06-09-2025, 04:41 PM
La mujer, al escuchar su propio nombre, elevó la mirada directamente hacia Uker. En un inicio, quedándose muda, quieta. Luego, una enorme sonrisa de oreja a oreja se iluminó en su rostro, pasando de aquel aspecto molesto a absoluta felicidad, solo para correr a toda prisa y lanzarse en los brazos del varón, dejando por el camino el cuadro sobre la barra mientras daban un par de vueltas. —¡UKEER! ¡ERES TÚ DE VERDAD! ¡Ay dios mío! ¡No veas qué alegría verte! ¡Ha pasado tanto tiempo! — se separó de él, con los iluminados ojos morados. —Estoy bien, ya me ves, más dura como una roca, como siempre. ¿Qué tal estás tú? — Elevó sus manos, apretando las mejillas ajenas en una risita divertida. —Mírate, no has cambiado nada, sigues siendo igual de guapo que entonces.
Jin, quien se había intentado ocultar hasta entonces, de repente quedó en completo y absoluto shock. Sus ojos se voltearon lentamente hacia la chica, Akura, quien parecía conversar con tanta confianza con el mismo Uker. No, no solo eso, estaba pasando lo que menos había deseado; que se llevaran bien. Nada más ni nada menos que su propia hermana, a la que había intentado ocultar de todo el mundo, y más del suyo propio, allí delante, con… Ni siquiera supo que estaba apretando la mandíbula y se le iba aflojando la sujeción de la copa en su mano. Era la primera vez, probablemente en su vida, que su rostro mostraba cualquier tipo de vulnerabilidad.
Su mente estaba siendo un caos absoluto, sin palabras que decir, sin saber qué hacer. Por primera vez, su mente calculadora y siempre lista estaba total y completamente en blanco. Lo único que se le pasaba por la cabeza eran miles de preguntas. ¿Cómo? ¿Desde cuándo? ¿Por qué?
—¡Por supuesto que nos conocemos! ¿Cómo voy a olvidar a mi cocinero favorito? — escuchar esas palabras solo hizo que la fuerza que Jin había perdido en la mano y lograba que la copa se fuera deslizando lentamente de repente tomara fuerza, apretándola con una fuerza que quizás no era precisamente la más adecuada. Akura, por su parte, al ver sus pinceles, se le iluminó el rostro mientras los tomaba con una mano, finalmente separándose de Uker desde su entrada. —¡Ay! Si es que soy un desastre. Tú siempre tan cuidadosa por mí. Algún día ya verás que no me dejaré nada. Algún día… — volvió entonces su mirada hacia Uker, ahora su sonrisa cambiando a una mucho más confiada y orgullosa.
Hizo una pausa, ahora tomando el cuadro. —Ya sabes, ese señor tan amable del que te hablé que a veces hacía donaciones al orfanato tan generosas. A veces viene y me compra algunos cuadros. — Una pintura al óleo de la misma isla, solo que con una mayor vida floral, volteándola para que la viera Uker, sonriendo de oreja a oreja.
—¿Qué te parece? He mejorado un montón, ¿Verdad? Hice algunos para el bar también. — señaló algunos de los cuadros que adornaban las paredes de ese mismo local, uno de ellos, del exterior del mismo, como una bienvenida, en un tono más acuarelable, en tonos más cargados de color y vida. Luego, contempló a la camarera, poniéndose de puntillas para rodear su brazo alrededor de la nuca de Uker a la pregunta. —¿Que si debes contratarlo? ¡Ya estás tardando! Es de los mejores cocineros que me han llenado la panza que he tenido en mi vida, ¡y soy muy exigente!
El cristal de whisky se acababa de romper en la misma mano de Jin, quien hasta entonces había estado tratando de mantener el autocontrol. El líquido que quedaba, que se había quedado en mínimos en un intento de tratar de ignorar la situación, ahora se esparcía por la barra y su propia mano estaba sangrando por algunos pocos cristales que, por la presión, se le habían incrustado al romperse el cristal. Después de conocer el origen de cómo se conocían, ver aquella confianza… Su desconcierto se había convertido en otra cosa: sed de sangre.
