05-09-2025, 10:15 PM
No le hacía falta ver más para ver que lo había convencido. Por supuesto, escuchaba los cuchicheos de los que habían estado estorbando allí. Se incorporó con calma, colocando su espalda recta, retirando el cigarrillo de entre sus labios y soplando el humo desde los labios, con la misma calma inicial. Solo cuando aceptó ir con él se volteó a mirar al resto de las personas, manteniendo una de sus manos en el bolsillo tranquilamente.
—Les invito a todos a una ronda a cambio de que dejen de mirar, señoras y señores. — sus palabras sonaron con la misma calma con la que presenciaba su aspecto, mirando a uno de sus hombres quien inclinó educadamente la cabeza y, a continuación, al joven pelirrojo.
Podía percibir el análisis de su acompañante a medida que sus pasos lo iban guiando hasta donde, en un inicio, estaba él mismo. En ambos extremos de la puerta doble había un guardia, uno por cada lado quienes, al ver a Jin, inclinaron sus cabezas. —Bienvenido, jefe. — y abrieron las puertas, dejando pasar al hombre y al joven. Él entró con naturalidad, demostración de que estaba más que acostumbrado. Los sofás, asientos, mesas e incluso licores perfectamente alineados mostraban elegancia y lujo por todas partes. No contestó inmediatamente, solo se acercó a uno de sus asientos, mientras uno de los guardias cerraba la puerta tras de sí, entrando en el interior. Jin, por su parte, elevó la mano en la que sostenía su cigarrillo, haciendo una sacudida despreocupada, mirando al hombre. —Déjanos a solas.
—Sí señor. — pronunció el hombre, cerrando la puerta tras él en el momento que Jin acomodaba el cigarrillo entre sus labios una vez más. El lugar mantenía la baja iluminación, más después del desastre provocado que, mientras él no estaba, los limpiadores se habían encargado de arreglar y posiblemente de echar a la chica que previamente había estado allí. Su mano izquierda, la libre que ya había retirado del bolsillo, señaló el sofá elegante que se encontraba frente a él con la mano, manteniendo entre sus labios el cigarrillo.
Sus ojos se elevaron ante la valentía del muchacho. Dibujó una media sonrisa por su osadía. Mejor que no fuera un cobarde como aquel cocinero, le agradaba la gente sin pelos en la lengua y que no temblaran. Estaba clara su experiencia, justo lo que buscaba. ¿Lo mejor? Ya estaba dando a entender con más claridad que los rumores eran ciertos; tenía un problema con el juego. —No se preocupe, señor Owen. Ahora mismo, si sale por esa puerta, verá que esa misma máquina está generando pérdidas, las que no tendría si no me hubiera acompañado. En los juegos de azar, así funciona esto. — Primero la suerte, la fortuna del mejor, y luego, después de la captación del jugador, las pérdidas y el “volver a intentarlo”. Así funcionaba siempre. —Me gusta ver que es directo, claro y no tiene miedo, pero relájese. Los negocios no los realizo de forma gratuita. — acercó el cenicero que había en la mesa que separaba ambos sofás, donde él estaba sentado y donde había invitado a sentarse al otro. —Escuché que ha tenido algunos problemas con mis… clientes del casino. — no por nada lo contrataron para estar allí, por supuesto. Sus ojos, firmes y seguros, se elevaron nuevamente para fijarse en el rostro ajeno. —Podría evitar que lo expulsen de nuevo, incluso con su… bueno, afán de armar revuelo. O hacer la vista gorda en sus pequeñas trampas.
Retrocedió su cuerpo, acomodando su espalda en el asiento, cruzándose de brazos. La media sonrisa se iluminaba con mayor seguridad en sus labios. ¿Qué mejor que conocer la debilidad de alguien de primeras? Que había dónde jugar, pero eso vendría más adelante. Al menos, estaba claramente dispuesto. No había razón para rechazar esa oferta que le ofrecía.
