06-09-2025, 11:37 PM
- Ya te dije que no me digas así… -. Pese a la negativa a aceptar el comentario sobre su supuesta belleza, podía verse una sonrisa en la cara del cocinero. Era un alivio encontrar a alguien conocido, poder tomarse un momento para charlar con una amiga que no veía hace tiempo, respirar un poco. Había pasado muchos años solo, incluso cuando conoció a la mujer que ahora tenía enfrente, no se había dado el tiempo de compartir una comida con alguien más, o de conocer a más personas. - Así que sigues olvidando tus cosas. Y pensar que yo también tuve que resguardar tus utensilios cuando más de una vez los dejabas en la cocina -. En esa época era común que apareciese entre los cocineros, preguntando si podía quedarse a dibujar o si podía llevarse alguna fruta para practicar. - Al menos es bueno ver que sigues siendo tú -.
Ver el cuadro pintado por la joven fue sorprendente. En verdad había mejorado mucho, y ver ese progreso y esa emoción en su mirada hizo que el pelinegro adquiriera una sonrisa de orgullo. - Eres genial, no dejas de sorprenderme -. Su mano se alzó y se apoyó en la cabeza de la mujer, despeinándole un poco el cabello. Solía hacerlo bastante, con cada niño de ese orfanato que necesitaba de su ayuda, incluso con aquellos que no la querían. Era su forma de demostrar amor, al menos, como mejor podía. - Oh, vamos, los demás del orfanato no hacían mal su trabajo -.
Fue en ese momento que el sonido de vidrio roto llenó sus oídos. Tuvo que mover su rostro hacia Jin, que ahora se encontraba sosteniendo nada más que un par de cristales, con su propia sangre y bebida manchando la barra y su mano. Quiso preguntar qué bicho se le metió, pero fue interrumpido por la propia joven. Sabía perfectamente que no había sido su imaginación, había sentido el enojo de Jin hacia él. Esas ansias asesinas, muy parecidas a las de quienes lo persiguieron durante gran parte de su vida. Al verlo junto a Akura lo comprendió, al menos una parte, pero se guardaría sus preguntas para luego. - Bien, lo buscaré atrás, pero deberán pagar y limpiar eso -. La mujer que los atendió se perdió entre las puertas que llevaban a la cocina.
- Nosotros… nos conocemos… -. Ocultó sus pensamientos sobre el otro hombre bajo una sonrisa. Akura parecía quererlo y tenerlo en buena estima, no sería bueno que le dijera lo que en verdad pensara de esa persona. - Tenemos un negocio, pero aún no podemos llevarlo a cabo, así que estoy buscando trabajo -. Fue en ese momento que la pelirroja volvió de la cocina, trayendo con ella un botiquín, el cual dejó frente a Jin y Akura, esperando que no la necesiten para encargarse de esas cosas. - En cuanto terminen, hay alguien que estaban esperando -.
Un hombre rechoncho y bien vestido salió por la puerta de la cocina. Su cabello, lleno de canas, se encontraba despeinado, mientras que sus ojos color café parecían más grandes de los que eran por los lentes que llevaba. Se acercó a la barra, y aunque era un poco más bajo que la mujer, aún podía hablar con normalidad con ellos. - Me han dicho que tengo compradores, ¿acaso se trata de estos jóvenes? -. Viendo que Jin aún debía encargarse de su herida, Uker se adelantó y comenzó a negociar. - Necesito 100 barriles, quiero al menos 1 de cada bebida que tengas -.
El dueño del lugar pudo notar el cambio en la actitud del muchacho, por lo que se acercó a él para negociar. - Un joven atrevido. Eso es mucho alcohol, ¿quieres dejarme sin reservas? -. - Si no es a usted, le compraré a quien venga a distribuirle, y estoy seguro que no tendrán problema en aceptar un precio algo menor -. Ambos hombres parecían dispuestos a comenzar una “lucha” para ver quien se llevaba la ganancia de ese trato.
Ver el cuadro pintado por la joven fue sorprendente. En verdad había mejorado mucho, y ver ese progreso y esa emoción en su mirada hizo que el pelinegro adquiriera una sonrisa de orgullo. - Eres genial, no dejas de sorprenderme -. Su mano se alzó y se apoyó en la cabeza de la mujer, despeinándole un poco el cabello. Solía hacerlo bastante, con cada niño de ese orfanato que necesitaba de su ayuda, incluso con aquellos que no la querían. Era su forma de demostrar amor, al menos, como mejor podía. - Oh, vamos, los demás del orfanato no hacían mal su trabajo -.
Fue en ese momento que el sonido de vidrio roto llenó sus oídos. Tuvo que mover su rostro hacia Jin, que ahora se encontraba sosteniendo nada más que un par de cristales, con su propia sangre y bebida manchando la barra y su mano. Quiso preguntar qué bicho se le metió, pero fue interrumpido por la propia joven. Sabía perfectamente que no había sido su imaginación, había sentido el enojo de Jin hacia él. Esas ansias asesinas, muy parecidas a las de quienes lo persiguieron durante gran parte de su vida. Al verlo junto a Akura lo comprendió, al menos una parte, pero se guardaría sus preguntas para luego. - Bien, lo buscaré atrás, pero deberán pagar y limpiar eso -. La mujer que los atendió se perdió entre las puertas que llevaban a la cocina.
- Nosotros… nos conocemos… -. Ocultó sus pensamientos sobre el otro hombre bajo una sonrisa. Akura parecía quererlo y tenerlo en buena estima, no sería bueno que le dijera lo que en verdad pensara de esa persona. - Tenemos un negocio, pero aún no podemos llevarlo a cabo, así que estoy buscando trabajo -. Fue en ese momento que la pelirroja volvió de la cocina, trayendo con ella un botiquín, el cual dejó frente a Jin y Akura, esperando que no la necesiten para encargarse de esas cosas. - En cuanto terminen, hay alguien que estaban esperando -.
Un hombre rechoncho y bien vestido salió por la puerta de la cocina. Su cabello, lleno de canas, se encontraba despeinado, mientras que sus ojos color café parecían más grandes de los que eran por los lentes que llevaba. Se acercó a la barra, y aunque era un poco más bajo que la mujer, aún podía hablar con normalidad con ellos. - Me han dicho que tengo compradores, ¿acaso se trata de estos jóvenes? -. Viendo que Jin aún debía encargarse de su herida, Uker se adelantó y comenzó a negociar. - Necesito 100 barriles, quiero al menos 1 de cada bebida que tengas -.
El dueño del lugar pudo notar el cambio en la actitud del muchacho, por lo que se acercó a él para negociar. - Un joven atrevido. Eso es mucho alcohol, ¿quieres dejarme sin reservas? -. - Si no es a usted, le compraré a quien venga a distribuirle, y estoy seguro que no tendrán problema en aceptar un precio algo menor -. Ambos hombres parecían dispuestos a comenzar una “lucha” para ver quien se llevaba la ganancia de ese trato.
