08-09-2025, 08:01 PM
(Última modificación: 09-09-2025, 05:30 AM por Onizuka Jin.)
—No que quejes anda, sé que te encanta cuando te lo digo. — la risita divertida de Akura se hizo palpable al ver al mismo Uker sonreír pese a su negativa. Acomodó sus dos manos a ambos lados de su cadera, con los pinceles ahora en su mano izquierda. —Sí, bueno… ya sabes, viejas costumbres que no se olvidan. Todavía recuerdo cómo me dejabas entrar a escondidas para poder dibujar. ¡Todavía tengo el primer dibujo que hice de ti! Seguro que, si ahora lo hago, saldrás mucho mejor. Ay, qué vergüenza. Estoy, de verdad, tan contenta de verte…
Se separó un poco más, ahora enfocada por completo hacia Jin, de quien retiraba muy cuidadosamente los cristales. Por supuesto, no dejaba de prestar atención a Uker, el cocinero que le brindó una alegría ese día. —No lo hacían mal, pero tú eras el mejor cocinando. No sé cómo lo haces, no sé si es por cómo sazonas, o cómo usas el fuego… Pero en serio, tus platos son increíbles. Si trabajas aquí no dudes que vengo a comer todos los días. — Jin se limitaba a mirar su propia mano y las delicadas de la contraria, quien ahora dejó sus pinceles sobre la barra (posiblemente volviéndoselos a dejar). —Señ-… Quiero decir, Jin. Si te hago daño, dímelo, por favor.
—Estoy bien, ya te dije que no es nada. — murmuró con paciencia, sin apartar sus ojos de la delicadeza que la muchacha utilizaba, hasta que vio a la mujer acercarse con el kit.
—Siempre me sorprendes. Nunca parece que sientas dolor, ni haberte visto enfadado. Aún recuerdo aquel niño del orfanato que te lanzó una maceta sobre la cabeza y…
—Ni me lo recuerdes. — interrumpió. Prefirió aquella anécdota como algo privado, no quería revelar demasiado. —También estuviste llorando como un bebé.
—¡No fue…! Bueno, sí, pero… Estaba preocupada. Había mucha sangre. Me tuvieron que agarrar cuatro trabajadores para que no lo matara a golpes a ese desgraciado. — Jin todavía recordaba lo impulsiva que era y, conociéndola, estaba seguro de que esa parte todavía seguía allí. Él mismo recordó tener que frenarla en aquella época. Una mujer de las más duras que recordaba conocer… Y orgulloso estaba de que así fuera. Sintió el alivio en su mano, incluso cómo le acomodaba algunos vendajes que relajaron el escozor.
—Espera, ¿os conocéis? ¿En serio? ¿Cómo? — la sorpresa de la muchacha era ahora más palpable, sus ojos se abrieron de par en par, mirando de un lado a otro, confundida, primero a Uker, luego a Jin. Éste último abrió su paquete de cigarrillos, retirando uno de ellos y acomodándolo entre sus labios. El previo se había echado a perder después de que la copa se quedara hecha añicos entre sus dedos. Sacó el mechero, en una pequeña pausa antes de responder, con el fuego todavía encendido.
Akura, sin ningún tipo de aviso, también retiró un cigarrillo del paquetito de Jin, como si fuera lo más natrual. De hecho, pese a que al varón no le agradaba aquel gesto, con su hermana lo había normalizado tanto que ni siquiera se dio cuenta de ello, y de que le estaba teniendo el mismo mechero que acababa de utilizar. —Deberías dejar de fumar.
No podía responder a aquello… No solo porque lo que decía era cierto, sino porque también, por fortuna, aparentemente con quien iban a negociar ya había llegado. Por el momento, ya que el mismo Uker fue quien inició la petición, lo dejó hacer… aunque se arrepintió rápidamente al ver que se limitaba a amenazar. Era un desastre ese hombre… Dio una nueva calada al cigarro, acercando el cenicero. —Akura, ¿te importaría dejarnos un momento a solas? Es por trabajo.