—¿Señor Jin? — la voz de su hermana finalmente lo despejó, parpadeando repetidamente, volteando a verla, ahora sí, sin temores. Al hacerlo, su rostro cargado de ego, furia… todas las expresiones se desvanecieron, dejando ver por primera vez, posiblemente para muchos que no fueran la misma Akura, una sonrisa cálida, agradable y cariñosa. —¡Dios mío! ¿Está bien?
No era capaz de mostrar un cambio facial tan egocéntrico ni frío hacia su propia hermana. No a ella, a quien había arriesgado su propia reputación en silencio, quien permanecía callado por protegerla de aquel depravado y asqueroso mundo… Y encima ese mismo hombre al lado tenía la osadía de ponerle las manos encima. Dejó el cigarro sobre el cenicero, sacando un pañuelo del bolsillo para limpiar la sangre que comenzaba a manchar incluso su propia ropa. Ni siquiera parecía ser ya el mismo hombre, tampoco era el mismo aire coqueto. No. Era pura y absoluta amabilidad.
—Pero… — miró a la camarera entonces. —¿Tienes algún kit de primeros auxilios? No podemos dejar que se le infame. — la mujer tomó gentilmente la mano del yakuza, revisando sus heridas. —Señor Jin…
—Te dije que me llamaras solo Jin. — murmuró, elevando su otra mano, sacudiendo con cuidado la zona superior de su cabello. Ni siquiera sus propias palabras parecían las de él mismo. Suaves, dulces, calmadas, sin un atisbo de amenaza en su propia voz pese a su timbre profundo. Ella lo miró frunciendo las cejas.
—¿Sabes que no soy una niña ya? — sus cejas se fruncían con clara molestia, mostrando también la misma confianza que a Uker. Fue cuando se le iluminó la bombilla, volteando a ver a Uker. —Oh, cierto. Él es el cocinero del que te hablé. Es Uker. Uker, éste señor es el donante tan amable que te comenté, el señor… ejem… Perdón. Jin.
Jin, quien se había intentado ocultar hasta entonces, de repente quedó en completo y absoluto shock. Sus ojos se voltearon lentamente hacia la chica, Akura, quien parecía conversar con tanta confianza con el mismo Uker. No, no solo eso, estaba pasando lo que menos había deseado; que se llevaran bien. Nada más ni nada menos que su propia hermana, a la que había intentado ocultar de todo el mundo, y más del suyo propio, allí delante, con… Ni siquiera supo que estaba apretando la mandíbula y se le iba aflojando la sujeción de la copa en su mano. Era la primera vez, probablemente en su vida, que su rostro mostraba cualquier tipo de vulnerabilidad.
![[Imagen: fKMNDX6.png]](https://i.imgur.com/fKMNDX6.png)
—….
Su mente estaba siendo un caos absoluto, sin palabras que decir, sin saber qué hacer. Por primera vez, su mente calculadora y siempre lista estaba total y completamente en blanco. Lo único que se le pasaba por la cabeza eran miles de preguntas. ¿Cómo? ¿Desde cuándo? ¿Por qué?
—¡Por supuesto que nos conocemos! ¿Cómo voy a olvidar a mi cocinero favorito? — escuchar esas palabras solo hizo que la fuerza que Jin había perdido en la mano y lograba que la copa se fuera deslizando lentamente de repente tomara fuerza, apretándola con una fuerza que quizás no era precisamente la más adecuada. Akura, por su parte, al ver sus pinceles, se le iluminó el rostro mientras los tomaba con una mano, finalmente separándose de Uker desde su entrada. —¡Ay! Si es que soy un desastre. Tú siempre tan cuidadosa por mí. Algún día ya verás que no me dejaré nada. Algún día… — volvió entonces su mirada hacia Uker, ahora su sonrisa cambiando a una mucho más confiada y orgullosa.
![[Imagen: hE2b0Fa.png]](https://i.imgur.com/hE2b0Fa.png)
—Por supuesto que sigo pintando. Seguí tu consejo, y el del señor donante también.
