[Fic] Frio Tarantular [Kumo Kumo no Mi, Modelo Tarantula]
#1
El invierno seguía siendo cruel en Roshwan. Después de meses de patrullas, combates menores y noches sin dormir, había aprendido a soportar la tundra, a caminar sobre la nieve como si formara parte de mí y Blue, mi inseparable compañero, ya volaba sin miedo por las ventiscas, su plumaje azul resplandecia incluso en los días más oscuros, yo me sentía más fuerte que nunca, con cicatrices nuevas y una reputación que ya corría por los barracones, la tiradora de ojos implacables, sin embargo, lo que estaba a punto de suceder cambiaría mi historia de una forma que ni la mejor puntería podía prever.

Todo comenzó en una patrulla rutinaria al norte de Pushkin, el objetivo era vigilar un asentamiento abandonado en medio de la tundra, un viejo almacén de exportaciones textiles que había sido enterrado parcialmente por la nieve, el viento silbaba entre los tablones resquebrajados, y el lugar tenía un aire lúgubre, como si guardara secretos demasiado viejos para ser removidos, a mis compañeros no les interesaba más que confirmar que no había intrusos, yo, en cambio, decidí internarme más.

No tardé en encontrar un sótano semiderruido, tragué saliva, las paredes estrechas y la oscuridad me provocaban la vieja sensación de estar atrapada, esa fobia que nunca lograba dominar, Blue se quedó en la entrada, como si entendiera que debía esperarme. —Si pasan treinta minutos y no regreso, ve por ayuda. — y entonces descendí con una linterna, el pulso acelerado y forzándome a respirar lento.

Entre cajas podridas y barriles vacíos, encontré algo extraño, un cofre cubierto por telarañas gruesas, de un brillo casi metálico, lo abrí con cautela y, dentro, hallé una fruta que jamás había visto, su superficie estaba cubierta de patrones que parecían patas entrelazadas, negras y púrpuras, y despedía un olor penetrante, casi venenoso o quizás solo era a mi olfato, recordaba bien las clases de la academia, estaba casi segura de que aquello no era una fruta común, era una Akuma no Mi.

Mi primera reacción fue reír para mis adentros. ¿Yo, Sayuri Dango, encontrando por casualidad un tesoro maldito en un sótano olvidado? El destino parecía tener sentido del humor tan extravagante como asqueroso. Tomé la fruta entre mis manos y la examiné, decían que daban poder inimaginable, pero a un precio, la incapacidad de nadar, pensé en mi puntería, en mi orgullo, en si realmente necesitaba más que eso y luego pensé en la oportunidad de ser aún más única, si quizás podría volar, o controlar el metal o quien sabe si podría convertirse en un monstruo gigantesco, controlar el fuego, el agua o cualquier otro elemento que me diera la ventaja en el campo de batalla.

No lo dudé más y le di un mordisco, el sabor fue indescriptiblemente horrible, amargo, ácido, como tragar veneno y justo en el momento la lengua me ardió y casi escupí el trozo, pero me obligué a tragarlo, sino, no funcionaría, de inmediato sentí que algo se agitaba dentro de mí, como si una corriente ardiente recorriera mis venas, solté lomque quedaba de la fruta y me sentía mareada, me apoyé en la pared húmeda del sótano.

El primer cambio llegó de forma abrupta ante mi misma, mis brazos comenzaron a estremecerse, los huesos crujieron y, frente a mis ojos aterrados, vi cómo de mi piel brotaban extremidades negras, brillantes, cubiertas de un vello corto y áspero, eran patas, patas de araña, el pánico me golpeó con tanta fuerza que olvidé respirar, caí de rodillas, la linterna rodo por el suelo, iluminando mi sombra deformada.

Sentí mi espalda desgarrarse mientras un nuevo par de extremidades emergía, rígidas, afiladas, como lanzas vivientes que respondían a mis pensamientos, m visión se multiplicó y además de mis ojos humanos, un extraño cosquilleo en la frente me hizo percibir el entorno con una claridad sobrehumana, la linterna brillaba como si fuera un sol, cada mota de polvo flotaba en el aire como un mundo aparte.

