02-09-2025, 06:23 PM
Ladeé la cabeza, dejando que mi cabello cayera como una cortina sedosa mientras una sonrisa se dibujaba en mis labios. —Oh honey, you dance beautifully… but you hit like a drunk sailor.— Jugueteé con el borde de mi hacha, dando un par de pasos hacia atrás como si toda esa tensión del anciano no fuera más que un viento ligero en medio de la pasarela que yo misma acababa de construir.
—Don’t get me wrong, mon amour, no estoy aquí para arrebatarle la gloria a nadie. El niño lloraba, el matón rugía y yo… well, I was just shining. — Dejé que mi voz se enroscara en el aire como perfume caro, dulce y peligroso al mismo tiempo. Miré de reojo a Kokotaro, con esa chispa maliciosa que siempre prende en mis pupilas. —He learned something tonight, sweetie. That even tears are part of the show. — Cuando Akaribon soltó su amenaza, ni me moví. Ni un pestañeo, solo una risita traviesa escapó de mi garganta. —Relax, sugar. I didn’t come to steal your student, aunque si lo quisiera— incliné el rostro hasta quedar a un suspiro del anciano, — I would make him beg for more. —
Me retiré con un giro teatral, dejando que el filo de mi hacha brillara bajo la tenue luz de la calle y mis labios dejaron escapar un susurro que sonó más como una caricia que como un aviso —But tonight… was just a taste. — Cuando el anciano terminó por agradecerme, palmeé mis manos despacio, como si aplaudiera la última escena de una obra. —Merci, darling. Justice is boring, but drama? Drama is unforgettable. —Con un último guiño, dejé que el eco de mis zapatos se alejara, marcando un compás que convertía aquel callejón en mi pasarela.
Y entonces lo escuché, Okama Kenpō. Mis labios se curvaron lentamente, dejando escapar un —Oh la la— cargado de picardía. El simple nombre me hizo alzar la barbilla, fascinada, como si acabara de descubrir una joya oculta en un baúl polvoriento. —Now that’s interesting, darling.— El contraste entre disciplina y extravagancia era demasiado tentador, demasiado mío. —Strength with style? Power with drama? Sounds like a perfect duet.— Y mientras la idea se quedaba palpitando en mi cabeza, supe que tarde o temprano tendría que verlo con mis propios ojos, porque si había un arte marcial nacido del espectáculo, entonces ese era un escenario que me pertenecía.
—Don’t get me wrong, mon amour, no estoy aquí para arrebatarle la gloria a nadie. El niño lloraba, el matón rugía y yo… well, I was just shining. — Dejé que mi voz se enroscara en el aire como perfume caro, dulce y peligroso al mismo tiempo. Miré de reojo a Kokotaro, con esa chispa maliciosa que siempre prende en mis pupilas. —He learned something tonight, sweetie. That even tears are part of the show. — Cuando Akaribon soltó su amenaza, ni me moví. Ni un pestañeo, solo una risita traviesa escapó de mi garganta. —Relax, sugar. I didn’t come to steal your student, aunque si lo quisiera— incliné el rostro hasta quedar a un suspiro del anciano, — I would make him beg for more. —
Me retiré con un giro teatral, dejando que el filo de mi hacha brillara bajo la tenue luz de la calle y mis labios dejaron escapar un susurro que sonó más como una caricia que como un aviso —But tonight… was just a taste. — Cuando el anciano terminó por agradecerme, palmeé mis manos despacio, como si aplaudiera la última escena de una obra. —Merci, darling. Justice is boring, but drama? Drama is unforgettable. —Con un último guiño, dejé que el eco de mis zapatos se alejara, marcando un compás que convertía aquel callejón en mi pasarela.
Y entonces lo escuché, Okama Kenpō. Mis labios se curvaron lentamente, dejando escapar un —Oh la la— cargado de picardía. El simple nombre me hizo alzar la barbilla, fascinada, como si acabara de descubrir una joya oculta en un baúl polvoriento. —Now that’s interesting, darling.— El contraste entre disciplina y extravagancia era demasiado tentador, demasiado mío. —Strength with style? Power with drama? Sounds like a perfect duet.— Y mientras la idea se quedaba palpitando en mi cabeza, supe que tarde o temprano tendría que verlo con mis propios ojos, porque si había un arte marcial nacido del espectáculo, entonces ese era un escenario que me pertenecía.
