaciones intensas en la herida, despiértame inmediatamente. No importa la hora.”
Me incorporé, limpiándome las manos con agua limpia antes de guardar todo el equipo médico de vuelta en mi mochila. Esperaba que aquel tratamiento le permitiera al Vicealmirante estar en perfectas condiciones a la mañana siguiente pues estaba claro que requeriríamos de su mejor desempeño para terminar de domar a esta isla, el temblor que sentimos al sacar la piedra con forma de llama del volcán me había dejado inquieto sobre la idea de que tendríamos que enfrentarnos a algo mucho peor que un volcán, si es que eso era posible.
Una vez terminado con mis deberes médicos, me acerqué al grupo mientras terminaban de organizar las guardias.
“Me apunto para la segunda guardia” – anuncié, ajustándome los guantes y manteniendo activo mi Haki de Observación en todo momento como lo hice desde antes de desembarcar permitiéndome familiarizarme con los alrededores nocturnos del volcán – “Después del día que hemos tenido, necesitamos mantenernos alerta, pues no dudo que durante la noche nos vuelvan a intentar asechar la maravillosa fauna de esta isla.”
El calor seguía siendo opresivo incluso con el sol ocultándose, pero al menos estábamos todos juntos de nuevo, con dos piedras elementales en nuestro poder y un plan claro para continuar al día siguiente, por lo que procedí a acostarme y descansar lo posible mientras Karl seguía cantando.
Parece que la primera guardia incluía canción de cuna.
Karl se veía pálida y claramente molesta por algo más que el calor. Sus constantes idas y venidas durante el día, junto con su expresión de malestar, me confirmaron lo que sospechaba. Busqué entre mis suministros hasta encontrar las hierbas secas que necesitaba. Mezclé cuidadosamente una combinación de manzanilla y jengibre seco en mi cantimplora con agua fresca, creando una infusión que le ayudaría con la diarrea que estaba convencido había experimentado en algún momento desde nuestra separación hasta que nos volvimos a encontrar. Sin esperar que aceptara o se negara, le acerque la cantimplora a la boca e hice que tomara todo el remedio de un solo golpe. Sirvió tan bien que, tras esto, se puso a cantar.
Mientras Karl cantaba, me acerqué a Joe, quien intentaba disimular el dolor de la quemadura en su mano derecha. Incluso en la creciente oscuridad, podía ver cómo evitaba usar esa mano para cualquier tarea del campamento.
“Joe, deja que vea esa mano” – le dije con tono firme – “Las quemaduras pueden infectarse fácilmente en este ambiente, y no podemos permitirnos que nuestro líder esté incapacitado.”
Me senté en una roca cerca de él y abrí mi kit médico con cuidado, aprovechando que las piedras que habíamos conseguido nos servían de iluminación improvisada para organizar mis suministros. El calor irradiaba desde el suelo volcánico bajo nuestros pies, creando un ambiente que era tanto ventaja como desventaja para el tratamiento pues el calor podía ayudar con la circulación, pero también aumentaba el riesgo de deshidratación y complicaciones.
“Extiende la mano hacia mí” – le indiqué, encendiendo una pequeña antorcha improvisada con algunos materiales del campamento para tener mejor visibilidad – “Necesito examinar bien el daño antes de tratarlo.”
La quemadura era más seria de lo que Joe había dejado ver. La piel de su palma derecha mostraba enrojecimiento intenso con algunas ampollas formándose en las zonas donde había hecho más presión al arrancar la piedra. Los bordes de la herida tenían ese aspecto blanquecino que indicaba quemadura de segundo grado en algunas áreas.
“Esto va a doler un poco, pero necesito limpiarlo primero” – le advertí mientras vertía agua fresca de mi cantimplora sobre la herida – “El vapor del volcán no era solo calor, tenía partículas que podrían causar irritación adicional.”
Joe apretó los dientes, pero no se quejó mientras yo trabajaba. El agua corrió por su mano llevándose pequeñas partículas de ceniza y residuos volcánicos que se habían adherido a la herida. Pude ver cómo se relajaba ligeramente cuando el líquido fresco alivió parte del ardor. Saqué uno de los ungüentos que portaba conmigo, y empecé a mejorarlo tal y como había practicada con uno que había preparado personalmente meses atrás mezclando aloe con propiedades antiinflamatorias y algunos extractos que ayudaban con la regeneración de tejidos. El frasco empezaba a arrojar un aroma relativamente fresco en el campamento gracias al uso de la mezcla de hierbas medicinales que estaba juntando para preparar el mismo.
