10-09-2025, 03:09 PM
El joven sargento se encontraba en su habitación cuando le encomendaron una misión sencilla y rápida, tenía que entregar una carta a uno de los marines que se encontraban continuamente en movimiento, apenas pisando la base para entregar informes sobre sus misiones y cualquier suceso que fuese requerido mencionar, como un rescate o la intervención en situaciones peligrosas o con claro potencial para volverse un auténtico riesgo. Tenía indicaciones de no abrir la carta bajo ningún contexto y entregar la carta directamente al marine a cargo, a nadie más. El pelirrojo asintió con seriedad y se puso en marcha en un barco otorgado por la marina para poder realizar el trayecto rápidamente y con cierto apoyo por si alguien decidía intentar interceptar el mensaje, aunque era poco probable.
El joven llevaba su uniforme marine, aunque en esta ocasión tenía el abrigo guardado para cuando tocara regresar a Roshwan no pasar frío. Su arco se encontraba colgado de su hombro derecho mientras que en sentido opuesto se hallaba su carcaj, cargado de flechas listas para ser empleadas si tenía que pelear por cualquier razón, aunque esperaba no tener que hacerlo en una misión tan sencilla. Gracias a la maestría náutica de los encargados de llevar el barco no tardaron en llegar a su destino, una isla que no poseía base marine y tenía su propia milicia, formada por luchadores de diversos estilos presentes en la misma, los cuales eran tan diestros que pocos se atrevían realmente a causar revuelo en la isla. El barco llegó cuando el sol estaba a media altura, siendo alrededor de las 10 de la mañana, por lo que el marine tenía aún unas cuatro horas hasta la hora de la entrega, y en este caso el horario era inamovible salvo causas extremas como sospecha de enemigos o un ataque.
El arquero salió del barco con la carta bien guardada en su chaleco, reajustó su arco y empezó a caminar por la isla de los artistas marciales, esperando no encontrar enemigos y poder descansar 4 horas antes del encuentro. Por precaución los marines del barco también bajaron, repartiéndose por la isla para formar una red de vigilancia y poder actuar en caso de necesidad, así mismo el arquero se mantuvo atento a todo, manteniendo la vista aguda a cualquier movimiento sospechoso y al mismo tiempo centró también atención en oído y olfato, siendo grandes sentidos para detectar amenazas fuera del campo visual.
El joven llevaba su uniforme marine, aunque en esta ocasión tenía el abrigo guardado para cuando tocara regresar a Roshwan no pasar frío. Su arco se encontraba colgado de su hombro derecho mientras que en sentido opuesto se hallaba su carcaj, cargado de flechas listas para ser empleadas si tenía que pelear por cualquier razón, aunque esperaba no tener que hacerlo en una misión tan sencilla. Gracias a la maestría náutica de los encargados de llevar el barco no tardaron en llegar a su destino, una isla que no poseía base marine y tenía su propia milicia, formada por luchadores de diversos estilos presentes en la misma, los cuales eran tan diestros que pocos se atrevían realmente a causar revuelo en la isla. El barco llegó cuando el sol estaba a media altura, siendo alrededor de las 10 de la mañana, por lo que el marine tenía aún unas cuatro horas hasta la hora de la entrega, y en este caso el horario era inamovible salvo causas extremas como sospecha de enemigos o un ataque.
El arquero salió del barco con la carta bien guardada en su chaleco, reajustó su arco y empezó a caminar por la isla de los artistas marciales, esperando no encontrar enemigos y poder descansar 4 horas antes del encuentro. Por precaución los marines del barco también bajaron, repartiéndose por la isla para formar una red de vigilancia y poder actuar en caso de necesidad, así mismo el arquero se mantuvo atento a todo, manteniendo la vista aguda a cualquier movimiento sospechoso y al mismo tiempo centró también atención en oído y olfato, siendo grandes sentidos para detectar amenazas fuera del campo visual.
