04-09-2025, 09:04 AM
La pelea había llegado a su fin. Karamatsu, tras levantarse con gran esfuerzo y en un acto que se ganó todo el respeto y admiración por parte de Fyodor, puso de lado su orgullo por el bienestar y la salud de un Choromatsu que, por suerte, únicamente se encontraba inconsciente a los pies del enorme mink tigre tras haber perdido la batalla contra él.
Los rojos y analíticos ojos del lunarian, ocultos detrás de su calavérica máscara, recorrieron velozmente toda la arena, encontrando a los 3 hermanos restantes derrotados por su propio ego. Fyodor sabía que, si los 5 hermanos hubiesen trabajado en equipo, Krysser y él no habrían tenido ninguna posibilidad de salir victoriosos de aquél combate, sobretodo cuando sus otros 3 compañeros habían hecho una actuación tan bochornosa como para recibir el abucheo unánime de todo el estadio.
Los siguientes minutos fueron conmovedores para un Fyodor que recordó a la familia que había dejado atrás. La escena protagonizada por Todomatsu le demostró que los auténticos ganadores de aquella pelea habían sido los hermanos Matsu que, pese a haber sido derrotados por la extraña dupla mink-lunarian, habían recuperado lo que tiempo atrás perdieron... Su familia.
Las negras alas de Fyodor temblaron levemente, como si su propio cuerpo tratase de sacarle del trance en el que se había metido observando la conmovedora escena de los hermanos Matsu. La tétrica figura del lunarian se alzaba solitaria en el centro de la arena, siendo el guardián silencioso y lejano de un Krysser que se había acercado a los hermanos para reconocer su valía y conversar con el promotor del combate bajo la atenta mirada del lunarian que, mientras esperaba el regreso de su compañero, disfrutaba de una cucaracha seca que había sacado de uno de los compartimentos de su canana.
- Ha sido una buena pelea. - Reconoció tras recolocarse la mascara el lunarian a su compañero en cuanto estuvo lo suficientemente cerca, chocando puños en aquél saludo que sellaba el final de aquella primera pelea juntos.
No hizo falta decir nada más mientras abandonaban la arena de combate, con el sol del atardecer bañando todo el estadio y bajo la aprobación de un público que guardaría en su memoria a aquella peculiar dupla. Ambos sabían que les faltaba todavía un largo camino por recorrer y que necesitaban volverse mucho más fuertes.
Los rojos y analíticos ojos del lunarian, ocultos detrás de su calavérica máscara, recorrieron velozmente toda la arena, encontrando a los 3 hermanos restantes derrotados por su propio ego. Fyodor sabía que, si los 5 hermanos hubiesen trabajado en equipo, Krysser y él no habrían tenido ninguna posibilidad de salir victoriosos de aquél combate, sobretodo cuando sus otros 3 compañeros habían hecho una actuación tan bochornosa como para recibir el abucheo unánime de todo el estadio.
Los siguientes minutos fueron conmovedores para un Fyodor que recordó a la familia que había dejado atrás. La escena protagonizada por Todomatsu le demostró que los auténticos ganadores de aquella pelea habían sido los hermanos Matsu que, pese a haber sido derrotados por la extraña dupla mink-lunarian, habían recuperado lo que tiempo atrás perdieron... Su familia.
Las negras alas de Fyodor temblaron levemente, como si su propio cuerpo tratase de sacarle del trance en el que se había metido observando la conmovedora escena de los hermanos Matsu. La tétrica figura del lunarian se alzaba solitaria en el centro de la arena, siendo el guardián silencioso y lejano de un Krysser que se había acercado a los hermanos para reconocer su valía y conversar con el promotor del combate bajo la atenta mirada del lunarian que, mientras esperaba el regreso de su compañero, disfrutaba de una cucaracha seca que había sacado de uno de los compartimentos de su canana.
- Ha sido una buena pelea. - Reconoció tras recolocarse la mascara el lunarian a su compañero en cuanto estuvo lo suficientemente cerca, chocando puños en aquél saludo que sellaba el final de aquella primera pelea juntos.
No hizo falta decir nada más mientras abandonaban la arena de combate, con el sol del atardecer bañando todo el estadio y bajo la aprobación de un público que guardaría en su memoria a aquella peculiar dupla. Ambos sabían que les faltaba todavía un largo camino por recorrer y que necesitaban volverse mucho más fuertes.
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