09-09-2025, 03:47 PM
Un día de cambios y avances, eso es lo que la luna nuevamente dijo la noche anterior, una nueva oferta fue lo que el amanecer me confirmó. El día que Cao había acordado conmigo terminó llegando y, con ello empecé a prepararme para acudir a la fiesta para la que me contrató, por lo visto quería un músico para amenizar la velada. Era una oportunidad única, ese día podría comer y, además de ese día, Cao ofreció pagar por mi melodía, por lo que es posible que no pasara hambre por unos días.
Me levanté de mi futón improvisado, hecho con bolsas de basura, hojas secas y plumas de gallina que algunos granjeros me habían dado con toda su compasión, la verdad es que la hospitalidad de esta isla era ejemplar, por mucha delincuencia que hubiese, sus habitantes no perdían su empatía y su compasión. Me estiré viendo el callejón en la que había dormido esa noche, buscando con la mirada algo de comer, fútilmente debo añadir. -Bueno, tendré que esperar a la fiesta para comer algo.- Sonreí mirando al cielo mientras crujía mi cuello. No tenía mucho, mi ropa, i flauta y poco mas, pero tampoco es que necesitara mas, pues la riqueza no es aquello que define la felicidad.
-Bueeeno, pongámonos en marcha.- Dejé el futón allí, pero enrollado y escondido detrás de un contenedor para que no estorbase a nadie y tampoco me lo robasen, que una cosa es ser buena gente y otra es ser idiota. Me llevé la mano a la cinta atada a mi cintura para asegurarme que mi flauta seguía allí y mis pies comenzaron a caminar hacia la iglesia del reino, resonando mis pies descalzos contra el suelo ya compactado de los andares de la gente por aquellas calles, me ajusté la coleta de caballo y me aseguré que no me quedasen legañas en los ojos mientras caminaba a mi meta.
Mi ropa seguía algo sucia y con algún que otro agujero, el kimono negro con detalles rojos que llevaba ya tenía muchos años, menos mal que pude conseguir esta prenda al terminar de crecer, si no no se como habría logrado cubrir mi cuerpo de manera correcta, no obstante no podía permitirme comprar mas ropa y tampoco material de costura para reparar los rotos y agujeros que había en la zona mas baja del kimono por tanto uso. Lo que si mantenía impecable y en perfectas condiciones era la flauta de mi cinturón, pues era el bien mas preciado que poseía, bueno, prácticamente era la única que tenía.
Caminé por las calles de Sobert, observando puestos, mirando a la gente, apreciando a los chavales jugar por sus callejuelas y plazas, no es que estuviera lejos del lugar al que iba, pero me tomé mi tiempo para llegar, no tenía prisa y valía la pena maravillarse de la actividad de la población. Sin embargo, terminé frente a la puerta del templo al que había sido invitado, no pretendía llegar pronto, pero inconscientemente mis piernas me llevaron hasta allí, era un andar familiar para mi, pero no pensé que lo fuera tanto como para acabar allí de forma instintiva, como un animal que vuelve a su madriguera al final de su día. -Vaya, pensé que tardaría mas...- Observé el arco que adornaba la entrada con mis ojos castaños, de pronto un rayo de luz bañó mi rostro, enseñando reflejos rojizos en mis iris.-Bueno, no creo que vaya a molestar si llego antes..- Sonreí emocionado, era el primer contrato que había tenido desde... No, era el primero a secas. Me adelanté un poco mas, subiendo las escaleras que hacían de altar al templo y, justo antes de entrar por esa puerta magna, me lavé los pies para no ensuciar el suelo sagrado que esos terrenos representaban.
Caminé curioso y algo perdido por el interior, sabía que era allí la fiesta pero no veía guirnaldas ni un tumulto de gente. -Debe de ser en alguna sala de la iglesia pero... ¿En cual?.- Pregunté en voz alta para mi mismo, por suerte un niño me escuchó y se acercó a mi con cara de pillo para tirarme del kimono y guiarme entre risas y señas. Menos mal que aquel chiquillo no tenía malas intenciones y terminó dejándome frente a una sala que desprendía un aroma dulce. -Hhmmm... Huele a comida... Espero que sea aquí.- Dije mientras mi estómago rugía y yo me llevaba a una mano al abdomen para acallar sus quejas.
El momento había llegado, sonreí lo más tranquilo posible e ignoré mi hambre, cogí la flauta de mi cinturón y la llevé en la mano para entrar al festejo, un lugar conde Cao y otras dos personas que no conocía ya se encontraban reunidos, en silencio, mas que una fiesta parecía un funeral. -Parece que he llegado en buen momento.- Hice un gesto de saludo a todos con la mano libre y me dirigí hacia Cao con una actitud confiada. -Hola a todos. Dígame señor.- Procuré sonar lo mas cordial posible, ahora estabatrabajando, no en una tasca con los amigotes. -¿Dónde quiere que me ponga para empezar a tocar? ¿Quiere alguna pieza en particular o prefiere que improvise la melodía?.- Mis preguntas a mi patrón lodoso fueron claras y concisas, pero también amables y tranquilas.