—Les invito a todos a una ronda a cambio de que dejen de mirar, señoras y señores. — sus palabras sonaron con la misma calma con la que presenciaba su aspecto, mirando a uno de sus hombres quien inclinó educadamente la cabeza y, a continuación, al joven pelirrojo.
![[Imagen: 6jh917o.jpg]](https://i.imgur.com/6jh917o.jpg)
—Y tú, acompáñame.
Podía percibir el análisis de su acompañante a medida que sus pasos lo iban guiando hasta donde, en un inicio, estaba él mismo. En ambos extremos de la puerta doble había un guardia, uno por cada lado quienes, al ver a Jin, inclinaron sus cabezas. —Bienvenido, jefe. — y abrieron las puertas, dejando pasar al hombre y al joven. Él entró con naturalidad, demostración de que estaba más que acostumbrado. Los sofás, asientos, mesas e incluso licores perfectamente alineados mostraban elegancia y lujo por todas partes. No contestó inmediatamente, solo se acercó a uno de sus asientos, mientras uno de los guardias cerraba la puerta tras de sí, entrando en el interior. Jin, por su parte, elevó la mano en la que sostenía su cigarrillo, haciendo una sacudida despreocupada, mirando al hombre. —Déjanos a solas.
—Sí señor. — pronunció el hombre, cerrando la puerta tras él en el momento que Jin acomodaba el cigarrillo entre sus labios una vez más. El lugar mantenía la baja iluminación, más después del desastre provocado que, mientras él no estaba, los limpiadores se habían encargado de arreglar y posiblemente de echar a la chica que previamente había estado allí. Su mano izquierda, la libre que ya había retirado del bolsillo, señaló el sofá elegante que se encontraba frente a él con la mano, manteniendo entre sus labios el cigarrillo.
![[Imagen: 8yNtC4w.png]](https://i.imgur.com/8yNtC4w.png)
—Siéntese, señor Owen Yang.
Sus ojos se elevaron ante la valentía del muchacho. Dibujó una media sonrisa por su osadía. Mejor que no fuera un cobarde como aquel cocinero, le agradaba la gente sin pelos en la lengua y que no temblaran. Estaba clara su experiencia, justo lo que buscaba. ¿Lo mejor? Ya estaba dando a entender con más claridad que los rumores eran ciertos; tenía un problema con el juego. —No se preocupe, señor Owen. Ahora mismo, si sale por esa puerta, verá que esa misma máquina está generando pérdidas, las que no tendría si no me hubiera acompañado. En los juegos de azar, así funciona esto. — Primero la suerte, la fortuna del mejor, y luego, después de la captación del jugador, las pérdidas y el “volver a intentarlo”. Así funcionaba siempre. —Me gusta ver que es directo, claro y no tiene miedo, pero relájese. Los negocios no los realizo de forma gratuita. — acercó el cenicero que había en la mesa que separaba ambos sofás, donde él estaba sentado y donde había invitado a sentarse al otro. —Escuché que ha tenido algunos problemas con mis… clientes del casino. — no por nada lo contrataron para estar allí, por supuesto. Sus ojos, firmes y seguros, se elevaron nuevamente para fijarse en el rostro ajeno. —Podría evitar que lo expulsen de nuevo, incluso con su… bueno, afán de armar revuelo. O hacer la vista gorda en sus pequeñas trampas.
Retrocedió su cuerpo, acomodando su espalda en el asiento, cruzándose de brazos. La media sonrisa se iluminaba con mayor seguridad en sus labios. ¿Qué mejor que conocer la debilidad de alguien de primeras? Que había dónde jugar, pero eso vendría más adelante. Al menos, estaba claramente dispuesto. No había razón para rechazar esa oferta que le ofrecía.
![[Imagen: UmEXiSH.png]](https://i.imgur.com/UmEXiSH.png)
—Bien, quiero saber si también eres capaz de manejar información si te la pido, o solo mercancía. Quizás podamos llegar a un mejor acuerdo así, señor Owen.
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