Hizo una pausa, ahora tomando el cuadro. —Ya sabes, ese señor tan amable del que te hablé que a veces hacía donaciones al orfanato tan generosas. A veces viene y me compra algunos cuadros. — Una pintura al óleo de la misma isla, solo que con una mayor vida floral, volteándola para que la viera Uker, sonriendo de oreja a oreja.
![[Imagen: ZjpH27R.jpg]](https://i.imgur.com/ZjpH27R.jpg)
—¿Qué te parece? He mejorado un montón, ¿Verdad? Hice algunos para el bar también. — señaló algunos de los cuadros que adornaban las paredes de ese mismo local, uno de ellos, del exterior del mismo, como una bienvenida, en un tono más acuarelable, en tonos más cargados de color y vida. Luego, contempló a la camarera, poniéndose de puntillas para rodear su brazo alrededor de la nuca de Uker a la pregunta. —¿Que si debes contratarlo? ¡Ya estás tardando! Es de los mejores cocineros que me han llenado la panza que he tenido en mi vida, ¡y soy muy exigente!
¡Crash!
El cristal de whisky se acababa de romper en la misma mano de Jin, quien hasta entonces había estado tratando de mantener el autocontrol. El líquido que quedaba, que se había quedado en mínimos en un intento de tratar de ignorar la situación, ahora se esparcía por la barra y su propia mano estaba sangrando por algunos pocos cristales que, por la presión, se le habían incrustado al romperse el cristal. Después de conocer el origen de cómo se conocían, ver aquella confianza… Su desconcierto se había convertido en otra cosa: sed de sangre.
![[Imagen: 9OnBdrq.jpg]](https://i.imgur.com/9OnBdrq.jpg)
Quería matarlo.
Tenía que matarlo.
Debía descuartizarlo.
Hacerlo suplicar de rodillas.
Hacerlo sufrir hasta verlo hecho mierda…
—¿Señor Jin? — la voz de su hermana finalmente lo despejó, parpadeando repetidamente, volteando a verla, ahora sí, sin temores. Al hacerlo, su rostro cargado de ego, furia… todas las expresiones se desvanecieron, dejando ver por primera vez, posiblemente para muchos que no fueran la misma Akura, una sonrisa cálida, agradable y cariñosa. —¡Dios mío! ¿Está bien?
![[Imagen: SISbDqg.png]](https://i.imgur.com/SISbDqg.png)
—Tranquila, Akura. No es nada.
No era capaz de mostrar un cambio facial tan egocéntrico ni frío hacia su propia hermana. No a ella, a quien había arriesgado su propia reputación en silencio, quien permanecía callado por protegerla de aquel depravado y asqueroso mundo… Y encima ese mismo hombre al lado tenía la osadía de ponerle las manos encima. Dejó el cigarro sobre el cenicero, sacando un pañuelo del bolsillo para limpiar la sangre que comenzaba a manchar incluso su propia ropa. Ni siquiera parecía ser ya el mismo hombre, tampoco era el mismo aire coqueto. No. Era pura y absoluta amabilidad.
—Pero… — miró a la camarera entonces. —¿Tienes algún kit de primeros auxilios? No podemos dejar que se le infame. — la mujer tomó gentilmente la mano del yakuza, revisando sus heridas. —Señor Jin…
—Te dije que me llamaras solo Jin. — murmuró, elevando su otra mano, sacudiendo con cuidado la zona superior de su cabello. Ni siquiera sus propias palabras parecían las de él mismo. Suaves, dulces, calmadas, sin un atisbo de amenaza en su propia voz pese a su timbre profundo. Ella lo miró frunciendo las cejas.
—¿Sabes que no soy una niña ya? — sus cejas se fruncían con clara molestia, mostrando también la misma confianza que a Uker. Fue cuando se le iluminó la bombilla, volteando a ver a Uker. —Oh, cierto. Él es el cocinero del que te hablé. Es Uker. Uker, éste señor es el donante tan amable que te comenté, el señor… ejem… Perdón. Jin.
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
