07-09-2025, 11:07 PM
Por suerte para mis oídos, no trascurrió mucho tiempo hasta que comenzaron a aparecer algunos candidatos para mí peculiar concurso. El premio: la increíble posibilidad de huir conmigo de la isla. Quién iba a rechazarlo? Solo traía consigo la pequeñísima letra pequeña de ganarse unos cuantos enemigos, dentro y fuera de la ley. Mis ojos se fijan primero en un tipo grande que baila entre la multitud. Su cabeza afeitada resalta por encima de la multitud y su envergadura lo hace rebotar con todos los que estan a su alrededor, como alguien demasiado grande y torpe que entra en una tienda con pasillos demasiado pequeños. Su cara poco avispada y sus formas rudas me recuerdan a los matones que ayudan a descargar los barcos de Reena en el puerto. Sí tienes algo que ver con los estibadores prefiero no involucrarme con él, pues las posibilidades de que los largos tentáculos de Reena hayan llegado hasta él son muchos más altas de lo que quiero asumir.
Mi mirada, oculta bajo el ala de mi sombrero, sigue recorriendo la pista de baile. Los cuerpos sudorosos chocan unos con otros en lo que parece un mar de descontrol, con olas saciadas de alcohol y desenfreno. Entre la multitud, no puedo evitar fijarme en alguien. Es extravagante y salta de unos a otros para recorrer sus cuerpos con sus largos dedos. La invasión del espacio de uno no es de mi agrado, pero hay algo en su actitud que me divierte, como si se deslizase por el local siendo el protagonista de un espectáculo. Continúa con su actuación, de un cuerpo sudoroso a otro, hasta que, finalmente llega hasta la barra a pedir una bebida. Las reacciones a su alrededor me dejan claro que seguro que es alguien que acumula enemistades, alguien que tarde o temprano deberá salir de esta isla; porque lo persiguen o para buscar una nueva parada en su "gira espectáculo".
Mi mirada, oculta bajo el ala de mi sombrero, sigue recorriendo la pista de baile. Los cuerpos sudorosos chocan unos con otros en lo que parece un mar de descontrol, con olas saciadas de alcohol y desenfreno. Entre la multitud, no puedo evitar fijarme en alguien. Es extravagante y salta de unos a otros para recorrer sus cuerpos con sus largos dedos. La invasión del espacio de uno no es de mi agrado, pero hay algo en su actitud que me divierte, como si se deslizase por el local siendo el protagonista de un espectáculo. Continúa con su actuación, de un cuerpo sudoroso a otro, hasta que, finalmente llega hasta la barra a pedir una bebida. Las reacciones a su alrededor me dejan claro que seguro que es alguien que acumula enemistades, alguien que tarde o temprano deberá salir de esta isla; porque lo persiguen o para buscar una nueva parada en su "gira espectáculo".
Y no es hasta este momento, en el que aquel actor decide tomarse un descanso, que me percato de la presencia de otra estrella principal. Un cuerpo que sobresale por encima del resto, su estatura es el doble o el triple que el del resto de bailarines, pues muchas de las cabezas apenas le llegan a la cadera. Avanza acaparando miradas que se dirigen hacia el pronunciado escote de su provocativo vestido morado. Llega hasta la zona de mesas, la que parece estar reservada para gente de alto estatus social, ya sea por dinero o por contactos. Tal vez sea una peligrosa jefa de la mafia que rivalice con Reena, una poderosa enemiga. Se sienta sin complejos en la única mesa que queda libre en aquella zona y le hace un pedido al titubeante camarero que se le aproxima. El chico volvió a toda prisa con su bebida y un plato de frutas, sin quitar ojo de sus prominentes atributos. Ella, sin reparar en dicha actitud, levanta el vaso y bebe como si fuese agua. Pobre de mi si intentase hacer lo mismo, puedo sentir el dolor de cabeza del día siguiente solo de imaginarlo. La chica está allí con una seguridad como quien es dueña del lugar, aunque rápido veo como aparecen un hombre y una mujer. Sus trajes dejan ver que trabajan como seguridad de alguien importante, o eso quieren hacer parecer, pues el hecho de llevar las gafas de sol puestas a estas horas y aquí dentro me hacen pensar si no serán más apariencia que otra cosa. En un instante comienzan a increpar a la chica, insultando de mala manera e indicando que esa mesa es para un alto cargo. El golpe que da la mujer sobre la mesa deja claras sus intenciones, agresivas, pero la chica del cuerno no se amedrenta. Se pone en pie, con calma, como si supiese que no tiene nada que tener, que la situación está controlada. La mujer del traje sigue sus ojos con la mirada y la hermosa joven deja su consumición a un lado, y como si de un parpadeo se tratase levanta la pierna y la deja caer con fuerza, como el hacha de un verdugo. Y es así como debe sentirlo la mujer cuando el pie de su contrincante impacta en su cara y la lleva a empotrarse contra la mesa. La madera cruje y se llena de sangre. La mujer no vuelve a moverse. Puede que la chica de gran tamaño se haya metido en un lío, pero no parece importarle, pues tan solo se sacude el vestido y se permite el lujo de retar al hombre que aún la mira con una mezcla de deseo y pavor. Ella se sienta con la misma parsimonia y toma su vaso para lanzar un brindis al aire en honor al reino de Samba.
Puede que no sea la mejor de las decisiones, ya que la chica no parece necesitar ayuda, pero pienso que si consigo que crea estar en deuda conmigo, podré lograr una aliada poderosa. Lo hago todo en un segundo; meto mi mano por dentro de la chaqueta para agarrar una de mis agujas y lanzarla con fuerza al cuello del hombre, aprovechando la confusión y su obsesión por el escote de la chica de morado. La aguja vuela rápido e impacta en el objetivo. El hombre se tambalea y yo salto hacia él para recuperar mi arma.
-Disculpe, señorita. No quiero meterme donde no me llaman, pero viendo la gente que se reúne por aquí -hago un gesto hacia una mesa de hombres con mal aspecto con la palma de mi mano mirando al techo-, creo que deberíamos escapar antes de que sea demasiado tarde. Se bien el poder que puede tener esta gente.
Permanezco de cara al hombre trajeado pendiente de si recupera la consciencia, mientras con mi mano instó a la hermosa mujer a que me acompañe para escabullirnos de la fiesta. Jamás pensé ser tan atrevido, pero se bien las consecuencias que puede traer jugar con determinadas personas.
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