03-09-2025, 08:47 PM
Stroud se incorporó ante el revuelo, soltando la solapa del pobre desgraciado con el que la había tomado, y dejándolo caer al suelo de madera con un sonido seco. Suspiró, colocándose correctamente los puños de las mangas, y se frotó los nudillos. Miró abajo, contemplando los goterones de sangre, cerveza y quién sabe qué más desperdigados a lo largo de su vestimenta. Pasó el dorso de la mano por su propia nariz, manchándolo de un poco de su propia sangre, descubriendo que él mismo había acabado recibiendo en la refriega. Sacudió la cabeza, mirando a su alrededor, viendo cómo la estancia se vaciaba a mayor velocidad.
Se frotó los nudillos, doloridos, caminando entre los hombres inconscientes y magullados, entre gemidos y quejidos, entre borrachos que hacían lo posible por levantarse, imposibilitados por una mezcla de mareo y crujidos que sus cuerpos no deberían estar produciendo. Procuró que sus botas no se manchasen mientras la madera crujía bajo sus suelas; se percató de cómo los charquitos de sangre aquí y allá empezaban a filtrarse por las rendijas del suelo. Esperó que aquello no fuese a formar un desmadre también en la planta de abajo, compadeciéndose de Salomón.
"En su defensa, Gargantus, Salomón tenía tan poca idea como tú," afirmó, haciendo un ademán con la cabeza hacia el tabernero. "Para ser honestos, había venido aquí como civil, no como Marine. Las cosas simplemente se han torcido más de la cuenta, ¡y qué le voy a hacer!" se excusó, frotándose los nudillos con fruición.
Salió del local junto con el gigantón, que parecía encontrar la situación absolutamente hilarante. "Yo... yo creo que no es para tanto, hombre," dijo, alzando una ceja ante el incesante carcajeo del hombre, pero empezó a reírse él también. La sonrisa, sin embargo, se le congeló cuando el virote atravesó la cabeza de su interlocutor repentinamente, helando el ambiente. Le llovió un chorro de sangre encima, empapándolo, y el hombre se desplomó. "¡Eh! ¡Gar...! ¡Gargantus!" exclamó, agachándose y comprobando el pulso del enorme hombre, que parecía haberse extinguido inmediatamente. Aquello disipó enseguida cualquier rastro de alcohol que quedase en su organismo, poniendo cada uno de sus sentidos en alerta máxima. Sus afilados ojos examinaron los alrededores en silencio, mientras aún sujetaba la cabeza inerte de Gargantus sobre sus manos, empapadas de rojo.
Silencio. Salvo un puñado de curiosos que empezaban a acercarse a comprobar lo sucedido, quien quiera fue hubiese sido el responsable de aquello se había esfumado con la misma rapidez con que había disparado aquel virote. Su entrenamiento, y más aún, su infancia en Spider Miles, lo habían acostumbrado a la capacidad de detectar sospechosos a su alrededor, una suerte de sexto sentido que rozaba la paranoia y que, sin embargo, lo había mantenido vivo durante los años más duros de su juventud. No vio ninguna silueta que despertase aquella alarma, ningún sospechoso corriendo entre callejones, ninguna figura borrosa tras una ventana poco iluminada. Nada.
Con la respiración disparada, se limpió la abundante sangre de la cara, ignorando a la pequeña muchedumbre que había venido a cotillear, y examinó el virote que sobresalía de la cabeza del pobre Gargantus. "G.F-A". Stroud entrecerró los ojos mientras lo leía, intentando pensar qué podía ser aquello. ¿Había mencionado que era Marine? Solo entonces, la información de los últimos segundos antes del incidente empezaba a asentarse en la mente de Stroud, mientras el joven Marine lo intentaba procesar. Se incorporó, sacando su Den Den Mushi y llamando al cuartel de la isla, dispuesto a informar de lo sucedido. Sin embargo, estaba decidido a investigar por su cuenta y llegar al fondo de aquel asunto. La muerte de Gargantus no quedaría enterrada entre los papeles de la mesa de un burócrata.
Se frotó los nudillos, doloridos, caminando entre los hombres inconscientes y magullados, entre gemidos y quejidos, entre borrachos que hacían lo posible por levantarse, imposibilitados por una mezcla de mareo y crujidos que sus cuerpos no deberían estar produciendo. Procuró que sus botas no se manchasen mientras la madera crujía bajo sus suelas; se percató de cómo los charquitos de sangre aquí y allá empezaban a filtrarse por las rendijas del suelo. Esperó que aquello no fuese a formar un desmadre también en la planta de abajo, compadeciéndose de Salomón.
"En su defensa, Gargantus, Salomón tenía tan poca idea como tú," afirmó, haciendo un ademán con la cabeza hacia el tabernero. "Para ser honestos, había venido aquí como civil, no como Marine. Las cosas simplemente se han torcido más de la cuenta, ¡y qué le voy a hacer!" se excusó, frotándose los nudillos con fruición.
Salió del local junto con el gigantón, que parecía encontrar la situación absolutamente hilarante. "Yo... yo creo que no es para tanto, hombre," dijo, alzando una ceja ante el incesante carcajeo del hombre, pero empezó a reírse él también. La sonrisa, sin embargo, se le congeló cuando el virote atravesó la cabeza de su interlocutor repentinamente, helando el ambiente. Le llovió un chorro de sangre encima, empapándolo, y el hombre se desplomó. "¡Eh! ¡Gar...! ¡Gargantus!" exclamó, agachándose y comprobando el pulso del enorme hombre, que parecía haberse extinguido inmediatamente. Aquello disipó enseguida cualquier rastro de alcohol que quedase en su organismo, poniendo cada uno de sus sentidos en alerta máxima. Sus afilados ojos examinaron los alrededores en silencio, mientras aún sujetaba la cabeza inerte de Gargantus sobre sus manos, empapadas de rojo.
Silencio. Salvo un puñado de curiosos que empezaban a acercarse a comprobar lo sucedido, quien quiera fue hubiese sido el responsable de aquello se había esfumado con la misma rapidez con que había disparado aquel virote. Su entrenamiento, y más aún, su infancia en Spider Miles, lo habían acostumbrado a la capacidad de detectar sospechosos a su alrededor, una suerte de sexto sentido que rozaba la paranoia y que, sin embargo, lo había mantenido vivo durante los años más duros de su juventud. No vio ninguna silueta que despertase aquella alarma, ningún sospechoso corriendo entre callejones, ninguna figura borrosa tras una ventana poco iluminada. Nada.
Con la respiración disparada, se limpió la abundante sangre de la cara, ignorando a la pequeña muchedumbre que había venido a cotillear, y examinó el virote que sobresalía de la cabeza del pobre Gargantus. "G.F-A". Stroud entrecerró los ojos mientras lo leía, intentando pensar qué podía ser aquello. ¿Había mencionado que era Marine? Solo entonces, la información de los últimos segundos antes del incidente empezaba a asentarse en la mente de Stroud, mientras el joven Marine lo intentaba procesar. Se incorporó, sacando su Den Den Mushi y llamando al cuartel de la isla, dispuesto a informar de lo sucedido. Sin embargo, estaba decidido a investigar por su cuenta y llegar al fondo de aquel asunto. La muerte de Gargantus no quedaría enterrada entre los papeles de la mesa de un burócrata.
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