01-09-2025, 03:58 PM
Jerry y Gerry se miraron entre sí, emocionados por la aceptación del gigante. Jerry fue el primero en reaccionar, dando un salto corto que hizo sonar las tablas del patio trasero.
-¡Sabía que no nos fallaríais! -Exclamó con ojos brillantes, y enseguida se inclinó teatralmente hacia los tres. -Descuida, Gerry puede comerte con la mirada, pero no te hincará el diente mientras yo esté aquí. Por favor, seguidnos. Os llevaremos a nuestro Dojo y allí os explicaremos todo con detenimiento.
Gerry, en cambio, no apartaba todavía la vista de Thrym, hasta que recibió un codazo oportuno de su compañero. Carraspeó y levantó la barbilla, como si nada hubiera pasado.
-Sí, sí… Venid. Pero me temo que el gigante tendrá que esperar fuera. El dojo no está preparado para… Tamaños tan descomunales. -Dijo, tragando saliva y reprimiendo una sonrisa maliciosa.
El camino hacia el interior del dojo fue corto: apenas unos cincuenta pasos de piedra blanca desde el patio trasero hasta el corredor principal. El edificio crujía suavemente con cada ráfaga de viento, y las campanas colgadas en el alero tintineaban a intervalos. Una vez dentro, los protagonistas notaron que el ambiente cambiaba, pues a pesar de la estrambótica apariencia, allí reinaba un silencio solemne, interrumpido apenas por el golpeteo de algún aprendiz practicando katas en los salones laterales.
Thrym, por su parte, se quedó en el jardín exterior, un espacio de unos veinticinco metros de ancho, con estanques llenos de carpas doradas, ciruelos en flor y un sendero de grava blanca que rodeaba el tatami central. El gigante tendría que agacharse para mirar a través de las puertas correderas, donde sus compañeros podrían entrar junto a los dos okamas.
En la sala de entrenamiento, Jerry y Gerry se detuvieron. El tatami se extendía luminoso bajo los ventanales, y el retrato del Maestro Okama observaba desde la pared más lejana sin perder detalle con la mirada. Los dos anfitriones dieron un par de pasos al frente, preparándose para explicar, pero en ese instante, un joven aprendiz irrumpió desde el pasillo lateral, jadeando.
-¡Jerry! ¡Gerry! -Gritó, inclinándose sobre las rodillas para recuperar el aliento. -¡Ya sabemos lo que ocurrió con el cinturón!
Los ojos de los dos okamas se abrieron de par en par, al igual que sus bocas por el asombro.
-¡¿Dónde está?! -Exclamó Jerry, con voz entrecortada.
El aprendiz levantó la cabeza, empapado en sudor.
-Lo robó… ¡Lo robó Kitsui! -A juzgar por sus reacciones, parecía ser uno de los más fuertes entre los aprendices. El joven comentó como algunos novatos lo habían visto tomarlo con sus propios ojos, y explicaron cómo lo tomó del altar y huyó hacia el bosque.
Un silencio pesado invadió la sala. Gerry apretó los dientes y murmuró con rabia:
-Ese maldito… Siempre quiso probar que estaba por encima de nosotros.
El aprendiz, temblando, añadió algo más de vital importancia.
-¿Qué haremos ahora? Las normas del dojo… Ya sabéis… Nos prohíben enfrentarnos de verdad entre alumnos. No podemos levantar un duelo serio contra él sin ser castigados...
Entonces, Jerry y Gerry se giraron hacia los protagonistas. Jerry tomó la palabra, con un tono mucho más solemne que antes, pues ahora realmente os necesitaban.
-Necesitamos que vosotros lo persigáis y lo traigáis de vuelta. Por supuesto, os recompensaremos generosamente por la ayuda prestada. Pero… -Hizo una pausa dramática, juntando las manos. -Antes debemos asegurarnos de que sois capaces de mediros con Kitsui, es uno de los aprendices más aventajados del Dojo.
Gerry sonrió de oreja a oreja, chasqueando la lengua mientras se estiraba los brazos.
-Exacto… No podemos mandar a cualquiera tras Kitsui. Él no es solo fuerte, también es rápido, astuto y no tendrá piedad. Si queréis ayudarnos, ¡tendréis que demostrar que sois capaces de hacerlo, superando primero nuestra prueba!
Ambos se levantaron y caminaron hasta bajar del tatami, habiendo tomado previamente algo de equipo que pronto usarían, y saliendo al jardín donde el gigante esperaba. Normalmente habrían peleado dentro, pero dado su tamaño, era altamente inviable hacerlo. Entonces, ambos finalmente llegaron al otro extremo del jardín, colocándose en guardia. El silencio se rompió con el eco de sus pies descalzos sobre la hierba seca.
Jerry, serio por primera vez, señaló a Uker y Maki, luego levantó la vista hacia donde la sombra del gigante se proyectaba tapando el sol. En su mano izquierda llevaba un enorme escudo con forma de corazón, de color rosa.
-¡Os retamos a un combate de entrenamiento! Si lográis resistir y probarnos vuestra fuerza, os confiaremos la misión de recuperar el cinturón.
Gerry, por su parte, no pudo resistirse a añadir un guiño hacia Thrym, aun sabiendo que él podría ponerse violento. ¿Tal vez eso le gustaba?
-Aunque el gigante seguramente dé la talla, no me fío de la parejita. ¿Estáis listos para bailar con nosotros? -Tras decir aquello, se crujió los nudillos a través de sus guantes de combate, emocionado visiblemente.