—Oh… bueno, entro mientras tanto en la cocina pues. — miró a la camarera, quien negó con la cabeza, pero sencillamente la ignoró, tomando el kit de primeros auxilios. —Así voy devolviendo esto.
—¡Aku-…!
—Señorita, póngame otra copa de lo mismo, y cóbreme las rupturas de la copa que se ha roto. — interrumpió velozmente, viendo que la camarera iba a impedirle el paso. Ella chasqueó la lengua, pero terminó aceptando y repitiendo el pedido. De reojo, pudo apreciar que los pinceles, una vez más, se habían quedado sobre la barra. —Señor, piense bien en la oferta que le damos. Esos 100 barriles nos interesan. — sus ojos se volvieron entonces hacia el hombre, tomando una postura relajada, cruzando sus piernas con paciencia.
—¿Tiene idea de las pérdidas que me generaría no tener solo unos pocos barriles para mi negocio?
—En efecto, pero también las ganancias que tendría con un nuevo cocinero con las habilidades del que tiene justo delante de usted. — imperturbable, miraba al hombre, con su voz calmada, en un tono nuevamente serio, sin amenaza, pero suficientemente seguro. —Soy consciente de que podría ser un pequeño problema, pero siempre podemos llegar a un buen trato. Este hombre de aquí es de los mejores cocineros que conozco, y no solo yo. — no iba a concretar detalles. Ni él mismo había tenido oportunidad de probar un plato todavía de ese hombre, pero sí se fiaba del criterio de Akura. Conocía bien su amor a la comida, y sus exigencias. —Así que hagamos esto; nos da esos barriles y nosotros, a cambio, te conseguimos en una semana el doble de las ganancias que tiene ahora mismo. Por supuesto, tendrá un pequeño adelanto con el precio de los barriles, el dinero no es un problema. — ventajas de tener en sus bolsillos el negocio que tenía. —Si no, podemos probar esta misma noche a ver cómo usted pasa de tener veinte mesas, a cincuenta en una sola noche, solo por ese cocinero, quien está interesado en trabajar aquí un tiempo. ¿Qué me dice?
Se separó un poco más, ahora enfocada por completo hacia Jin, de quien retiraba muy cuidadosamente los cristales. Por supuesto, no dejaba de prestar atención a Uker, el cocinero que le brindó una alegría ese día. —No lo hacían mal, pero tú eras el mejor cocinando. No sé cómo lo haces, no sé si es por cómo sazonas, o cómo usas el fuego… Pero en serio, tus platos son increíbles. Si trabajas aquí no dudes que vengo a comer todos los días. — Jin se limitaba a mirar su propia mano y las delicadas de la contraria, quien ahora dejó sus pinceles sobre la barra (posiblemente volviéndoselos a dejar). —Señ-… Quiero decir, Jin. Si te hago daño, dímelo, por favor.
—Estoy bien, ya te dije que no es nada. — murmuró con paciencia, sin apartar sus ojos de la delicadeza que la muchacha utilizaba, hasta que vio a la mujer acercarse con el kit.
—Siempre me sorprendes. Nunca parece que sientas dolor, ni haberte visto enfadado. Aún recuerdo aquel niño del orfanato que te lanzó una maceta sobre la cabeza y…
—Ni me lo recuerdes. — interrumpió. Prefirió aquella anécdota como algo privado, no quería revelar demasiado. —También estuviste llorando como un bebé.
—¡No fue…! Bueno, sí, pero… Estaba preocupada. Había mucha sangre. Me tuvieron que agarrar cuatro trabajadores para que no lo matara a golpes a ese desgraciado. — Jin todavía recordaba lo impulsiva que era y, conociéndola, estaba seguro de que esa parte todavía seguía allí. Él mismo recordó tener que frenarla en aquella época. Una mujer de las más duras que recordaba conocer… Y orgulloso estaba de que así fuera. Sintió el alivio en su mano, incluso cómo le acomodaba algunos vendajes que relajaron el escozor.
