[T2] ¿Por qué hay un gigante en mi cocina?
#4
Me levanté antes de que sonara la campana del cuartel, como casi todos los días. No porque fuera especialmente madrugadora por disciplina, sino porque con tanto frío y con mi tamaño es imposible dormir de corrido en un catre hecho para humanos, a mitad de la noche ya suelo estar dándome vueltas como pez en barril, y termino aceptando que es mejor empezar el día temprano.
 
Lo primero es siempre lo mismo, la pintura, saqué el cuenco grande que guardo bajo la cama, junto con un par de frascos de polvo mineral que conseguí en la última escala del barco y un poco de aceite que requisé “amablemente” de la cocina del cuartel. Ya me han visto con mis mezclas, y más de uno pensará que fabrico veneno o algún ungüento extraño, pero nada más lejos de la verdad, es mi pintura azul celeste, la que me hace sentir que soy yo de verdad.
 
Removí la pasta con calma hasta que adquirió esa textura espesa que tanto me gusta. Hundí las manos y empecé a cubrirme desde el cuello hasta los pies, pasando por los brazos, el abdomen y las piernas. Es un ritual que no me salto ni, aunque el barco se hunda, si no estoy pintada, siento que no soy Imai, sino una sombra de mí misma, además, el azul resalta mi piel oscura y hace que mis ojos carmesíes brillen todavía más. Cuando terminé, me observé en un pequeño espejo rajado que había colgado en la pared, la pintura todavía húmeda brillaba bajo la tenue luz, y mi sonrisa amplia apareció sin que pudiera evitarlo.
 
—Perfecta —dije para mí, y solté mi risa estruendosa —Kyarararara—
 
Con la piel pintada, me puse el uniforme, la chaqueta blanca de la Marina, hecha a medida, la llevé abierta como siempre, dejando que los vendajes dorados que cubren mi torso quedaran a la vista, ajusté los pantalones azules marino reforzados y las botas de cuero negro que, aunque reforzadas, siguen sufriendo conmigo cada día. El toque final mi enorme kanabō descansando en mi espalda, siempre me gusta sentir su peso; es como una parte de mí misma.
 
Al salir de la habitación, el aire helado del pasillo me golpeó en la cara. El cuartel estaba ya despierto, con marines abrochándose abrigos y reclutas todavía medio dormidos arrastrando los pies y el olor a café barato llenaba todo el edificio, mezclado con el del pan recién horneado de la cantina, me dejé llevar por el bullicio hasta allí, saludando con la mano a los que me miraban con curiosidad, siempre llamo la atención, da igual cuánto me acostumbre.
 
Desayuné rápido, un trozo de pan negro duro y té de jengibre caliente que me devolvió la energía, entre sorbo y sorbo, me encontré con Bertram y Stroud, entonces nos sentamos juntos, y yo estaba en medio de contarles que la noche anterior soñé con un pulpo gigante que preparaba takoyaki cuando un civil irrumpió en la cantina, jadeando y con los ojos como platos.
 
—¡Un gigante! ¡Un gigante en la ciudad, destrozando una casa! —gritó, mientras algunos reclutas se atragantaban con la sopa. Yo casi me ahogo con mi té, pero no de miedo, sino de risa.
 
—¿Un gigante en una cocina? ¡Kyarararara! ¡Tengo que ver eso! —golpeé la mesa con tanta fuerza que varios cubiertos salieron rebotando.
 
Bertram por otra parte se lo tomó en serio desde el primer momento, con esa calma suya de arquero responsable. Propuso acudir como división, presentar iniciativa y ayudar sin necesidad de que aquello se convirtiera en un combate innecesario, Stroud, más pragmático, añadió que tampoco había que descartar un enfrentamiento, pero coincidía en que era buena idea actuar rápido, yo, mientras tanto, ya estaba de pie, rebosante de energía, con mi kanabō resonando en mi espalda al levantarme.
 
—¡Vamos ya! —exclamé, sonriendo de oreja a oreja —No me importa si es misión oficial o no, yo quiero ver con mis propios ojos a este gigante que cree que sabe cocinar. ¿Qué tan fuerte será? ¿Podrá batir un huevo sin hacer polvo el cuenco? ¡Kyarararara! — Bertram se acercó al capitán y al comandante para pedir permiso formalmente, y yo traté de no interrumpir con mis carcajadas, aunque me costó. Para mí estaba claro, no iba a perderme aquello por nada del mundo, puede que no haya medallas de por medio, ni un combate digno de las crónicas, pero ayudar a la gente y vivir estas situaciones extrañas es exactamente lo que me mueve a ser marine.
 
Mientras ajustaba el cinturón y me preparaba para salir, pensé en lo curioso que era todo, un gigante destrozando una cocina, civiles en pánico, y nosotros tres al frente, no era el tipo de aventura que me imaginaba cuando era niña escuchando historias de piratas y monstruos marinos, pero en cierto modo tenía el mismo encanto y además, me daba la oportunidad de conocer a alguien tan fuera de lo común como yo.
 
Con un último sorbo de té y una sonrisa que no podía borrárseme del rostro, me giré hacia mis compañeros. —Entonces, ¿a qué esperamos? ¡Que alguien le diga a ese gigante que no todos nacemos para la repostería! —troné los nudillos, lista para marchar, mientras mi risa volvía a llenar la cantina. —KYARARARARA—


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RE: [T2] ¿Por qué hay un gigante en mi cocina? - por Imai Seeman - 09-09-2025, 10:17 PM

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