01-09-2025, 04:06 PM
La gente se agolpa junto a la entrada del restaurante. La cocinera que había llamao a la participación parece abrumada, pues no esperaba que sus palabras fueran a tener tal acogida, aunque claro, debía haberlo pensado ya que no todos los días se reparten 100000 berries de una manera tan gratuita. La gente que pide a gritos participar es de lo más variopinto, pero muy pocos con aspecto de cocineros profesionales. Alguna mujer mayor promete que presentará su famosa receta que ha pasado generación tras generación en su familia. Un par de pescadores afirman que nadie mejor que ellos para conocer cómo hay que tratar el pescado. Un chico joven dice que hará una nueva combinación que ha inventado fusionando toques de cocinas de todo el South Blue. Una muralla de gente se forma entre Mercedes y la cocinera, pero eso no es algo que vaya a frenar a la Oni, que avanza atravesando la marea de personas como lo haría un gran galeón pirata. Su avance es tan decidido que nadie puede frenarla, y tan enfocado que no percibe al pescador que avanza con su captura de hoy, hasta que ya es demasiado tarde y los langostinos que porta saltan por todas partes, incluida la chaqueta de Mercedes, la cuál se disculpa amablemente y entre risas, aún sin variar su ritmo.
La chica Oni consigue abrirse paso entre la multitud hasta llegar a la mujer que anunciaba el concurso y así puede postularse como candidata. La convicción de Mercedes es tal que asegura que su receta no solo saciará el apetito de cualquiera, sino que también sacudirá el alma del catador, como lo hace la melodía siempre presente en el Reino. La gente a su alrededor tuvo todo tipo de reacciones: los primeros, los que la miraban sorprendidos, tal vez por su gran tamaño; otros riendo, posiblemente por el entusiasmo de la oni o por su nuevo e improvisado broche; por último, Marie, la cocinera, la cuál decidió que ya tenía a su último participante para el concurso. Hizo un gesto a Mercedes para que la acompañase dentro del restaurante, donde ya esperaban el resto de cocineros y los tres miembros del jurado.
El interior del restaurante era algo que llamaba la atención, no solo por su decoración, la cual incorporaba elementos tradicionales de la pesca y el mundo marítimo, tales como redes de pesca y faroles, con una elegancia y sencillez típica de los restaurantes más modernos y sofisticados. Lo que más destacaba del local era su gran tamaño, que dejaba claro que la cantidad de comensales que recibía cada servicio no era nada desdeñable. Avanzaron hasta la terraza donde cada uno de los cocineros tenía una improvisada cocina al aire, una compuesta por parrilla de leña, encimera de mármol, un horno con tres fuegos y un par de repisas totalmente equipadas. Aquel era un concurso bien preparado, pues pensaban hacerles cocinar frente al público, era un show en toda regla.
—Bienvenidos al Caraty. Hogar de los mejores platos de pescado de todo el South Blue! —anuncia la cocinera entre los vítores de los presentes—. Cocineros, a sus puestos. Enciendan sus fogones. A cocinar!
Tan pronto como da la orden, los otros cocineros se ponen manos a la obra. El primero de ellos, un hombre tosco de aspecto, comienza a limpiar un arenque. Lo abre a lo largo, sacando las tripas, para luego filetear los lomos. Poco a poco, va marinando el pescado para ponerlo en un bol y comenzar a preparar la guarnición.
—Saludad al chef Bjorn, procedente de la isla de la isla de Roshwan —comenta la chef Marie—. Hoy nos va a traer un plato de los que no dejan indiferente a nadie. Una ensalada tibia de Matjes, la famosa preparación de nuestra isla vecina.
La gente anima al cocinero que no hace el más mínimo gesto, imperturbable. Continúa trabajando impasible ante los halagos de alguno de los presentes. Junto a él, una mujer de edad avanzada corta despacio unas rodajas de atún, como si sus manos no pudiesen moverse a más velocidad, pero con la precisión de quien sabe lo que está haciendo. Al lado de su tabla, ya tiene peladas un par de patatas, una cebolla y varios dientes de ajo. Parece increíble que le haya cundido tanto el tiempo con esos movimientos.
