01-09-2025, 06:56 PM
Joe parecía decidido a echarle la mano a la piedra de fuego, brillante como si fuese creada de la misma esencia del propio volcán. Fuguwu y yo habíamos sentido en nuestras pieles que la obtención de estas piedras parecía tener algún tipo de trampa, por lo que observaba al vicealmirante atento y mirando a los alrededores por si algo extraño volvía a suceder, manteniéndome en guardia y con arena arremolinándose alrededor de mis manos como si fuesen pequeños tifones. Repitiéndose como en Sabaody cuando se levantó como una muralla protectora, de nuevo Joe tomó la forma de esa inmensa tortuga de los mitos, irguiéndose ante nosotros y con una total convicción para tomar la segunda de las piedras. Y en cuanto tomó contacto con ella, su voz retumbó por el cráter, fruto del esfuerzo y el dolor.
Yo no soy médico pero tampoco hacía falta serlo para observar que las secuelas del contacto directo tenían mala pinta pero, por suerte, Fuguwu sí lo era y acudió a atenderle, al igual que Karl que siempre era de gran ayuda por los poderes que le otorgaba el fénix. Mi atención sin embargo se la llevó el terremoto que se originó poco después a que Joe retirase la piedra, como si hubiese activado algo al igual que nosotros activamos aquella cueva con la piedra lunar. Unas gotas de sudor provocadas por la tensión y la preocupación podrían caer por el lateral de mi cara... en caso de que mi cuerpo fuese normal y no de arena. Como yo no sudaba, lo único que podía pensar era en rezar para que ese terremoto no provocase que el volcán erupcionase con nosotros dentro. Karl sugirió que nos moviésemos del lugar, la noche acechaba — Hay algo que no logro entender de esta isla, parece que tiene vida propia, ¿me seguís? — dije en alusión al terremoto que se acababa de provocar, sumado al misterio que envolvió la piedra lunar — me gusta su carácter rebelde, me siento identificado con ella... pero vamos a domarla y a hacerla nuestra ¡kakahaha!
Tras ello procedimos a descender por el mismo sendero por el que habíamos llegado, esta vez sin que la oscuridad nos envolviese completamente ni se formase un laberinto en el camino de vuelta. Abandonar el área volcánica antes de que anocheciese completamente para poder establecer un campamento era la opción más segura y necesaria, yo me sentía bastante cansado después del día tan ajetreado. Cuando por fin encontramos un lugar con buena pinta, Fuguwu empezó a tratar los problemas estomacales de Karl, a la vez que las quemaduras de Joe. — Eh, Fuguwu, a mí todavía me quedan mis cantimploras. Si necesitas agua házmelo saber, al fin al cabo yo soy el desierto mismo, yo no me deshidrato, yo deshidrato cosas... yo soy la deshidratación ¡kakahaha! — bromeaba haciéndole saber a mi compañero que teníamos más recursos posibles.
Mi experiencia como navegante, guiándome por el propio cielo, me hacía calcular a ojo que nos quedarían ocho horas, más o menos, hasta que la luz del sol volviese a bañar la isla por lo que haciendo guardias de dos horas cada uno podríamos estar seguros. Mientras mi amigo gyojin se ocupaba de los enfermos y los malheridos, comencé a asegurar la zona a nuestro alrededor. A través de mis dos brazos comencé a emitir arena hacia el suelo, rodeándonos para poder dormir al menos con unas paredes y estar simplemente tirados en medio de la nada. Seguí moviéndome en círculos mientras la arena empezó a apilarse como si fuese una especie de muralla o trinchera improvisada, hasta que la acumulé haciendo una fortificación de tres metros de alto — Listo. Así podremos evitar que otro ejército de hienas puedan atacarnos... aunque a mí me da igual que me muerdan.
De repente pude oír como Karl empezaba a recuperarse, puesto que se le dio por cantar. Animado, salté subiéndome a mi propia fortificación de arena — Te acompaño, Karl — rápidamente saqué los cordones de mis botas, pisando la punta de ellos contra el suelo y estirándolos hacia arriba para improvisar un instrumento de cuerdas. Acompañé el ritmo haciendo beatbox, comenzando a producir una instrumental de bossa nova, típica de mi isla.
