[Aventura T3][Presente absoluto] El final de un comienzo apoteósico
#11
Bailaba como podía entre los gigantes, esquivando rodillas y codos con la agilidad de quien ha aprendido a sobrevivir en sitios donde nadie te ve pero todos te pueden pisar. Y justo cuando empezaba a dejarme llevar por el calor de la pista, una voz llamó mi atención. Había tanto ruido que tan solo la voz de alguien conocido era capaz de sacarme de mi trance. Rosse. Solo él era capaz de ser tan extravagante. Me sacó una sonrisa al verle tan natural, tal y como le había conocido, brillante, despampanante. Sabía que ese no era un motivo para confiar, que la gente tiene motivos ocultos, que la gente te traiciona. Aún así, la sonrisa no desaparecía. No hasta que…

“¿Chavala? Es un pavo, tío. Ahora te molan los pitos”. El escándalo cortó el ritmo. Un insulto. Una carcajada demasiado estruendosa. Mi instinto fue inmediato; no bailar, no beber, sino escuchar, vigilar. Las risas, los empujones, el odio disfrazado de chiste barato. Me deslicé cerca del grupo que cuchicheaba, invisible como una sombra entre las sombras.

Mi cuerpo se tensó. No porque temiera a los matones (aunque cualquiera con dos dedos de frente lo haría), sino porque entendí la dirección de aquel odio. Los vi moverse como una manada de hienas hacia la barra, donde Rosse, brillante, bebía como si fuera dueño del lugar.

Con un movimiento rápido, o más bien con un salto veloz, me escabullí de la pista, caminando por debajo de las mesas y entre los pies de los asustados. Me abrí paso hasta el corrillo y, antes de que el ruido lo engullera todo, trepé por la barra, después por la ropa de Rosse hasta quedar a la altura de su hombro. No sabía qué iba más rápido: si mi corazón o yo misma. Di un golpecito en su mejilla con descaro y urgencia, por si no terminaba de llamar su atención.

— Te quieren hacer picadillo, big star —le susurré sin perder la sonrisa, como si estuviera comentando el precio de una copa. Replicar algunos de los apodos que él utilizaba con él mismo, adaptados, se había vuelto tan natural como respirar—. Te has puesto en el centro del espectáculo, darling, felicidades… —que, por otro lado, supuse, era algo que disfrutaría.

Señalé con el mentón, discreta, hacia el grupo que ya se acercaba. Lo que no esperaba era que, a su paso, llegase el héroe en escena. ¿Rosse había levantado pasiones que ahora le defendían? Aunque no me salía a cuenta la proporción de… uno, dos, tres… ocho, nueve, diez… He perdido la cuenta. De más de diez frente a uno. Y aún así, no pude evitar sonreír. Parte de mí quería ver cómo salía del lío; otra parte, contra todo pronóstico, quería que saliera vivo.

Viendo al nuevo peleando, no esperé más. El corrillo se cerraba y el aire se tensaba. Yo ya había visto demasiados hombres queriendo demostrar su hombría a puñetazos y seguía sin ser un espectáculo que me gustase. Salté del hombro ajeno al suelo como un proyectil y, antes de que uno de esos matones terminara de escupir otra risa, me sumé en combate cuerpo a cuerpo al nuevo, soltando golpes en las espinillas y obligándoles a caer de rodillas al suelo.

Sentía el movimiento de otros intentando atraparme. Capturar a un saltamontes de quince centímetros es sencillo si se queda quieto. Le subí trepando por el brazo y le estampé un cabezazo en la nariz, con la intención de romperle el tabique.
Y así, uno a uno, intenté bajar el número de enemigos que teníamos frente a nosotros. Me movía rápido, a la par que me cansaba rápido. Usando mi tamaño, me movía entre las piernas, por debajo de las mesas, saltando de un taburete a otro, no todo es golpear de frente, dicen. ¿Habían intentado pisarme de forma deliberada? No lo tenía claro. Solo sabía que todo eran hostias como panes. Desde abajo, desde arriba, desde cualquier ángulo. La pista de baile se convirtió en un caos, y entre el ritmo y los gritos solo podía pensar en ayudar a mi compañero.

— ¿Qué pasa, gigantes? ¿Os da miedo una muñeca de bolsillo?  —en aquel momento era más adrenalina que persona, actuaba más que pensaba.

Lo siguiente que recuerdo fue tirones de oreja traicioneros, codazos de catapulta, mordidas sorpresa, codazos en la nuca y golpes en la entrepierna, tomaba botellas vacías del suelo, las giraba como mazas diminutas y las usaba para distraer o golpear en la cabeza de algún despistado. ¿A cuánto había intentado noquear? ¿Ocho, tal vez? Atacar a alguien que solo busca disfrutar de la noche debería estar penado por ley en Samba, pero dado que no lo está, solo queda impartir justicia propia y en este caso, proteger a mi compañero.

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 560 + 0 = 560
Energia: 563 - 80 = 483
Espiritu: 120 + 0 = 120


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RE: [Aventura T3][Presente absoluto] El final de un comienzo apoteósico - por Alana Sahiba - 09-09-2025, 11:02 AM

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