—Ahora tenemos a una vieja conocida. No vayan a malinterpretarme —comenta con gesto burlón—. La chef Eva nos ha prometido un guiso tradicional, pero que nos saciará para toda una jornada faenando en alta mar.
Los pescadores que hay entre el público braman al escuchar lo que promete la receta de la señora. Solo falta un cocinero entre Mercedes y el resto. Alguien que te resulta familiar. Un hombre de unos 30 años, vestido con chaquetilla de cocina negra y elegantes botones carmesí. Alguien a quien tu memoria no puede olvidar, pues no hace tanto que lo has visto. Uno de los dos hombres que viste deslizarse dentro del restaurante está ahora vestido de cocinero a tu lado. Sobre la encimera tiene una variedad de ingredientes espectacular. Algo que le permitiría un plato con varias elaboraciones. Un sinfín de posibilidades, pero sin duda también un gran número de puntos donde poder equivocarse.
—Agárrense fuerte, porque ahora viene el plato fuerte del día. No quiero favoritismos, pero me llena de orgullo poder anunciar que este año contamos con un gran participante. Uno que lleva años al mando de la cocina del Frances Navegante, el barco cocina que navega a lo largo de los Blues ofreciendo las mejores experiencias gastronómicas. Alguien a quién aún nadie había podido poner cara, hasta el día de hoy —añade con gran orgullo—. Demos una cálida bienvenida al único e inigualable Baul Pocuse, que nos trae hoy su famosa receta de Rape glaseado con suquet de carabineros y chips de flor de loto.
La gente enloquece con la presentación del tercer concursante. Incluso los hay que se desmayan. Otros intentan saltar la pequeña valla de seguridad que hay delimitando el recinto. El público se ha vuelto loco. Incluso los miembros del jurado aplauden frenéticos. Dos hombres y una mujer van a ser los encargados de juzgar tu comida y parecen ya tener un favorito. En especial, uno de ellos, que grita y jalea instigando al público a hacer aún más ruido. Una cara familiar, una vez más, pues recuerdas que es el otro de los dos hombres sospechosos que entraron al local.
—Siento interrumpirles, querido público. Yo también deseo más de nuestro querido Pocuse, Pero mi deber es anunciar a nuestra última participante. La hermosísima chica Oni, Mercedes Benz. Su participación ha sido tan apresurada que aún no sabemos qué nos va a traer hoy. Querida, ¿podrías presentarte a ti y a tu plato?
La chica Oni consigue abrirse paso entre la multitud hasta llegar a la mujer que anunciaba el concurso y así puede postularse como candidata. La convicción de Mercedes es tal que asegura que su receta no solo saciará el apetito de cualquiera, sino que también sacudirá el alma del catador, como lo hace la melodía siempre presente en el Reino. La gente a su alrededor tuvo todo tipo de reacciones: los primeros, los que la miraban sorprendidos, tal vez por su gran tamaño; otros riendo, posiblemente por el entusiasmo de la oni o por su nuevo e improvisado broche; por último, Marie, la cocinera, la cuál decidió que ya tenía a su último participante para el concurso. Hizo un gesto a Mercedes para que la acompañase dentro del restaurante, donde ya esperaban el resto de cocineros y los tres miembros del jurado.
El interior del restaurante era algo que llamaba la atención, no solo por su decoración, la cual incorporaba elementos tradicionales de la pesca y el mundo marítimo, tales como redes de pesca y faroles, con una elegancia y sencillez típica de los restaurantes más modernos y sofisticados. Lo que más destacaba del local era su gran tamaño, que dejaba claro que la cantidad de comensales que recibía cada servicio no era nada desdeñable. Avanzaron hasta la terraza donde cada uno de los cocineros tenía una improvisada cocina al aire, una compuesta por parrilla de leña, encimera de mármol, un horno con tres fuegos y un par de repisas totalmente equipadas. Aquel era un concurso bien preparado, pues pensaban hacerles cocinar frente al público, era un show en toda regla.