—Espera, ¿os conocéis? ¿En serio? ¿Cómo? — la sorpresa de la muchacha era ahora más palpable, sus ojos se abrieron de par en par, mirando de un lado a otro, confundida, primero a Uker, luego a Jin. Éste último abrió su paquete de cigarrillos, retirando uno de ellos y acomodándolo entre sus labios. El previo se había echado a perder después de que la copa se quedara hecha añicos entre sus dedos. Sacó el mechero, en una pequeña pausa antes de responder, con el fuego todavía encendido.
![[Imagen: FLIXToE.png]](https://i.imgur.com/FLIXToE.png)
—Podríamos decirnos que fue un encuentro… “fortuito”.
Akura, sin ningún tipo de aviso, también retiró un cigarrillo del paquetito de Jin, como si fuera lo más natrual. De hecho, pese a que al varón no le agradaba aquel gesto, con su hermana lo había normalizado tanto que ni siquiera se dio cuenta de ello, y de que le estaba teniendo el mismo mechero que acababa de utilizar. —Deberías dejar de fumar.
![[Imagen: IBEI0gO.png]](https://i.imgur.com/IBEI0gO.png)
—Mira quién habla. No recuerdo una sola vez que no te vea fumando. ¿Has intentado dejarlo?
No podía responder a aquello… No solo porque lo que decía era cierto, sino porque también, por fortuna, aparentemente con quien iban a negociar ya había llegado. Por el momento, ya que el mismo Uker fue quien inició la petición, lo dejó hacer… aunque se arrepintió rápidamente al ver que se limitaba a amenazar. Era un desastre ese hombre… Dio una nueva calada al cigarro, acercando el cenicero. —Akura, ¿te importaría dejarnos un momento a solas? Es por trabajo.
—Oh… bueno, entro mientras tanto en la cocina pues. — miró a la camarera, quien negó con la cabeza, pero sencillamente la ignoró, tomando el kit de primeros auxilios. —Así voy devolviendo esto.
—¡Aku-…!
—Señorita, póngame otra copa de lo mismo, y cóbreme las rupturas de la copa que se ha roto. — interrumpió velozmente, viendo que la camarera iba a impedirle el paso. Ella chasqueó la lengua, pero terminó aceptando y repitiendo el pedido. De reojo, pudo apreciar que los pinceles, una vez más, se habían quedado sobre la barra. —Señor, piense bien en la oferta que le damos. Esos 100 barriles nos interesan. — sus ojos se volvieron entonces hacia el hombre, tomando una postura relajada, cruzando sus piernas con paciencia.
—¿Tiene idea de las pérdidas que me generaría no tener solo unos pocos barriles para mi negocio?
—En efecto, pero también las ganancias que tendría con un nuevo cocinero con las habilidades del que tiene justo delante de usted. — imperturbable, miraba al hombre, con su voz calmada, en un tono nuevamente serio, sin amenaza, pero suficientemente seguro. —Soy consciente de que podría ser un pequeño problema, pero siempre podemos llegar a un buen trato. Este hombre de aquí es de los mejores cocineros que conozco, y no solo yo. — no iba a concretar detalles. Ni él mismo había tenido oportunidad de probar un plato todavía de ese hombre, pero sí se fiaba del criterio de Akura. Conocía bien su amor a la comida, y sus exigencias. —Así que hagamos esto; nos da esos barriles y nosotros, a cambio, te conseguimos en una semana el doble de las ganancias que tiene ahora mismo. Por supuesto, tendrá un pequeño adelanto con el precio de los barriles, el dinero no es un problema. — ventajas de tener en sus bolsillos el negocio que tenía. —Si no, podemos probar esta misma noche a ver cómo usted pasa de tener veinte mesas, a cincuenta en una sola noche, solo por ese cocinero, quien está interesado en trabajar aquí un tiempo. ¿Qué me dice?
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