El aire se tensó. El sonido del viento en las banderas exteriores parecía marcar el inicio de un desafío inevitable si queríais aceptar el trabajo. Una dura prueba estaba por comenzar.
-¡Sabía que no nos fallaríais! -Exclamó con ojos brillantes, y enseguida se inclinó teatralmente hacia los tres. -Descuida, Gerry puede comerte con la mirada, pero no te hincará el diente mientras yo esté aquí. Por favor, seguidnos. Os llevaremos a nuestro Dojo y allí os explicaremos todo con detenimiento.
Gerry, en cambio, no apartaba todavía la vista de Thrym, hasta que recibió un codazo oportuno de su compañero. Carraspeó y levantó la barbilla, como si nada hubiera pasado.
-Sí, sí… Venid. Pero me temo que el gigante tendrá que esperar fuera. El dojo no está preparado para… Tamaños tan descomunales. -Dijo, tragando saliva y reprimiendo una sonrisa maliciosa.
El camino hacia el interior del dojo fue corto: apenas unos cincuenta pasos de piedra blanca desde el patio trasero hasta el corredor principal. El edificio crujía suavemente con cada ráfaga de viento, y las campanas colgadas en el alero tintineaban a intervalos. Una vez dentro, los protagonistas notaron que el ambiente cambiaba, pues a pesar de la estrambótica apariencia, allí reinaba un silencio solemne, interrumpido apenas por el golpeteo de algún aprendiz practicando katas en los salones laterales.
Thrym, por su parte, se quedó en el jardín exterior, un espacio de unos veinticinco metros de ancho, con estanques llenos de carpas doradas, ciruelos en flor y un sendero de grava blanca que rodeaba el tatami central. El gigante tendría que agacharse para mirar a través de las puertas correderas, donde sus compañeros podrían entrar junto a los dos okamas.
En la sala de entrenamiento, Jerry y Gerry se detuvieron. El tatami se extendía luminoso bajo los ventanales, y el retrato del Maestro Okama observaba desde la pared más lejana sin perder detalle con la mirada. Los dos anfitriones dieron un par de pasos al frente, preparándose para explicar, pero en ese instante, un joven aprendiz irrumpió desde el pasillo lateral, jadeando.
-¡Jerry! ¡Gerry! -Gritó, inclinándose sobre las rodillas para recuperar el aliento. -¡Ya sabemos lo que ocurrió con el cinturón!
Los ojos de los dos okamas se abrieron de par en par, al igual que sus bocas por el asombro.
-¡¿Dónde está?! -Exclamó Jerry, con voz entrecortada.
El aprendiz levantó la cabeza, empapado en sudor.
-Lo robó… ¡Lo robó Kitsui! -A juzgar por sus reacciones, parecía ser uno de los más fuertes entre los aprendices. El joven comentó como algunos novatos lo habían visto tomarlo con sus propios ojos, y explicaron cómo lo tomó del altar y huyó hacia el bosque.
Un silencio pesado invadió la sala. Gerry apretó los dientes y murmuró con rabia:
-Ese maldito… Siempre quiso probar que estaba por encima de nosotros.
El aprendiz, temblando, añadió algo más de vital importancia.
-¿Qué haremos ahora? Las normas del dojo… Ya sabéis… Nos prohíben enfrentarnos de verdad entre alumnos. No podemos levantar un duelo serio contra él sin ser castigados...
Entonces, Jerry y Gerry se giraron hacia los protagonistas. Jerry tomó la palabra, con un tono mucho más solemne que antes, pues ahora realmente os necesitaban.
-Necesitamos que vosotros lo persigáis y lo traigáis de vuelta. Por supuesto, os recompensaremos generosamente por la ayuda prestada. Pero… -Hizo una pausa dramática, juntando las manos. -Antes debemos asegurarnos de que sois capaces de mediros con Kitsui, es uno de los aprendices más aventajados del Dojo.
Gerry sonrió de oreja a oreja, chasqueando la lengua mientras se estiraba los brazos.
-Exacto… No podemos mandar a cualquiera tras Kitsui. Él no es solo fuerte, también es rápido, astuto y no tendrá piedad. Si queréis ayudarnos, ¡tendréis que demostrar que sois capaces de hacerlo, superando primero nuestra prueba!
Ambos se levantaron y caminaron hasta bajar del tatami, habiendo tomado previamente algo de equipo que pronto usarían, y saliendo al jardín donde el gigante esperaba. Normalmente habrían peleado dentro, pero dado su tamaño, era altamente inviable hacerlo. Entonces, ambos finalmente llegaron al otro extremo del jardín, colocándose en guardia. El silencio se rompió con el eco de sus pies descalzos sobre la hierba seca.
Jerry, serio por primera vez, señaló a Uker y Maki, luego levantó la vista hacia donde la sombra del gigante se proyectaba tapando el sol. En su mano izquierda llevaba un enorme escudo con forma de corazón, de color rosa.
-¡Os retamos a un combate de entrenamiento! Si lográis resistir y probarnos vuestra fuerza, os confiaremos la misión de recuperar el cinturón.
Gerry, por su parte, no pudo resistirse a añadir un guiño hacia Thrym, aun sabiendo que él podría ponerse violento. ¿Tal vez eso le gustaba?
-Aunque el gigante seguramente dé la talla, no me fío de la parejita. ¿Estáis listos para bailar con nosotros? -Tras decir aquello, se crujió los nudillos a través de sus guantes de combate, emocionado visiblemente.
El aire se tensó. El sonido del viento en las banderas exteriores parecía marcar el inicio de un desafío inevitable si queríais aceptar el trabajo. Una dura prueba estaba por comenzar.
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