Me levanté de mi futón improvisado, hecho con bolsas de basura, hojas secas y plumas de gallina que algunos granjeros me habían dado con toda su compasión, la verdad es que la hospitalidad de esta isla era ejemplar, por mucha delincuencia que hubiese, sus habitantes no perdían su empatía y su compasión. Me estiré viendo el callejón en la que había dormido esa noche, buscando con la mirada algo de comer, fútilmente debo añadir. -Bueno, tendré que esperar a la fiesta para comer algo.- Sonreí mirando al cielo mientras crujía mi cuello. No tenía mucho, mi ropa, i flauta y poco mas, pero tampoco es que necesitara mas, pues la riqueza no es aquello que define la felicidad.
-Bueeeno, pongámonos en marcha.- Dejé el futón allí, pero enrollado y escondido detrás de un contenedor para que no estorbase a nadie y tampoco me lo robasen, que una cosa es ser buena gente y otra es ser idiota. Me llevé la mano a la cinta atada a mi cintura para asegurarme que mi flauta seguía allí y mis pies comenzaron a caminar hacia la iglesia del reino, resonando mis pies descalzos contra el suelo ya compactado de los andares de la gente por aquellas calles, me ajusté la coleta de caballo y me aseguré que no me quedasen legañas en los ojos mientras caminaba a mi meta.
Mi ropa seguía algo sucia y con algún que otro agujero, el kimono negro con detalles rojos que llevaba ya tenía muchos años, menos mal que pude conseguir esta prenda al terminar de crecer, si no no se como habría logrado cubrir mi cuerpo de manera correcta, no obstante no podía permitirme comprar mas ropa y tampoco material de costura para reparar los rotos y agujeros que había en la zona mas baja del kimono por tanto uso. Lo que si mantenía impecable y en perfectas condiciones era la flauta de mi cinturón, pues era el bien mas preciado que poseía, bueno, prácticamente era la única que tenía.
Caminé por las calles de Sobert, observando puestos, mirando a la gente, apreciando a los chavales jugar por sus callejuelas y plazas, no es que estuviera lejos del lugar al que iba, pero me tomé mi tiempo para llegar, no tenía prisa y valía la pena maravillarse de la actividad de la población. Sin embargo, terminé frente a la puerta del templo al que había sido invitado, no pretendía llegar pronto, pero inconscientemente mis piernas me llevaron hasta allí, era un andar familiar para mi, pero no pensé que lo fuera tanto como para acabar allí de forma instintiva, como un animal que vuelve a su madriguera al final de su día. -Vaya, pensé que tardaría mas...- Observé el arco que adornaba la entrada con mis ojos castaños, de pronto un rayo de luz bañó mi rostro, enseñando reflejos rojizos en mis iris.-Bueno, no creo que vaya a molestar si llego antes..- Sonreí emocionado, era el primer contrato que había tenido desde... No, era el primero a secas. Me adelanté un poco mas, subiendo las escaleras que hacían de altar al templo y, justo antes de entrar por esa puerta magna, me lavé los pies para no ensuciar el suelo sagrado que esos terrenos representaban.
Caminé curioso y algo perdido por el interior, sabía que era allí la fiesta pero no veía guirnaldas ni un tumulto de gente. -Debe de ser en alguna sala de la iglesia pero... ¿En cual?.- Pregunté en voz alta para mi mismo, por suerte un niño me escuchó y se acercó a mi con cara de pillo para tirarme del kimono y guiarme entre risas y señas. Menos mal que aquel chiquillo no tenía malas intenciones y terminó dejándome frente a una sala que desprendía un aroma dulce. -Hhmmm... Huele a comida... Espero que sea aquí.- Dije mientras mi estómago rugía y yo me llevaba a una mano al abdomen para acallar sus quejas.
El momento había llegado, sonreí lo más tranquilo posible e ignoré mi hambre, cogí la flauta de mi cinturón y la llevé en la mano para entrar al festejo, un lugar conde Cao y otras dos personas que no conocía ya se encontraban reunidos, en silencio, mas que una fiesta parecía un funeral. -Parece que he llegado en buen momento.- Hice un gesto de saludo a todos con la mano libre y me dirigí hacia Cao con una actitud confiada. -Hola a todos. Dígame señor.- Procuré sonar lo mas cordial posible, ahora estabatrabajando, no en una tasca con los amigotes. -¿Dónde quiere que me ponga para empezar a tocar? ¿Quiere alguna pieza en particular o prefiere que improvise la melodía?.- Mis preguntas a mi patrón lodoso fueron claras y concisas, pero también amables y tranquilas.
