Una historia que nadie buscó :: Privado :: Pasado
#7
Narrador / María Merlot

…………………….

Eso debe doler
Y mucho…

Los golpes de la fea mujer pirata caían sobre el cuerpo de María, una patada aquí, otra patada allá, un día más con esas brujas del averno. El sabor metálico tan característico de la sangre bañó su garganta hasta llegar a la boca y salir por sus labios resecos. En el último mes había sangrado mucho, y ni hablar del dolor, que era una constante que le recordaba día a día porque debía oponerse a esas locas o mejor morir antes de regresar con ellas, por eso se resistía, por eso prefería alentarlas a matarla que regresar a su repugnante barco.

— Capitana, la va a matar… Necesitamos llevarla a Paltear Von Karst en buenas condiciones —  intervino Kreistal, una mujer de cabello naranja, igual de fea que Griselda y sin los dientes delanteros. Su voz preocupada por el estado de la mercancía, no de María, porque esa perra era muy avariciosa y lo que más le gustaba en el mundo eran los berrys, y la mujer celeste estaba valorada por el comprador masculino con una alta suma de monedas.

— ¡Esta perra saca lo peor de mí! —  musito dándole una última patada en el estómago que le saco el aire. ¿Cómo era respirar? Porque ahora dejarse llevar por los brazos de la inconsciencia era la mejor opción pero, pero no quería, antes de regresar a la pocilga de su nave prefería morir, solo debía molestarla un poco más…

¿Era un buen plan? No…
¿Quería morir? No, pero vivir en sus garras era el peor destino.
Decidido.

“Disculpen señoritas”

Sin embargo, antes de poder abrir la boca para molestar a Grizelda una voz se sobrepuso en el callejón... Una voz que podía recordar perfectamente porque hace poco había entrado en su vida, y la verdad pensó que no la volvería a escucharla… así que en el fondo deseaba que no perteneciera al sujeto en cuestión, su Kami. Tirada en el suelo, hecha un ovillo, más golpeada que antes, con sangre saliendo de su boca y el ojo morado evolucionado a un ojo hinchado y cerrado… dirigió su unico ojo sano hacia el hablante.

Su corazón se alzó y hundió en partes iguales. Se alzó porque él estaba ahí, la había seguido… significaba que sus acciones no eran vanas, realmente se trataba de una buena persona; y se hundió porque ahora, por su culpa, lo pondría en peligro, y eso era lo último que quería, que su Kami pasara por lo que ella había vivido con estas locas.

“Le pido amablemente que se separen de la chiquilla que está en el suelo y se marchen de esta isla sin mirar atrás”

Su corazón palpitó con rapidez, estaba impactada de que viniera por ella, de que alguien lo hiciera. ¿Será la última felicidad antes de la muerte? Porque morirá en paz sabiendo que alguien, aunque fuera solo su deber moral, la hubiera considerado digna de salvar, de proteger, después de todo era una prisionera cuyo valor se cantaba en monedas como un objeto inanimado.

— ¿Acaso mis oídos me engañan? ¿"Amablemente"? ¿"Marcharse"? — repitió Grizelda sacando su sable y apuntando desde la distancia — … Escúchame bien, cara de pez. Esta perra es mi esclava. Lárgate a jugar al caballerito a otro lado, antes de que cambie de opinión y decida matarte aquí y ahora — su voz tan fea como sus rasgos iban cargada de furia, Grizelda tenía mál carácter, y las palabras del hombre lo hicieron aflorar.

María esbozó una sonrisa, lo que su labio roto le permitía. ¿Por qué sonreía? Sencillo, estaba feliz de haberse encontrado con su Kami, de saber que existen aun personas buenas en el mundo que valen la pena… y aunque quería morir para no regresar al barco con esas brujas, ahora lo que quería era alejarlas de su Kami. Ellas eran 3, él solo 1. Ellas eran malas, él era bueno. En su mente eso sonaba a una receta para el desastre, no quería arruinar la vida del buen hombre, no cuando ella ya estaba acostumbrada a ser una escoria mestiza.

Decisión tomada.
¿Cual era?

