04-09-2025, 08:56 PM
(Última modificación: 04-09-2025, 09:15 PM por Mercedes Benz.)
El calor del lugar me abrazó como fuego apenas crucé la puerta. El aire estaba cargado de ron, perfume barato y sudor, pero yo lo respiré como si fuera brisa marina. Caminé con paso firme hacia los reservados, y aunque las luces estroboscópicas parpadeaban de mil colores, mi memoria me capturaba cada rostro, cada gesto, cada vaso alzado. Sé qué copa pidió ese hombre en la barra, sé cómo se le escapó la risa falsa al gordo de la mesa de la derecha, y sé que el camarero con la camisa rota escondió una botella bajo la barra. No olvido nada.
Las miradas no tardaron en caer sobre mí. Mi bufanda morada ondeaba sobre mi vestido, marcando mis curvas con descaro, y el brillo de mis pendientes hacía que algunos se quedaran embobados. Yo solté una carcajada fuerte, inconfundible. —WUAWUAWUAWUAWA—. Más de uno giró la cabeza, claro, ¿cómo no iban a hacerlo? Soy demasiado ruidosa para pasar desapercibida, y demasiado alegre para que alguien me odie al primer vistazo, además soy tan hermosa que incluso cocinando soy una obra de arte como mis platillos.
Me acomodé en el reservado vacío, dejando que los demás VIP me observaran de reojo. Ellos tenían compañía comprada y risas ensayadas, yo tenía mi exceso de confianza que me envolvía como armadura. Me senté con una pierna cruzada y el pecho firme, como quien no necesita presentación, un camarero se me acercó casi tartamudeando, y yo le sonreí amplia, extrovertida, como si lo conociera de toda la vida. —Tráeme un roncito de esos fuertes con miel de caña. — Le pedí ron, uno de esos que dejaban caer un como un golpe en la garganta. —Casi lo olvido chiquitin, tráeme un plato e’ frutas frescas pa’ aliviar el ambiente — Él me miró dos segundos de más, y yo lo dejé, hehe. ¿Quién le va a negar un vistazo a esta belleza?
El vaso llegó pronto, y lo levanté en alto antes de probarlo. El fuego del ron bajó por mi garganta, pero mi cuerpo ya está acostumbrao’, yo bebo como pez en agua, y todavía sigo de pie, mon. Bebí otro sorbo sin pestañear, disfrutando el calor en el pecho mientras el ruido del lugar crecía.
El escenario se llenaba de torpes que trataban de brillar, y la pista se movía como un mar humano, y yo solo miraba, con esa seguridad desbordante de que nada ni nadie me intimida, podían llenarse de lujos, de diamantes falsos o de compañía barata y yo, sola en mi mesa, ya estaba brillando más que toitos’ ellos. Me recosté contra el respaldo, tamborileando los dedos en la mesa y dejando que mi risa volviera a reventar contra las paredes. —WUAWUAWUAWUAWA—. Que Samba entera se entere, esta noche, el silencio no es una opción.
Las miradas no tardaron en caer sobre mí. Mi bufanda morada ondeaba sobre mi vestido, marcando mis curvas con descaro, y el brillo de mis pendientes hacía que algunos se quedaran embobados. Yo solté una carcajada fuerte, inconfundible. —WUAWUAWUAWUAWA—. Más de uno giró la cabeza, claro, ¿cómo no iban a hacerlo? Soy demasiado ruidosa para pasar desapercibida, y demasiado alegre para que alguien me odie al primer vistazo, además soy tan hermosa que incluso cocinando soy una obra de arte como mis platillos.
Me acomodé en el reservado vacío, dejando que los demás VIP me observaran de reojo. Ellos tenían compañía comprada y risas ensayadas, yo tenía mi exceso de confianza que me envolvía como armadura. Me senté con una pierna cruzada y el pecho firme, como quien no necesita presentación, un camarero se me acercó casi tartamudeando, y yo le sonreí amplia, extrovertida, como si lo conociera de toda la vida. —Tráeme un roncito de esos fuertes con miel de caña. — Le pedí ron, uno de esos que dejaban caer un como un golpe en la garganta. —Casi lo olvido chiquitin, tráeme un plato e’ frutas frescas pa’ aliviar el ambiente — Él me miró dos segundos de más, y yo lo dejé, hehe. ¿Quién le va a negar un vistazo a esta belleza?
El vaso llegó pronto, y lo levanté en alto antes de probarlo. El fuego del ron bajó por mi garganta, pero mi cuerpo ya está acostumbrao’, yo bebo como pez en agua, y todavía sigo de pie, mon. Bebí otro sorbo sin pestañear, disfrutando el calor en el pecho mientras el ruido del lugar crecía.
El escenario se llenaba de torpes que trataban de brillar, y la pista se movía como un mar humano, y yo solo miraba, con esa seguridad desbordante de que nada ni nadie me intimida, podían llenarse de lujos, de diamantes falsos o de compañía barata y yo, sola en mi mesa, ya estaba brillando más que toitos’ ellos. Me recosté contra el respaldo, tamborileando los dedos en la mesa y dejando que mi risa volviera a reventar contra las paredes. —WUAWUAWUAWUAWA—. Que Samba entera se entere, esta noche, el silencio no es una opción.
Resumen
Vestimenta

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