[T2] ¿Por qué hay un gigante en mi cocina?
#1
Dia 48, Verano, Año 16
Reino de Roshwan, Ciudad Pushkin
09:00 A.M.

La nieve caía con la monotonía de un metrónomo sobre la ciudad de Pushkin, capital del Reino de Roshwan. Los copos se arremolinaban en el aire, chocando contra las fachadas de ladrillo rojizo que caracterizaban la urbe, resbalando sobre los tejados esféricos pintados en tonos verdes, dorados y azules. Era temprano en la mañana, y a pesar del frío que calaba hasta los huesos, la ciudad bullía de actividad, comerciantes descargando barriles de vodka en la Plaza, costureras cargando telas desde las fábricas, niños correteando con bufandas demasiado largas.
 
Pero en una de las calles menos transitadas, donde el olor a levadura y sopa de pescado solía ser lo único que atraía a los vecinos, reinaba el caos. La casa de la familia Korolev, artesanos conocidos por elaborar tazas y jarras de cerámica para las tabernas, estaba siendo sacudida como si un terremoto la hubiera tomado por asalto, los gritos resonaban entre las paredes cubiertas de escarcha.
 
—¡Sáquenlo de aquí! ¡Por amor a Nika, sáquenlo de mi cocina! —chillaba la madre, con el cabello cubierto de harina y las manos alzadas al cielo.
 
El motivo de la conmoción era evidente, un gigante se había colado dentro, no uno de esos colosos guerreros que aparecen en los relatos de marinos veteranos, sino un sujeto corpulento, de sonrisa ingenua y mirada perdida, que parecía creer con firmeza que estaba haciendo un bien. Pixie, así lo llamaban en el puerto, un bonachón con más fuerza que sentido común.
 
La cocina, que hasta esa mañana había sido el orgullo de los Korolev, estaba destrozada. Las vigas del techo crujían bajo el peso del torso del gigante; sus piernas, dobladas de forma incómoda, habían perforado el suelo, hundiéndose hasta el sótano donde guardaban barriles de aguardiente, cada vez que intentaba moverse, lo hacía con torpeza, un codo derribaba una repisa de especias, una rodilla hundía un horno de hierro, su enorme mano convertía las delicadas tazas en polvo.
 
—¡Pero yo ayudo, yo cocino! —exclamaba Pixie con voz grave, mientras intentaba batir en un diminuto cuenco lo que quedaba de huevos y leche, el cuenco, evidentemente, no resistió y estalló en fragmentos cerámicos, y la mezcla chorreó por su enorme palma como si fuera sopa aguada.

—¡¿Eso te parece ayudar?! ¡Nos vas a arruinar! — gritó el padre, tratando de rescatar lo poco que quedaba de harina antes de que el gigante la usara como si fuera nieve para lanzarla al aire.
 
Los niños de la casa, dos pequeños de mejillas rojas por el frío, lloraban a moco tendido desde una esquina, observando cómo su desayuno se transformaba en un campo de batalla, el olor a pan quemado, mezclado con madera rota y alcohol derramado del sótano, impregnaba el ambiente.
 
Los vecinos ya se habían agolpado en la entrada, cubiertos con abrigos gruesos y gorros de lana, murmurando entre ellos mientras algunos lanzaban advertencias.

—Ese grandulón va a tumbar toda la casa si no lo detienen. —
—Llamen a la Marina, ¡esto es territorio del Gobierno! —
—¡No, no, no! Si llegan los soldados y lo hieren, ¿quién va a pagar los daños? —

 
El dilema estaba servido, Pixie no tenía malas intenciones, eso era evidente en su mirada torpe y en las frases que repetía como un niño intentando complacer a sus padres. Pero su “ayuda” estaba causando estragos irreparables, una viga cedió con un crujido ensordecedor, y un pedazo del techo cayó sobre una mesa, partiéndola en dos.
 
En la calle, algunos ya corrían hacia el cuartel de la Marina en Pushkin, donde un Capitán, un Comandante y decenas de soldados estaban listos para responder a cualquier altercado. La cuestión era, ¿qué pasaría si la fuerza del gigante se encontraba con la disciplina de la Marina? ¿Sería posible detenerlo sin provocar una tragedia mayor?
 
El frío invernal no daba tregua, y la nevada comenzaba a cubrir los escombros que caían al exterior, la familia suplicaba ayuda a gritos, los vecinos observaban con una mezcla de miedo y morbo, y Pixie, ajeno al desastre, sonreía mientras intentaba, con las yemas de sus dedos enormes, dar forma a un panecillo que se deshacía en migas.
 
La misión estaba clara, alguien debía intervenir antes de que la cocina se convirtiera en ruinas, la casa colapsara por completo y la paciencia de los altos mandos de la Marina se agotara.

Pixie

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[T2] ¿Por qué hay un gigante en mi cocina? - por Sam Bernard - 08-09-2025, 06:45 PM

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