06-09-2025, 03:41 AM
El viento soplaba con fuerza aquel día. Toda la “mercancía” que Jensen había robado de la prisión se había desparramado por la ladera y se había deshecho cuando el pelinegro Jensen Valentine había rodado colina abajo. La fuerza del viento había llevado el polvillo blanco, como un viajero fortuito, hasta los canales olfativos de vacas y toros que estaban aquel día pastando en la ladera, entonces fue que empezó el caos.
Los bovinos mugían con fuerza y rabia mientras se empujaban unos con otros mirando fijamente tanto a Jensen como a Owen. ¿La razón? Ambos vestían de rojo. El color del amor, de la pasión y de la venganza. También el color que en circunstancias normales hacia enojar a los toros, y aquel día las circunstancias eran de todo menos normales.
Owen empezó a correr y Jensen lo siguió, sorprendiéndose de la velocidad que tenía su nuevo amigo. El dúo de rojo llego rápidamente al pueblo seguidos por la manada de bovinos, entre los cuales había un toro en particular que estaba siendo bastante rápido, Jensen ideo un plan rápidamente para poder contrarrestarlo. En su mente Jensen saltaría haciendo un mortal invertido hacia atrás, cayendo en la espalda del toro y desde ahí controlándolo y calmándolo. Luego lo montaría con maestría y lo usaría para alcanzar a Owen y llevárselo lejos de la ciudad, todo esto era la idea que tenía en su mente, aunque en la realidad no paso asi.
Al momento en que Jensen despego los pies del suelo en el salto el toro lo tacleo con fuerza ocasionándole graves moretones y dolor en la espalda, además de que le engancho la capucha en uno de sus cuernos, arrastrándolo por el piso como si fuera un estropajo, Jensen lucho por liberarse y cuando al fin lo hizo pudo rodar fuera del rango de la estampida que empezaba a destruir puestos y casas en el pueblo.
-Ahí están, ATRAPENLOS – grito un anciano, el de la capucha roja lo miro encontrándose al mismo viejito al que había ayudado antes, traicionándolo y delatándolo con los marines que estaban llegando a la plaza. Trato de levantarse, de pelear para al menos llevarse a uno de los marines consigo, pero la tacleada del toro le había hecho demasiado daño, no podía siquiera ponerse en pie.
-Te tenemos – dijo uno de los marines golpeándolo con la parte trasera de su fusil y dejándolo inconsciente.
