24-09-2023, 09:55 AM
La alegría de Derya era enorme cuando vio la reacción de Kovashi a su regal. Sus palabras fueron cortas, pero suficientes como para saber que le había hecho ilusión. Más ilusión le hacía a ella regalar cosas, aunque fueran pequeñas tonterías. — Me alegro de que te guste. — Y sonrió cuando notó la mano de Kovashi contra su rostro. Derya no se dio cuenta de cuándo había llegado Don Bambú, estaba perdida en sus propios pensamientos. El panda le saludó como cualquier cosa, como si se hubieran visto hace unas horas. En cambio, la gyojin se lanzó contra él en un estrecho abrazo. — ¡Don Bambú! ¿Cómo que "perdón, no te había visto"? Ya, ¡llevamos sin vernos como un mes! — Y le dio un pequeño golpe en el estómago, separándose de él. Desde luego, que tranquilito era siempre el oso. — Que sepas que estoy cuidando bien de tu libro, eh, aunque aún no lo he acabado. — Le dijo con una sonrisilla curvada. Kovashi empezó a hablar con él, sobre todo sobre la noticia del almirante adolescente, aunque también mencionó el acto de los revolucionarios, reventando una base marine. — Tenemos que conocer a esa gente, son la hostia. — La verdad es que ahora que podían hablarlo con un poco más de calma, había información interesantísima en el periódico que no le dio tiempo a la gyojin de leerlo detenidamente. Le llamaba mucho la atención el casino de Arabasta... En general, Arabasta le generaba curiosidad, aunque aquello debería de ser como el infierno para una gyojin como ella, sin ápice de agua, o muy poca, y aquel abrasador sol.
No mucho después apareció Khruner de nuevo, que rápidamente se puso a hablar con el grupo. Kovashi mencionó al tipo que le doblaba la recompensa, cartel en el que ella también se había fijado. Sin embargo, su nombre era rarísimo. — Y.L.C.Y.3, ¿esto es un nombre? ¿Y cómo se pronuncia? ¿Ieleceitres o Ilcitres? — Hablaba un poco bajo, estaba más bien divagando, no hablándole a nadie en concreto. — ¿Su madre le puso ese nombre? — Ya no podía dejar de pensar en ello. Y llegó Enma. Salió de su mente para escuchar lo que opinaba sobre el posible liderazgo de Kovashi y no pudo contener una gran risa. Era increíble la habilidad que tenía ese chico para soltar lo primero que se le pasaba por la cabeza. O sea, ella también pecaba de ser demasiado sincera, pero sabía contener algunos pensamientos, él no. Aquello provocó que Kovashi le respondiera con uno de sus discursos. No sabía porqué, pero siempre que hablaba así, se sentía como obligada a escuchar sin interrumpir. — Bueno, técnicamente el periódico menciona que nos lideraste tú... Pero no que seas capitán. — Se encogió de hombros, llevaba una sonrisilla en el rostro. — ¡Así que mi candidatura sigue abierta! Chicos, votadme. Encima, mirad. Ahora que tenemos un rato de calma y que estamos todos juntos. — Empezó a rebuscar en la mochila de nuevo. — Os doy vuestros regalos. Este para Enma, este para ti Khruner, y por último Don. — Fue dejando en las manos de cada uno una cosa diferente. A Enma le dio una figurita de madera tallada, como la que le había hecho a Kovashi, solo que esta figura era de un cuervo que se posaba en una roca. Derya conocía el gusto que tenía el chico por los cuervos, así que imaginó que le gustaría. A Khruner le dio un cuaderno con dibujos de plantas medicinales que había por el Grand Line. Apenas tenía palabras, pues Derya imaginaba que le costaba un poco leer, así que solo puso los nombres de las islas encima de cada planta. Y a Don le regaló un libro, cómo no. Pero no era un libro cualquiera, este le llamó la atención porque el título decía "Skypiea: mito o realidad", y por lo que había hablado un poco con Don Bambú anteriormente, sabía que la arqueología le llamaba la atención, sobre todo porque el libro mencionaba que era posible que allí arriba hubiera un poneglyph... Pero bueno, eso sería hacer spoiler del libro.
