02-09-2025, 11:56 PM
(Última modificación: 05-09-2025, 06:53 PM por Onizuka Jin.)
Sus ojos, afilados y cargados de una amenaza silenciosa, ahora descendieron hasta el joven. Estaba cargado de calma, sin impaciencia, como si lo tuviera todo bajo control. Quizás así fuera. La sonrisa de hecho se desvaneció en el instante que mencionó a un individuo; Uker Rackham. Bien, estaba mintiendo. De no haber sido por el encuentro previo que había tenido que tener, probablemente habría caído, creyendo que era ese cobarde.
Retiró una de sus manos, la izquierda, de su bolsillo y la colocó en el hombro ajeno, acercando ahora su rostro hasta él, hablando en un tono mucho más bajo, más calmado, pero que ahora sí era capaz de hacer temblar al hombre más duro.
Amenaza directa, sin un solo atisbo de duda. —Así que te recomiendo que me sigas, si no quieres que se haga realidad. Aprovecha que estoy de buen humor. — elevó de nuevo su cuerpo, de nuevo. Había procurado que solo él lo escuchara. ¿Lo gracioso? Es que gracias a su afilado sentido acústico podía escuchar el repiqueteo, muy leve y suave, de las monedas en el ajeno. No, no era capaz de verlo, pero sí sabía qué estaba haciendo con el sonido. Pese a ello, solo retiró una cajetilla de tabaco, sacando un cigarrillo y una mano se acercó a él, con uno de los mecheros abriéndose. Jin solo volteó la mirada, con calma, viendo que era uno de sus hombres. Encendió el cigarrillo.
El humo comenzó a volar en el aire. Lo hizo sutilmente, dejándole a entender que sabía lo que estaba haciendo, sin que nadie más que ellos dos lo comprendiera, o los problemas serían mayores. Quizás sus hombres se le lanzarían encima, quizás otros podrían verlo hacer el cambio. —Solo quiero hablar de negocios. Entre tú y yo. Dejaré a mis hombres fuera de esto si eres un buen chico, no me mientes, no robas y hablamos. — sus ojos volvieron de nuevo a Owen, afilados, sin temor, con calma. —He escuchado rumores de ti… rumores que me gustaría poder conversar… Y me agrada la gente que molesta a la Marina. — Le daría ahora el beneficio de poder pensar mejor sus acciones. Si intentaba huir, no había problema alguno. No solo por sus reflejos, sus hombres ya habían rodeado por completo todo el casino. Tenía experiencia en ese tipo de escapadas gracias a los deudores de los que se encargaba.
Retiró una de sus manos, la izquierda, de su bolsillo y la colocó en el hombro ajeno, acercando ahora su rostro hasta él, hablando en un tono mucho más bajo, más calmado, pero que ahora sí era capaz de hacer temblar al hombre más duro.
![[Imagen: oVEzXva.png]](https://i.imgur.com/oVEzXva.png)
—Si fueras ese cobarde cocinero, ahora mismo estarías siendo ejecutado.
Amenaza directa, sin un solo atisbo de duda. —Así que te recomiendo que me sigas, si no quieres que se haga realidad. Aprovecha que estoy de buen humor. — elevó de nuevo su cuerpo, de nuevo. Había procurado que solo él lo escuchara. ¿Lo gracioso? Es que gracias a su afilado sentido acústico podía escuchar el repiqueteo, muy leve y suave, de las monedas en el ajeno. No, no era capaz de verlo, pero sí sabía qué estaba haciendo con el sonido. Pese a ello, solo retiró una cajetilla de tabaco, sacando un cigarrillo y una mano se acercó a él, con uno de los mecheros abriéndose. Jin solo volteó la mirada, con calma, viendo que era uno de sus hombres. Encendió el cigarrillo.
![[Imagen: 6Gj7XEb.jpg]](https://i.imgur.com/6Gj7XEb.jpg)
—Si lo que necesitas es que no te quite esas monedas, llegaremos a un trato.
El humo comenzó a volar en el aire. Lo hizo sutilmente, dejándole a entender que sabía lo que estaba haciendo, sin que nadie más que ellos dos lo comprendiera, o los problemas serían mayores. Quizás sus hombres se le lanzarían encima, quizás otros podrían verlo hacer el cambio. —Solo quiero hablar de negocios. Entre tú y yo. Dejaré a mis hombres fuera de esto si eres un buen chico, no me mientes, no robas y hablamos. — sus ojos volvieron de nuevo a Owen, afilados, sin temor, con calma. —He escuchado rumores de ti… rumores que me gustaría poder conversar… Y me agrada la gente que molesta a la Marina. — Le daría ahora el beneficio de poder pensar mejor sus acciones. Si intentaba huir, no había problema alguno. No solo por sus reflejos, sus hombres ya habían rodeado por completo todo el casino. Tenía experiencia en ese tipo de escapadas gracias a los deudores de los que se encargaba.
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