06-09-2025, 01:13 AM
Aunque las patas del animal eran suaves, su empuje era firme. Tan firme que, Bai, no pudo hacer otra cosa que retroceder el rostro sorprendida tanto por la aparente inteligencia del animal como el gesto. Porque, sí, es cierto, tal vez no hablaba con la lengua de los hombres, pero si en algo creía era en la existencia de ciertos gestos universales capaces de trasgedir la frontera de la especie.
Y aunque en otro momento, o incluso en otro ambiente más propicio a la duda, lo habría puesto en duda, ahora había decidido —inconscientemente— no hacerlo. Porque lo cierto es que, por muy racional que presumiera ser, no pasaba la vida devorada por dudas cartesianas. Así que, simplemente, se apartó… y esperó.
Y lo hizo hasta sorprenderse.
¿Qué por qué? Más bien preguntate si acaso no es siempre un siniestro prodigio que un animal hable. Porque aquel gato lo había hecho. Y aunque quizás sus ropajes pudieran insinuar algo, para ella, quien desconocía los posibles delirios y extravagancias de los forasteros, carecían de importancia.
Entonces algo hizo click en su mente y, de pronto, como el agua al intentar ser atrapada, el felino se escurrió de sus dedos que ya no tuvieron fuerza para retenerlo. Y sí, intentó atraparlo para evitar que cayera, pero la sorpresa había sido superior a sus reflejos. Tan sorpresiva que, cuando su entendimiento alcanzó el hecho, sus manos ya cubrían su rostro, oculando sus labios temblorosos e intentando sofocar la mueca de horror que se le había dibujado. Así que cuando su cerebro lo procesó sus manos se fueron hasta su rostro donde cubrieron sus labios. Y aunque intentaron también tapar un murmullo irrepetible, un "ah" brotó de sus entrañas.
¿A caso se habría hecho daño el animal?
Sacudió la cabeza entonces, negando con un gesto que sólo a ella parecía tener sentido. Después se inclinó hacia la criatura para musitar una disculpa. Fue en ese instante cuando comprendió que habia pasado algo por alto: había deseado llevárselo para proteger a sus gatas de un posible peligro. Pero si aquel animal hablaba… ¿Cómo podía seguir creyendo que su amenaza era la misma que que la de antes? ¿A caso no era mayor?
Y aunque en otro momento, o incluso en otro ambiente más propicio a la duda, lo habría puesto en duda, ahora había decidido —inconscientemente— no hacerlo. Porque lo cierto es que, por muy racional que presumiera ser, no pasaba la vida devorada por dudas cartesianas. Así que, simplemente, se apartó… y esperó.
Y lo hizo hasta sorprenderse.
¿Qué por qué? Más bien preguntate si acaso no es siempre un siniestro prodigio que un animal hable. Porque aquel gato lo había hecho. Y aunque quizás sus ropajes pudieran insinuar algo, para ella, quien desconocía los posibles delirios y extravagancias de los forasteros, carecían de importancia.
Entonces algo hizo click en su mente y, de pronto, como el agua al intentar ser atrapada, el felino se escurrió de sus dedos que ya no tuvieron fuerza para retenerlo. Y sí, intentó atraparlo para evitar que cayera, pero la sorpresa había sido superior a sus reflejos. Tan sorpresiva que, cuando su entendimiento alcanzó el hecho, sus manos ya cubrían su rostro, oculando sus labios temblorosos e intentando sofocar la mueca de horror que se le había dibujado. Así que cuando su cerebro lo procesó sus manos se fueron hasta su rostro donde cubrieron sus labios. Y aunque intentaron también tapar un murmullo irrepetible, un "ah" brotó de sus entrañas.
¿A caso se habría hecho daño el animal?
Sacudió la cabeza entonces, negando con un gesto que sólo a ella parecía tener sentido. Después se inclinó hacia la criatura para musitar una disculpa. Fue en ese instante cuando comprendió que habia pasado algo por alto: había deseado llevárselo para proteger a sus gatas de un posible peligro. Pero si aquel animal hablaba… ¿Cómo podía seguir creyendo que su amenaza era la misma que que la de antes? ¿A caso no era mayor?
