05-09-2025, 09:25 PM
La cuchara se detuvo a medio camino cuando escuché a Stroud soltar aquello de si podía ser sigilosa. Me lo quedé mirando con una ceja arqueada y luego estallé en carcajadas tan fuertes que más de un marine en la cantina giró la cabeza para ver qué pasaba.
—¡Kyarararara! ¿Sigilosa yo? Compañero, si lo intento, acabo rompiendo el suelo de tanto contenerme. —golpeé con los nudillos mi propio brazo, como si fuera de hierro —Pero si alguna vez lo necesito, créeme, me las ingeniaré. Y si no, pues seré la distracción perfecta, ¿no creen?, además aun no saben lo que en verdad puedo hacer. —Tomé un buen trago de agua para despejar la garganta tras la carcajada y luego me incliné hacia delante, mirando de reojo tanto a Stroud como a Bertram.
—Pero no se confundan, aunque me ría mucho, me tomo las cosas en serio. Si ustedes preparan la jugada, yo la termino. ¡Home run! —dije levantando el kanabō un poco, como si de verdad fuera un bate de béisbol, aunque cuidando de no derribar la mesa en el proceso. Mientras tanto, recibí el papel que pasó Bertram y mis ojos recorrieron lo que había escrito sobre su estilo de combate, y aunque la letra me parecía algo apretada para mis dedos grandes, entendí lo suficiente, un cazador que sabía lo que hacía desde lejos. Eso me arrancó una sonrisa amplia y sincera.
—Esto es perfecto, ¿saben? —dije dejando el papel sobre la mesa con cuidado —Un arquero que planea, un soldado que piensa y yo que pego. Suena a jugada ganadora en cualquier partido. ¡Kyarararara! — Lo que me sorprendió un poco más fue la seriedad con la que Stroud habló de la propia Marina. Bajé la mirada a mi plato, removiendo el arroz con la cuchara. No estaba acostumbrada a escuchar ese tipo de cosas, pero la convicción en su voz era clara y aunque yo no tenía esa visión tan oscura de la organización, entendía perfectamente lo que quería decir.
—Si en la Marina hay gente así entonces mejor que existan divisiones como la nuestra — dije finalmente, más tranquila, pero sin perder la chispa en los ojos —Porque no solo se trata de cazar piratas o revolucionarios, también se trata de demostrarle al mundo qué significa ser Marine de verdad. —Volví a apoyar la espalda contra el banco, cruzando los brazos con una sonrisa confiada.
—Y si vamos a ser la División 84, entonces vamos a hacer ruido, lo suficiente para que los enemigos de la justicia tiemblen y los compañeros que quieran ensuciar el uniforme se escondan. ¿Qué les parece? — Un segundo de silencio, y luego otra explosión de carcajadas que resonó fuerte.
—¡Kyarararara! ¿Sigilosa yo? Compañero, si lo intento, acabo rompiendo el suelo de tanto contenerme. —golpeé con los nudillos mi propio brazo, como si fuera de hierro —Pero si alguna vez lo necesito, créeme, me las ingeniaré. Y si no, pues seré la distracción perfecta, ¿no creen?, además aun no saben lo que en verdad puedo hacer. —Tomé un buen trago de agua para despejar la garganta tras la carcajada y luego me incliné hacia delante, mirando de reojo tanto a Stroud como a Bertram.
—Pero no se confundan, aunque me ría mucho, me tomo las cosas en serio. Si ustedes preparan la jugada, yo la termino. ¡Home run! —dije levantando el kanabō un poco, como si de verdad fuera un bate de béisbol, aunque cuidando de no derribar la mesa en el proceso. Mientras tanto, recibí el papel que pasó Bertram y mis ojos recorrieron lo que había escrito sobre su estilo de combate, y aunque la letra me parecía algo apretada para mis dedos grandes, entendí lo suficiente, un cazador que sabía lo que hacía desde lejos. Eso me arrancó una sonrisa amplia y sincera.
—Esto es perfecto, ¿saben? —dije dejando el papel sobre la mesa con cuidado —Un arquero que planea, un soldado que piensa y yo que pego. Suena a jugada ganadora en cualquier partido. ¡Kyarararara! — Lo que me sorprendió un poco más fue la seriedad con la que Stroud habló de la propia Marina. Bajé la mirada a mi plato, removiendo el arroz con la cuchara. No estaba acostumbrada a escuchar ese tipo de cosas, pero la convicción en su voz era clara y aunque yo no tenía esa visión tan oscura de la organización, entendía perfectamente lo que quería decir.
—Si en la Marina hay gente así entonces mejor que existan divisiones como la nuestra — dije finalmente, más tranquila, pero sin perder la chispa en los ojos —Porque no solo se trata de cazar piratas o revolucionarios, también se trata de demostrarle al mundo qué significa ser Marine de verdad. —Volví a apoyar la espalda contra el banco, cruzando los brazos con una sonrisa confiada.
—Y si vamos a ser la División 84, entonces vamos a hacer ruido, lo suficiente para que los enemigos de la justicia tiemblen y los compañeros que quieran ensuciar el uniforme se escondan. ¿Qué les parece? — Un segundo de silencio, y luego otra explosión de carcajadas que resonó fuerte.
