Un desastre tras otro // Pasado. Priv.
#17
Jin pudo oír los gritos de aquella loca que no tenía sentido del pensamiento. Por un lado, era satisfactorio, por otro, solo deseaba que le pusieran un condenado bozal y dejar de escuchar sus chillidos. Era todo lo que había escuchado desde el momento de conocerla, por no mencionar que le había arruinado todo lo que ya estaba preparando.

Por otro lado, la mujer, al ver a la joven caerse de la nada, se agachó a tratar de sujetarla, junto a Uker. Ni siquiera tuvo el tiempo de responder al hombre, pero comprendía que no quisiera su cercanía. No parecía estar tan grave como ella. La mujer sostuvo la pierna de la herida, tratando de examinarla, sin siquiera alcanzar la zona del agujero de bala. —Señorita, por favor. Ni siquiera la estoy tocando. Está exagerando.

Sus palabras sonaban firmes, pero suaves, a diferencia de las de Jin, quien estaba terminando de hacer las últimas reparaciones. —Solo respire, como dice el señor. — Introdujo la mano en el interior de su ropa, retirando un pequeño bolso y lo abrió, retirando del interior unas pequeñas pinzas. —Esto será un poco incómodo, solo respire. Es mejor que le duela un poco a que se le infecte con la bala dentro. — pudo ver el arma cerca de su propio rostro, pero no se asustó, solo pausó su mano por un momento, contemplando el arma, y a la mujer, hasta que se calmara. —Señorita, deje de exagerar. No voy a cortarle la pierna, solo sanarla y evitar el sangrado.

Suspiró largamente, ahora sí, introduciendo con mucho cuidado la pinza. Miró a los hombres, haciéndoles una señal. —Agarren su pierna, si se mueve demasiado, podría dañarla. — los hombres, inseguros, miraban a Jin, quien estaba demasiado lejos para ver la situación, pero no lo suficiente para no escucharla con su afilado oído. Solo terminaron, entre los dos, sujetando los dos extremos de la pierna, mientras la mujer realizaba la labor. Las pinzas se introdujeron, cada vez más profundo, por el orificio de bala. Los movimientos eran quirúrjicos, su concentración estaba al máximo, buscando evitar el daño en la medida de lo posible. Finalmente, las pinzas alcanzaron el objeto y, con precisión, pudo sostener la bala, retirándola despacio para evitar dañar cartílagos y músculos, hasta que finalmente lo logró. La bala se retiró, cargada de sangre, y la dejó a un lado junto a las pinzas, apretando ahora la herida para evitar el sangrado abundante. —Voy a hacer un torniquete, hay que evitar que se desangre. Cinturones. Ahora.

La mirada iba hacia los dos varones, quienes retiraron los cinturones de sus pantalones y se los entregaron a la mujer. Ella los utilizó para apretar ambos extremos de la pierna, evitando que la circulación fuera demasiado, y retiró su propio abrigo del traje, rompiéndolo. Tomó de nuevo del bolso ahora una aguja e hilo, haciendo un cosido con cuidado. Uno de emergencia, algo que evitara el sangrado mientras tanto. Aprovechando el traje roto, cubrió y ató con él la herida, retirando los cinturones, devolviéndolo a los hombres y dejando escapar un soplido después del trabajo realizado. Se sentó en el suelo, secándose el sudor de la frente que había corrido por la adrenalina.

—Con esto estará bien. Cuando zarpemos, igualmente, será necesario llevarla a urgencias, o podría dejarle una cicatriz. — emitió un suspiro, elevando su mirada hacia el contrario. —Señor, le recomiendo un poco de vigilancia, y evitar que realice movimientos bruscos, o se le podría reabrir la herida. Si no me necesita usted, me retiro con mi jefe. Gracias por su paciencia, y la ayuda. — la mujer se inclinó educadamente frente a Uker, antes de que Jin finalmente reapareciera con la orden, momento en que la mujer se retiró y los dejó a ambos.

Jin se acercó al que Uker estaba con la mujer, con su hombro apoyado en el umbral de la puerta. Su mirada seguía calmada, el humo de su cigarro volaba a su alrededor y sus brazos estaban cruzados mientras observaba sin emoción la situación. —No te recomiendo hacer promesas que no puedas cumplir. — apartó ligeramente su cuerpo, ahora abandonando el apoyo y acomodando sus manos en los bolsillos, elevando ligeramente su mentón. —Si es tan incapaz de soportar el dolor y una simple bala, es que no sirve de nada, y morirá dentro de nada con el poco cerebro que tiene. — Lo había visto miles de veces. No sabía si era una advertencia para alejar un posible e insensible pensamiento, o quizás para despertarlo de una realidad que no sabía que pudiera o no conocer. Sus ojos azul pálidos solo contemplaban al varón, tranquilo, calmado. Estaba de mal humor, podía sentir el gruñido de su propio estómago por el hambre, pero fingió que no existía.

Se dio media vuelta, en un movimiento suave con la mano como despedida. —Perdiste tu oportunidad, cocinero. — y, dicho esto, cerró la puerta tras de sí, viendo a los hombres frente a él. —Vigiladlos. Informadme si salen.

—¡Sí, jefe!

Con eso, ya solo necesitaba desahogarse. El hambre lo hacía viajar por recuerdos que no toleraba, no soportaba. Sus cejas se fruncieron, mientras finalmente entraba al camerino donde sabía que estaría la mujer, inmediatamente desabrochándose la camisa con una mano. Se retiró por completo la parte superior, cerrando la puerta en un momento, mirando a la mujer, que todavía estaba quieta, terminando de desvestirse, solo pudiendo apreciar su ropa interior. Elevó la mano, dando la última calada al cigarrillo.

[Imagen: PQbiG5a.jpg]
—¿A qué esperas? Desvístete.

Su voz fue más que suficiente para que la orden fuera acatada inmediatamente. ¿El resto? Es historia. Solo los sonidos de golpes, objetos cayendo, el sonido de gemidos… Con eso, al menos, era suficiente para desahogar su hambruna y molestia. Pensaría con más claridad después del acto.
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RE: Un desastre tras otro // Pasado. Priv. - por Onizuka Jin - 03-09-2025, 12:59 AM

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