Quise gritar, pero lo único que salió de mi garganta fue un chasquido seco, un sonido extraño que me recordó al crujir de quitina, me temblaban las manos humanas, todavía visibles, mientras las nuevas extremidades se movían por instinto, una parte de mí quería arrancárselas, negarlas, pero otra se sentía poderosa.

Subí tambaleándome las escaleras del sótano y Blue me recibió con un graznido alarmado, revoloteando alrededor de mí, entonces el aire helado de la tundra golpeó mi rostro y, en lugar de asustarme más, me devolvió un mínimo control, observé mis nuevas extremidades y entendí que las controlaba yo misma, podía retraerse a voluntad y bastó con desearlo, y poco a poco desaparecieron bajo mi piel, dejándome exhausta y sudorosa, como si hubiera corrido kilómetros.

Me derrumbé en la nieve, respirando agitadamente y Blue se posó sobre mi pecho, inclinado hacia mí con sus ojos negros brillantes.

—Tranquilo, chico, sigo siendo yo — susurré, aunque no estaba segura de eso último, pero ahora era alguien mejor. 

Las horas siguientes fueron un tormento, en secreto, probé una y otra vez, primero solo dejar brotar una pata, luego dos, luego sentir cómo podía sostenerme en la pared del cuartel como si no existiera la gravedad, cada vez que lo hacía, mi corazón latía con violencia, dividido entre el asco y la fascinación.

La noche en que ocurrió la primera transformación completa jamás la olvidaré, estaba sola en el bosque helado, lejos de los ojos de mis compañeros y ecidí dejarme llevar, liberar todo lo que la Kumo Kumo no Mi Modelo Tarantula quería mostrarme.

El dolor fue brutal, pero breve, claro, fue decisión mía , mi cuerpo entero cambió, mis huesos se reacomodaron y la piel se endureció, de pronto ya no era solo una mujer con alas negra, de hecho ya ni siquiera tenía mis alas, era una tarántula, de ocho patas firmes que se clavaban en la nieve, con colmillos que palpitaban de energía, veía en todas direcciones, sentía vibraciones a través del suelo, escuchaba como nunca antes.

El miedo se transformó en éxtasis, corrí por la tundra con la ligereza de un depredador, trepé árboles helados que crujieron bajo mi peso, y al fin comprendí, la fruta no era una maldición, era un nuevo lenguaje, como mis disparos, como mi puntería, aquello era precisión y poder.

Sin embargo, también descubrí el precio, cuando intenté acercarme a Blue, él retrocedió aterrado, sus alas batiéndose frenéticamente, mis colmillos goteaban, mi sombra era monstruosa, sentí un nudo en el pecho, podía perderlo si no aprendía a controlar esa forma.

Me forcé a volver, concentré mi voluntad, imaginé de nuevo mi cuerpo humano, y poco a poco la transformación se deshizo, terminé desnuda de fuerza, temblando en la nieve, pero de nuevo con mis manos humanas acariciando a Blue hasta que dejó de temblar.

Aquella noche, mientras regresaba al cuartel, supe que mi vida había cambiado para siempre. Ya no era solo la mejor tiradora de la Marina, ahora cargaba con el poder de la Kumo Kumo no Mi, el poder de la tarántula. Era una fusión contradictoria, un cuerpo humano, alas de lunarian, armas forjadas en acero y ahora la monstruosa bendición de ocho patas que podían infundir terror.

Al mirarme en el reflejo helado de un ventanal en Pushkin, sonreí, no importaba si me convertía en monstruo o en heroína, yo era Sayuri Dango y como siempre, me encantaba que el mundo lo notara.


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[Fic] Frio Tarantular [Kumo Kumo no Mi, Modelo Tarantula] - por Sayuri Dango - 08-09-2025, 12:54 AM

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