23-09-2023, 08:56 PM
El grupo se había reunido. Kovashi ya estaba por allí, con su característico olor a petaca; Derya acababa de llegar, repartiendo afecto, como de costumbre, y dando un poco de vida al encuentro; y finalmente Khruner, con una nueva vestimenta muy... característica, podríamos decir. Un poncho verde de grandes dimensiones para alguien de grandes dimensiones, también. Don, sin embargo, no había aparecido todavía, a pesar de ser él quien había ideado el plan unas cuantas semanas atrás. Quizá ya estaba por allí, pero la visión de Enma quedaba bloqueada por las personas que lo rodeaban, quienes le sacaban un par de metros más. Al fin y al cabo, no era una persona excesivamente alta. – ¿Dónde estará...? – Se preguntaba mientras intentaba mantener la conciencia entre los brazos de Derya, quien casi le aplasta. Desde luego, había desarrollado demasiada fuerza.
No pasó mucho tiempo antes de que la ‘hecatombe’ se personificara en aquella minúscula plaza. El tumulto creado por aquella masificación de personas, sedientas de una nueva aventura, aunque muchas de ellas podrían llegar a morir en el intento, arrastró al grupo hasta los barcos, pudiendo apenas forcejear o incluso desplazarse hacia los lados. Poco a poco, Enma fue perdiendo visión de lo que sucedía a su alrededor, aunque todavía podía ‘seguir’ las voces de quienes ahora conformaban su ‘familia’. Empujones, gritos, enfados, incluso agresiones físicas a varias personas comenzaron a sucederse, una tras otra, en aquella agitada plaza. Sin poder pensar o reflexionar en lo que estaba sucediendo, Enma ya estaba subiendo las escaleras hacia uno de los barcos que estaban anclados en el puerto. En donde inicialmente había varios puestos de marines, ahora sólo quedaban restos de papeles y astillas, que en algún momento habían sido parte de algún mobiliario ahora destrozado por la agresividad que se palpaba en el ambiente. Nuestro protagonista se resignó y, cual hoja, se dejó llevar hasta donde la corriente lo estaba dirigiendo. Al fin y al cabo, su objetivo era subirse a bordo. Si por algún motivo acabara en un barco diferente al resto... seguro que tendría algún as bajo la manga.
Lo importante para él, en aquel momento, es que el grupo se había reunido. Otra vez. Estar subido en el barco le recordaba a Enma de aquellos inicios que, aunque parezca mentira, fueron hace escasos dos meses. Pero cómo pasa el tiempo... En fin. No dejemos que la nostalgia nos invada, y menos en un momento tan crucial como este. ¿Qué estaba sucediendo exactamente? Enma no era una persona con gran inteligencia emocional –al menos no la había desarrollado de una manera sana– pero sí inteligente, a secas. Estaba claro que algo estaba sucediendo en ese momento, pues no era casualidad que tantas personas se reunieran en aquel lugar y menos cuando muchas de ellas... eran piratas.
Y es que el oído del pelirrojo era uno de sus mejores sentidos. Durante los breves minutos que el encuentro con el resto del equipo, Enma desconectó para poder escuchar el murmullo de las personas, para identificar palabras claves y poder decodificar, de alguna manera, qué era lo que sucedía. El sonido del mar era demasiado fuerte, las olas chocaban de forma brava y las gaviotas no cesaban en su graznido. Sin embargo, antes de subir al barco, había logrado identificar algunas palabras que no lograra comprender por aquel entonces pero que pronto cobrarían sentido: “pirata”, “alas negras”, “escapar”...
Pero, de repente, y en un giro inesperado de los acontecimientos, los pensamientos de Enma se vieron entorpecidos por el graznido todavía más grave de las gaviotas que, a medida que sobrevolaban los barcos, dejaban de caer el periódico. Las noticias habían llegado y, con suerte, un poco de claridad. Varios periódicos inundaron, metafóricamente, la cubierta del barco, y uno de ellos fue a parar en la cabeza del pelirrojo. Y ahí estaba. Todo había cambiado. Enma agarró el diario con ambas manos y comenzó a leer. – Un nuevo almirante... muy joven... – Leía para sí. – Y este... ¿Kovashi? ¿¡Equipo!? – Exclamó para sí mismo, en un intento por ser prudente por el entorno que le rodeaba. No conocía a nadie y tampoco había logrado identificar al grupo, así por lo de ahora quería ser prudente, en la medida de lo posible. – Varios altercados... dejando a civiles y marines fallecidos o heridos de gravedad... – Volvió hacia atrás. – Dos osos y una joven gyojin... – Alzó la mirada al cielo, atónito y confuso. – ¿Y yo...? – Eso era lo único que le preocupaba. Continuó leyendo y logró ver algo que guardaba relación con lo que había escuchado previamente. – Un individuo de ascendencia Lunarian... alas negras... grande... Y esa imagen... – Podría ser que ese individuo hubiera estado en aquella plaza y que los marines estuvieran tras de él, aunque Enma nunca logró verlo debido a su altura y... a estar rodeado de personas de mil metros. Este periódico era una tremenda bomba cargando con munición de varios tipos y que apuntaba a todas direcciones, salvo al gobierno mundial. ¡Cómo no! – Pero... esta fiesta... Momoiro... Okama... – Siempre le había parecido un estilo de combate y de expresión interesante, pero ahora no era el momento de pensar en eso. Así que, garró el periódico con sólo una mano, apretándolo con fuerza, hasta dejarlo completamente arrugado e ilegible en algunos apartados, para posteriormente tirarlo al mar.
En ese momento, pudo escuchar un voz que sobresalía sobre el resto: “¡Capitán!”. Era Kovashi, que estaba en el lado opuesto de la cubierta en donde Enma se encontraba. La verdad es que no había reparado en esa parte, quizá porque se había sorprendido más por no haber aparecido, pero no le encontraba sentido a que él fuese catalogado como capitán. Aceleró un poco sus pasos entre aquella multitud y se aproximó al epicentro de la voz, en donde, ahora ya de forma visible a sus ojos, se encontraban el resto: Derya, Khruner y Don también. – Hola... – Murmuró mientras se acercaba a ellos. Se paró justo al lado de Khruner, quien no se acordaba de su nombre, para recordarle que... – Soy Enma... Vaya... Pensé que sólo afectaba a los peces la mala memoria... – Continuó. Centró su mirada en Kovashi, quien parecía estar bastante eufórico, para recordarle un pensamiento que tuvo nada más entrar en el grupo. – Me ha sorprendido veros... Y no encontrarme... – Suspira. – Pero lo más sorprendente... es que piensen que alguien como Kovashi pueda ser un capitán... ¿no? – Mira hacia el resto. – Pensaba que había que ser... paciente... y tener liderazgo... – Sentenció, mientras se colocaba una tirita en la mejilla. – ¿Qué pensáis que va a suceder ahora? – Preguntaba al resto, esperando una respuesta más positiva que negativa.
Rápidamente, se acercó al extremo de la proa para intentar observar algo que diera más claridad al asunto. ¿Acaso habían sido encerrados en un barco con un rumbo predeterminado? – Ara, ara... Esto va a ser problemático... – Murmuró, elevando la mirada al horizonte.
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