Sencillo, aplacar la ira de Grizelda para que su atención volviera a ella, para que su Kami saliera ileso, no podría vivir con el remordimiento de que… fue herido, o muerto, por su culpa. — Grizelda… — la llamó intentando levantarse, pero le dolía el cuerpo por sus golpes, así que como pudo solo se arrastró para sujetarla por la ropa de la pierna —... ama… por favor — a la fea mujer le encantaba que la llamara “Ama”, le fascinaba que fuera sumisa, y lo sería, si se enfocaba solo en ella, Kami tendría la oportunidad de irse o en el mejor de los casos ser ignorado —... Volvamos al barco, ama. Mírame, estoy destrozada. Así no me querrán... Si no me arreglas, no voy a recuperar mi valor. Fue mi culpa que me pegarás, soy una estúpida ¿Qué más podrías esperar de alguien como yo? Siempre me lo dices, ama, solo sirvo para ser una cara bonita — le hablo siendo zalamera, y rebajandose, a Grizelda le gustaba que tocaran su ego, podía ver como la tensión de su cuerpo iba disminuyendo — Vámonos ama… — suplico esperando que su atención continuará sobre ella. La verdad no quería regresar con ellas pero era más importante salvar su Kami de sus pezuñas, y si eso significaba volver a ese espantoso barco: lo haría, ya idearía un plan de escape o suicidio, lo que surgiera primero.

— … tienes razón, bulto inútil, solo eres una cara bonita — se inclinó sujetando muy fuerte el mentón de la mujer de cabellos celestes — … mira lo que me hiciste hacer, solo tenemos un mes antes de que Paltear Von Karst venga a reclamarte… —  comentó soltándola con brusquedad, tanto que la hizo volver al suelo — … pero no estaría mal tener otra cosa que ofrecer — se giró para ver al hombre, todo pasaba muy rápido.

— ¡NO! —  alzó la voz María, para que la atención de Grizelda volviera a ella — No vale la pena, ama. ¿Recuerdas? A Paltear Von Karst solo le gustan las mujeres ¿Qué harías con un hombre? Nada, solo ocuparía espacio, consumiría recursos, apestaría a testosterona por doquier… los hombres no tienen cabida en tu barco, ama… solo traen mala suerte y desgracias. Lo sabes bien ama… — argumento con voz suave y persuasiva intentando convencerla — Además, no parece buena mercancía —  mintió la chica: 1. Él no era mercancía. 2. Si lo fuera, sería la más valiosa que ella hubiera visto, tan valiosa que estaba dispuesta a regresar con Grizelda antes de que le pusieran una mano encima a él — … es alto… y tiene la piel muy palidaaaaa, debe estar enfermo — le gustaba su altura, y esperaba que no estuviera enfermo y su palidez fuera el estado normal de su piel — … y su cabello es negro. Todas sabemos que el cabello negro no es muy demandando en el mercado — eso también se lo estaba inventando, en los mercados clandestinos, no importaba para nada el color de cabello. Y si le preguntaban a ella, le gustaba mucho el suyo, porque simplemente era de él — … y míralo, es un mendigo, sin valor alguno, sus pies deben estar en mal estado por ir descalzo —  esperaba que no hubiera nada malo con sus pies, es más deseaba que lograra conseguir zapatos para que no se hiciera daño — … es feo, no serviría ni para limpiar la cubierta ni mucho menos para ser vendido… ¿Qué harías con tan mala mercancía? Pense que tenias mejores estándares, ama — finalizó con un tono de obviedad aunque por dentro gritaba en su mente: No es feo, es el mejor estándar.

¿Por qué decía todo eso sino lo sentía?
Para que Grizelda perdiera el interés.

— Vete, metete en tus propios asuntos… déjanos tranquilas o sino si morirás. Vete, vete, que tu presencia nos da arcadas y ganas de vomitar… —  le escupió al hombre con antipatía, algo poco habitual en ella, pero si quería salvarlo debía alejarlo. En el fondo esperaba que él entendiera el riesgo de seguir ahí, o que como mínimo se decepcionará de ella y así diera esa causa por perdida, se fuera lejos del peligro que representaba Grizelda y sus secuaces. Nunca lo volteo a ver, no quería presenciar como defraudaba a su Kami pero era por su bien, solo por el bien del buen hombre.

— HAHAHA —  se rio la fea pirata haciéndole un gesto a Kreistal para que agarrará a María; la misma fue cargada como un saco de patatas, uno que otro gemido de dolor se escapó de sus labios, seguramente se desmayaría en cualquier momento, sólo la sostenía despierta la voluntad de ver que su Kami no sufriera daño alguno… — Hoy me siento misericordiosa, porque mi perra me lo ha pedido. Así que quítate del medio imbécil… o atente a las consecuencias —  amenazó al hombre al tiempo que la mestiza suspiraba aliviada, y rezaba en silencio para que el caballero se hiciera a un lado y las dejará ir…

¿Lado positivo?
Su Kami viviría.
Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]


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RE: Una historia que nadie buscó :: Privado :: Pasado - por Maria Merlot - 10-09-2025, 02:25 AM

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