¡La rule, la rule! - Priv.Jin [Pasado]
#7
Debido a haber sido un malandro la mayoría de su vida, Owen había desarrollado un sexto sentido muy evidente para los malos tratos, las personas sospechosas y, más aún, para los momentos donde pudiese sentirse lo suficientemente vulnerable para poder contraatacar. Era un joven de pocas pulgas, bastante provocador y pendenciero, no se echaba atrás y jamás rechaza una confrontación, pero...también ha sabido, siempre, el cómo y de qué manera buscar preservar su integridad física hasta derrocar el gobierno tiránico en el cual vivió su madre y él desde que tiene uso de razón. Es tanta la rebeldía del muchacho que, incluso habiendo sido invitado a sentarse, el pelirrojo se quedó exactamente en donde estaba en un momento inicial: Brazos cruzados, pegado a la pared, a una distancia prudencial del hombre...aunque sabía que estaba arrinconado -Tsch. Les pidió que salieran pero varios estarán custodiando la salida. Era más fácil cuando estaban adentro.- y, efectivamente, estaba virtualmente de rehén.

—Escuché que ha tenido algunos problemas con mis… clientes del casino. —

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-No sé de qué me estás hablando.-

Owen escuchaba a medias las palabras del individuo que, evidentemente, buscaba amedrentarlo o, como mínimo, dejarlo sin posibilidades ante una situación donde no solamente buscaría tenerlo atado físicamente, sino, también de forma mental; Todavía no quería abandonar la Isla Karate ya que tenía unas redes de comercio, tráfico y manejo económico muy interesantes, las suficientes para quedarse un año, o dos, generar riqueza y salir disparado hacia Isla Tamanegi a cumplir con su misión de vida. Pese a que mantenía el contacto visual, el pelirrojo, esporádicamente, observaba la cicatriz lateral de su frente la cual desentonaba con aquel aspecto pulcro pero criminal, digno de un jefe matón -Este tío...es peligroso.- el ceño del muchacho, evidentemente, se frunció ante esto; Un jefe criminal cobarde suele estar fornido físicamente debido a la enorme cantidad de tiempo libre que posee. Suelen tener un aspecto tan niquelado, incluso, con la piel de un bronceado veraniego, que demuestran lo poco que verdaderamente se involucran "en sus asuntos" -Pálido...algo ojeroso...cicatriz en la cabeza...la cosa se ha complicado bastante.- rasgos en los que pensaba aquel muchacho tan observador que demostraban que, al menos este jefe criminal, iba a poner las cosas o más difíciles o más fáciles para el chico.

El silencio del lugar era atronador, solo invadido por el bullicio apagado en agudos como los que podrían escucharse en el baño de una discoteca del casino no muy lejos de la posición inicial donde ellos estaban. Se notaba en demasía que a este sujeto le encantaba el control, porque hablaba de cómo ayudarle a que "se haga la vista gorda en las pequeñas trampas de Owen", algo que despertó en el pelirrojo una expresión extrañada que, si bien no le quitó la fruncida de ceño, sí destacó su curiosidad latente al no entender bien qué era lo que el tipo quería de él.

Su mirada de ojos celeste brillante se clavó en aquellos orbes azul grisáceo. Algo le hacía sentir que estaba a punto de firmar un pacto con el diablo, pero...¿Qué opciones tiene? ¿Salir corriendo y que lo capturen? ¿Abalanzarse encima de un tipo que tiene toda la pinta de dejarlo inconsciente en tres segundos? Tenía que preservar su supervivencia, sí o sí, hasta que llegue el día prometido.

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-Mientras que no me involucres niños o mujeres, y sabes a qué mujeres me refiero, no me queda otra que decirte que sí.-

Owen era alguien que no tenía pelos en la lengua, tampoco era capaz de poder morderse la lengua por mucho tiempo. Mientras decía aquello y se rascaba la oreja intentando fingir desinterés, escupía sus verdaderos sentimientos -Además, ¿Qué opciones tengo? Tienes un equipo tan gigantesco que me podrían pintar los labios y venderme como "la Owensita" a cualquier rarito. Si te portas bien conmigo,- y, como conocía perfectamente cómo había que tratar en ese mundillo, una sonrisa desafiante y llena de confrontación apareció en el muchacho -yo me portaré bien contigo. Habrá que jugar el jueguecito de este tipo durante un tiempo, tal vez le pueda sacar algo de provecho.- y, finalmente aliviando las tensiones, dejó de tener sus brazos cruzados para aproximarse con un paso firme pero decidido hacia adelante, sin quitarle ni un milisegundo la mirada de encima al espeluznante jefe de banda.

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-Owen Yang, tío, un placer. Ahora sí.-

Y, estirando su brazo con la palma encorvada, buscaba estrechar la mano en un claro signo amistoso en el que, el muchacho, buscaba cierta complicidad. Incorporándose nuevamente y llevándose una de sus manos a la cintura, se lo vio ligeramente menos tenso de lo que lo estaba en un primer inicio. Para nada esto significaba que había bajado la guardia o que simplemente había olvidado el tema, en lo absoluto; Él simplemente estaba asumiendo las circunstancias en las que se encontraba momentáneamente -Para empezar, ¿Porqué tienes este lugar con este aspecto? ¿Tanto te gusta asustar a tus socios?- se mostraba pícaro, algo cómplice, con esa sonrisa tan marcada y tono burlón donde podían observarse sus colmillos más grandes que la media -¿Y de qué va la información que quieres que me lleve? Conozco a un grupo de pibes que mueven cosas a una velocidad demencial por ésta isla. Eso sí, no son baratos, pero...¿A qué te refieres con información?- ahora sí se mostró mucho más curioso, podía verse su actitud más adolescente e infantil casi de forma repentina, demostrando que toda esa actitud tan cerrada y algo arisca es un método de defensa clásico ante muchas situaciones de vulnerabilidad a lo largo de su vida -Dame los detalles, cuánto tiempo tengo, a cuántos tipos tengo que sacarme de encima pero...con una condición:- alzó el dedo índice, elevando una progresiva sonrisa que mostraba aquellos dientes perlados y llenos de brillo -Acceso VIP a la rule del casino, ni más, ni menos. Descuento del veinte por ciento en la compra de fichas y, que si gano, no me estén encima.- como siempre, con peticiones de ludópata; El muchacho sabía que debía aprovecharse de estar tratando con alguien que parecía ofrecer cierta "protección" a aquella casa de apuestas tan grande de la Isla Karate, por lo que...¿Porqué no aprovechar el momento para poder exprimir su inmensa ludopatía y fuerte enfermedad por las lucecitas y los estímulos dopaminescos? -¿Y bien? Tenemos un trato...ehm, ¿Cómo es que te llamas?-.


Mensajes en este tema
RE: afsasf - por Onizuka Jin - 02-09-2025, 10:13 PM
RE: ¡La rule, la rule! - Priv.Jin [Pasado] - por Owen Yang - 06-09-2025, 03:00 PM

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