La noche nos había envuelto por completo y lo único que podía ver era lo que iluminaba la piedra lunar que tenía conmigo. Tras un rato haciendo una orquesta con Karl, empecé a sentirme cansado — Creo que mejor descansaré un rato, necesito recuperar energía. Tomaré el tercer turno de guardia, estoy acostumbrado a dormir ratos sueltos navegando — Y tras ello, bajé de los muros de arena hacia el interior del círculo, volviendo a poner los cordones en mis botas y quitándome la capa de comodoro para doblarla e improvisar una almohada. En cuanto me despertasen para cubrir el tercer turno de guardia, vigilaría con mi waki de observación, ocultándome en mi forma elemental entre las paredes de la fortificación para estar escondido.
Yo no soy médico pero tampoco hacía falta serlo para observar que las secuelas del contacto directo tenían mala pinta pero, por suerte, Fuguwu sí lo era y acudió a atenderle, al igual que Karl que siempre era de gran ayuda por los poderes que le otorgaba el fénix. Mi atención sin embargo se la llevó el terremoto que se originó poco después a que Joe retirase la piedra, como si hubiese activado algo al igual que nosotros activamos aquella cueva con la piedra lunar. Unas gotas de sudor provocadas por la tensión y la preocupación podrían caer por el lateral de mi cara... en caso de que mi cuerpo fuese normal y no de arena. Como yo no sudaba, lo único que podía pensar era en rezar para que ese terremoto no provocase que el volcán erupcionase con nosotros dentro. Karl sugirió que nos moviésemos del lugar, la noche acechaba — Hay algo que no logro entender de esta isla, parece que tiene vida propia, ¿me seguís? — dije en alusión al terremoto que se acababa de provocar, sumado al misterio que envolvió la piedra lunar — me gusta su carácter rebelde, me siento identificado con ella... pero vamos a domarla y a hacerla nuestra ¡kakahaha!
Tras ello procedimos a descender por el mismo sendero por el que habíamos llegado, esta vez sin que la oscuridad nos envolviese completamente ni se formase un laberinto en el camino de vuelta. Abandonar el área volcánica antes de que anocheciese completamente para poder establecer un campamento era la opción más segura y necesaria, yo me sentía bastante cansado después del día tan ajetreado. Cuando por fin encontramos un lugar con buena pinta, Fuguwu empezó a tratar los problemas estomacales de Karl, a la vez que las quemaduras de Joe. — Eh, Fuguwu, a mí todavía me quedan mis cantimploras. Si necesitas agua házmelo saber, al fin al cabo yo soy el desierto mismo, yo no me deshidrato, yo deshidrato cosas... yo soy la deshidratación ¡kakahaha! — bromeaba haciéndole saber a mi compañero que teníamos más recursos posibles.
Mi experiencia como navegante, guiándome por el propio cielo, me hacía calcular a ojo que nos quedarían ocho horas, más o menos, hasta que la luz del sol volviese a bañar la isla por lo que haciendo guardias de dos horas cada uno podríamos estar seguros. Mientras mi amigo gyojin se ocupaba de los enfermos y los malheridos, comencé a asegurar la zona a nuestro alrededor. A través de mis dos brazos comencé a emitir arena hacia el suelo, rodeándonos para poder dormir al menos con unas paredes y estar simplemente tirados en medio de la nada. Seguí moviéndome en círculos mientras la arena empezó a apilarse como si fuese una especie de muralla o trinchera improvisada, hasta que la acumulé haciendo una fortificación de tres metros de alto — Listo. Así podremos evitar que otro ejército de hienas puedan atacarnos... aunque a mí me da igual que me muerdan.
De repente pude oír como Karl empezaba a recuperarse, puesto que se le dio por cantar. Animado, salté subiéndome a mi propia fortificación de arena — Te acompaño, Karl — rápidamente saqué los cordones de mis botas, pisando la punta de ellos contra el suelo y estirándolos hacia arriba para improvisar un instrumento de cuerdas. Acompañé el ritmo haciendo beatbox, comenzando a producir una instrumental de bossa nova, típica de mi isla.
La noche nos había envuelto por completo y lo único que podía ver era lo que iluminaba la piedra lunar que tenía conmigo. Tras un rato haciendo una orquesta con Karl, empecé a sentirme cansado — Creo que mejor descansaré un rato, necesito recuperar energía. Tomaré el tercer turno de guardia, estoy acostumbrado a dormir ratos sueltos navegando — Y tras ello, bajé de los muros de arena hacia el interior del círculo, volviendo a poner los cordones en mis botas y quitándome la capa de comodoro para doblarla e improvisar una almohada. En cuanto me despertasen para cubrir el tercer turno de guardia, vigilaría con mi waki de observación, ocultándome en mi forma elemental entre las paredes de la fortificación para estar escondido.
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