A todo esto, el barco ya había zarpado junto con el resto de los otros. Hasta el punto en el que habían comenzado a subir por la corriente de la Red Line. La gente empezó a sumirse en el caos, pues no, no había navegante, nadie estaba al mando de aquel navío. La embarcación se movía de un lado a otro, dando tumbos e incluso chocando con alguna que otra roca. Si nadie hacía algo pronto, se irían todos a dormir con los peces, cosa que a ella no le disgustaba, pero al resto sí, sobre todo a los usuarios de fruta que había allí presentes. Rápidamente Derya reaccionó y fue haciéndose paso entre la asustada multitud hasta llegar a su destino. — ¡Calma todo el mundo! — Agarró el timón con fuerza y enseguida se notó que el barco había dejado de ir de un lado a otro, el navío se estabilizó, siguiendo ahora un rumbo recto. La gente presente dejó de gritar para girarse y mirarla. — ¡Ya está aquí la navegante! — Gritó con una sonrisa. El barco seguía temblando, pues no dejaban de estar navegando sobre una corriente que ascendía de forma vertical, pero al menos ahora había un control. — ¡Agarraos bien! — Derya tuvo que usar toda su fuerza para sujetar aquel timón que luchaba por huir de su control, pero no lo dejó escapar, afianzó su agarre con ira y determinación: se lo estaba pasando pipa. En poco tiempo llegarían a la cima, y luego, la inevitable caída libre.
No mucho después apareció Khruner de nuevo, que rápidamente se puso a hablar con el grupo. Kovashi mencionó al tipo que le doblaba la recompensa, cartel en el que ella también se había fijado. Sin embargo, su nombre era rarísimo. — Y.L.C.Y.3, ¿esto es un nombre? ¿Y cómo se pronuncia? ¿Ieleceitres o Ilcitres? — Hablaba un poco bajo, estaba más bien divagando, no hablándole a nadie en concreto. — ¿Su madre le puso ese nombre? — Ya no podía dejar de pensar en ello. Y llegó Enma. Salió de su mente para escuchar lo que opinaba sobre el posible liderazgo de Kovashi y no pudo contener una gran risa. Era increíble la habilidad que tenía ese chico para soltar lo primero que se le pasaba por la cabeza. O sea, ella también pecaba de ser demasiado sincera, pero sabía contener algunos pensamientos, él no. Aquello provocó que Kovashi le respondiera con uno de sus discursos. No sabía porqué, pero siempre que hablaba así, se sentía como obligada a escuchar sin interrumpir. — Bueno, técnicamente el periódico menciona que nos lideraste tú... Pero no que seas capitán. — Se encogió de hombros, llevaba una sonrisilla en el rostro. — ¡Así que mi candidatura sigue abierta! Chicos, votadme. Encima, mirad. Ahora que tenemos un rato de calma y que estamos todos juntos. — Empezó a rebuscar en la mochila de nuevo. — Os doy vuestros regalos. Este para Enma, este para ti Khruner, y por último Don. — Fue dejando en las manos de cada uno una cosa diferente. A Enma le dio una figurita de madera tallada, como la que le había hecho a Kovashi, solo que esta figura era de un cuervo que se posaba en una roca. Derya conocía el gusto que tenía el chico por los cuervos, así que imaginó que le gustaría. A Khruner le dio un cuaderno con dibujos de plantas medicinales que había por el Grand Line. Apenas tenía palabras, pues Derya imaginaba que le costaba un poco leer, así que solo puso los nombres de las islas encima de cada planta. Y a Don le regaló un libro, cómo no. Pero no era un libro cualquiera, este le llamó la atención porque el título decía "Skypiea: mito o realidad", y por lo que había hablado un poco con Don Bambú anteriormente, sabía que la arqueología le llamaba la atención, sobre todo porque el libro mencionaba que era posible que allí arriba hubiera un poneglyph... Pero bueno, eso sería hacer spoiler del libro.
A todo esto, el barco ya había zarpado junto con el resto de los otros. Hasta el punto en el que habían comenzado a subir por la corriente de la Red Line. La gente empezó a sumirse en el caos, pues no, no había navegante, nadie estaba al mando de aquel navío. La embarcación se movía de un lado a otro, dando tumbos e incluso chocando con alguna que otra roca. Si nadie hacía algo pronto, se irían todos a dormir con los peces, cosa que a ella no le disgustaba, pero al resto sí, sobre todo a los usuarios de fruta que había allí presentes. Rápidamente Derya reaccionó y fue haciéndose paso entre la asustada multitud hasta llegar a su destino. — ¡Calma todo el mundo! — Agarró el timón con fuerza y enseguida se notó que el barco había dejado de ir de un lado a otro, el navío se estabilizó, siguiendo ahora un rumbo recto. La gente presente dejó de gritar para girarse y mirarla. — ¡Ya está aquí la navegante! — Gritó con una sonrisa. El barco seguía temblando, pues no dejaban de estar navegando sobre una corriente que ascendía de forma vertical, pero al menos ahora había un control. — ¡Agarraos bien! — Derya tuvo que usar toda su fuerza para sujetar aquel timón que luchaba por huir de su control, pero no lo dejó escapar, afianzó su agarre con ira y determinación: se lo estaba pasando pipa. En poco tiempo llegarían a la cima, y luego, la inevitable caída libre.
Resumen