—Bienvenidos al Caraty. Hogar de los mejores platos de pescado de todo el South Blue! —anuncia la cocinera entre los vítores de los presentes—. Cocineros, a sus puestos. Enciendan sus fogones. A cocinar!
Tan pronto como da la orden, los otros cocineros se ponen manos a la obra. El primero de ellos, un hombre tosco de aspecto, comienza a limpiar un arenque. Lo abre a lo largo, sacando las tripas, para luego filetear los lomos. Poco a poco, va marinando el pescado para ponerlo en un bol y comenzar a preparar la guarnición.
—Saludad al chef Bjorn, procedente de la isla de la isla de Roshwan —comenta la chef Marie—. Hoy nos va a traer un plato de los que no dejan indiferente a nadie. Una ensalada tibia de Matjes, la famosa preparación de nuestra isla vecina.
La gente anima al cocinero que no hace el más mínimo gesto, imperturbable. Continúa trabajando impasible ante los halagos de alguno de los presentes. Junto a él, una mujer de edad avanzada corta despacio unas rodajas de atún, como si sus manos no pudiesen moverse a más velocidad, pero con la precisión de quien sabe lo que está haciendo. Al lado de su tabla, ya tiene peladas un par de patatas, una cebolla y varios dientes de ajo. Parece increíble que le haya cundido tanto el tiempo con esos movimientos.
—Ahora tenemos a una vieja conocida. No vayan a malinterpretarme —comenta con gesto burlón—. La chef Eva nos ha prometido un guiso tradicional, pero que nos saciará para toda una jornada faenando en alta mar.
Los pescadores que hay entre el público braman al escuchar lo que promete la receta de la señora. Solo falta un cocinero entre Mercedes y el resto. Alguien que te resulta familiar. Un hombre de unos 30 años, vestido con chaquetilla de cocina negra y elegantes botones carmesí. Alguien a quien tu memoria no puede olvidar, pues no hace tanto que lo has visto. Uno de los dos hombres que viste deslizarse dentro del restaurante está ahora vestido de cocinero a tu lado. Sobre la encimera tiene una variedad de ingredientes espectacular. Algo que le permitiría un plato con varias elaboraciones. Un sinfín de posibilidades, pero sin duda también un gran número de puntos donde poder equivocarse.
—Agárrense fuerte, porque ahora viene el plato fuerte del día. No quiero favoritismos, pero me llena de orgullo poder anunciar que este año contamos con un gran participante. Uno que lleva años al mando de la cocina del Frances Navegante, el barco cocina que navega a lo largo de los Blues ofreciendo las mejores experiencias gastronómicas. Alguien a quién aún nadie había podido poner cara, hasta el día de hoy —añade con gran orgullo—. Demos una cálida bienvenida al único e inigualable Baul Pocuse, que nos trae hoy su famosa receta de Rape glaseado con suquet de carabineros y chips de flor de loto.
La gente enloquece con la presentación del tercer concursante. Incluso los hay que se desmayan. Otros intentan saltar la pequeña valla de seguridad que hay delimitando el recinto. El público se ha vuelto loco. Incluso los miembros del jurado aplauden frenéticos. Dos hombres y una mujer van a ser los encargados de juzgar tu comida y parecen ya tener un favorito. En especial, uno de ellos, que grita y jalea instigando al público a hacer aún más ruido. Una cara familiar, una vez más, pues recuerdas que es el otro de los dos hombres sospechosos que entraron al local.
—Siento interrumpirles, querido público. Yo también deseo más de nuestro querido Pocuse, Pero mi deber es anunciar a nuestra última participante. La hermosísima chica Oni, Mercedes Benz. Su participación ha sido tan apresurada que aún no sabemos qué nos va a traer hoy. Querida, ¿podrías presentarte a ti y a tu plato?
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