“Este ungüento tiene propiedades curativas y antiinflamatorias” – expliqué mientras abría el frasco luego de haber mezclado todo y dejarlo tapado reposando por unos minutos, el aroma familiar y medicinal contrastando con el olor a azufre del ambiente – “Lo preparé yo mismo, así que sé exactamente qué contiene. Va a dar alivio inmediato y acelerar la sanación.”
Comencé a aplicar el ungüento con movimientos suaves sobre la mano quemada de Joe, extendiendo una capa generosa sobre toda la superficie afectada. Joe suspiró audiblemente cuando la textura fresca del medicamento hizo contacto con su piel dañada, el alivio evidente en su expresión. Era impresionante la capacidad de resistencia de El Héroe, a cualquier otra persona aquella hazaña le hubiera supuesto un peor desenlace, pero parecía que a Joe bastaría con aplicar este ungüento, y quizás uno extra para terminar de curar aquella quemadura que le ocasiono una roca calentada por las entrañas de un volcán. La pura noción de esa idea perdía toda lógica si era considerada sin el contexto necesario de que Joe era un animal casi mitológico.
“La sensación de frescura va a durar unas horas” – continué explicando mientras trabajaba – “Después de eso, la pomada se habrá absorbido y estará trabajando desde adentro para reparar el tejido dañado.” – proseguí explicando pues sabia que a Joe le gustaba entender los procesos – “Luego de que se absorba es probable que haya que aplicarte otro ungüento para terminar de curar por completo.”
El proceso requería paciencia y mano firme. Cada aplicación debía ser cuidadosa para no causar más dolor del necesario, pero también completa para asegurar que toda la herida quedara protegida. El calor ambiente hacía que el ungüento se extendiera más fácilmente, pero también significaba que tenía que trabajar rápido antes de que el sudor de ambos complicara el proceso. Una vez que la aplicación estuvo completa, saqué vendas limpias de mi kit. El vendaje en estas condiciones era un arte en sí mismo pues tenía que ser lo suficientemente firme para proteger la herida, pero no tan apretado que cortara la circulación en el calor extremo que haría que sus manos se hincharan.
“Voy a vendarte esto para mantener el ungüento en su lugar y proteger la herida del ambiente” – le expliqué mientras comenzaba a enrollar la venda alrededor de la mano de Joe como si se tratara de un boxeador a quien preparan antes de su combate – “Pero necesito que me avises si sientes que la venda se aprieta demasiado durante la noche. El calor puede hacer que tu mano se hinche.” – aseguré el vendaje con un nudo cuidadoso que Joe podría deshacer fácilmente si era necesario – “tendré que revisar la herida a la mañana siguiente antes de partir y revalorar si ha tenido éxito, o no, el tratamiento” – le dije mientras guardaba mis suministros y los volvía a ordenar – “Durante mi guardia estaré pendiente de que tomes el reposo necesario y también aprovechare a verificar que no haya signos de infección. Con este calor y la humedad, las bacterias pueden proliferar rápido, así que no podemos ser descuidados.” – permití que Joe flexionara ligeramente los dedos, probando el rango de movimiento con el vendaje puesto – “El dolor debería disminuir significativamente en las próximas dos horas” – añadí, observando su reacción – “si empeora en lugar de mejorar, o si sientes pulsaciones intensas en la herida, despiértame inmediatamente. No importa la hora.”
Me incorporé, limpiándome las manos con agua limpia antes de guardar todo el equipo médico de vuelta en mi mochila. Esperaba que aquel tratamiento le permitiera al Vicealmirante estar en perfectas condiciones a la mañana siguiente pues estaba claro que requeriríamos de su mejor desempeño para terminar de domar a esta isla, el temblor que sentimos al sacar la piedra con forma de llama del volcán me había dejado inquieto sobre la idea de que tendríamos que enfrentarnos a algo mucho peor que un volcán, si es que eso era posible.
Una vez terminado con mis deberes médicos, me acerqué al grupo mientras terminaban de organizar las guardias.
“Me apunto para la segunda guardia” – anuncié, ajustándome los guantes y manteniendo activo mi Haki de Observación en todo momento como lo hice desde antes de desembarcar permitiéndome familiarizarme con los alrededores nocturnos del volcán – “Después del día que hemos tenido, necesitamos mantenernos alerta, pues no dudo que durante la noche nos vuelvan a intentar asechar la maravillosa fauna de esta isla.”
El calor seguía siendo opresivo incluso con el sol ocultándose, pero al menos estábamos todos juntos de nuevo, con dos piedras elementales en nuestro poder y un plan claro para continuar al día siguiente, por lo que procedí a acostarme y descansar lo posible mientras Karl seguía cantando.
Parece que la primera guardia incluía canción de cuna.
Resumen
Curaciones
Belico
Gastos
Atributos
Inventario

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