25-09-2023, 08:01 AM
Kovashi no pudo responder a nadie. Ni a Panda sobre el asunto interesante del periódico, ni a Enma para soltarle otro callabocas legendario y por supuesto tampoco a Derya, quién abandonaría aquel lugar para ir en busca del mando de la nave y enderezar la misma. Nuestro protagonista, agarraría el primer lugar que pudo encontrar, que resultó ser la madera de un lateral. Un mal movimiento y al agua, él siempre tan acertado. Desde allí podría sentir el ascenso. - Aquí va a morir mucha gente - Tras aquel pensamiento, algo cayó a peso muerto justo a su lado. Era un anciano, que pedía auxilio desesperadamente. Kovashi lo dejaría atrás ante el avance inminente del barco. Sintió una punzada en el pecho, pero así era la vida. Para lo que creía que estaba preparado, pero no fue así, era aquel estropicio. Barcos chocando, cayendo repleto de almas. Mientras la dirección era óptima, los cuerpos de las personas chocaban contra el casco del barco. Parecían rocas por el sonido, pero no lo eran.
El pánico iba aumentando conforme seguían ascendiendo. Una mujer entrada encarnes se precipitó cubierta abajo, pasando justo por el lado de Kovashi. Este se agarraría fuerte con ambos pies a la madera, dejando la mitad de arriba de su cuerpo libre. Gracias a ello lograría sujetar con ambas manos a la señora, chocando por el peso con la espalda en dicha madera. Un acto imprudente que además le hizo imposible ayudar a Enma. — ¡Enma! — Gritó al ver pasar su cuerpo. Apenas podía aguantar el peso de la señora, le era imposible más movimiento, como aquello supusiera la muerte de un compañero ... Por idiota que fuera. Se lo estaría recordando a si mismo durante mucho tiempo. Por suerte alcanzaría a ver como Panda y Caló se agarraron fuerte para no caerse.
Dado el momento, el barco alcanzó la cima de la extensa montaña, estabilizándose al fin. Pudo dejar de abrazar a la señora, que en un tenue y francamente simple “gracias” corrió con todo su alma hacia la dirección de donde venía en la caída. Por qué claro, quedaría un descenso.
Como cuando ves estrellas en el firmamento, eso es lo que veía Kovashi en la profundidad que ofrecían las vistas desde tan arriba. Islas que se disgregaban, formando una separación natural encantadora. — ¡QUE VIENE! — Vociferó con toda su alma. Fue sentir un mínimo traqueteo antes de descender a toda prisa e instintivamente sonrió. El barco se precipitó hacia la nada. Mucha habilidad tendría que tener Derya a los mandos de la nave para hacer que no se destruyera en el camino, más incluso al caer. Por suerte todos confiabamos en ella.
El pánico iba aumentando conforme seguían ascendiendo. Una mujer entrada encarnes se precipitó cubierta abajo, pasando justo por el lado de Kovashi. Este se agarraría fuerte con ambos pies a la madera, dejando la mitad de arriba de su cuerpo libre. Gracias a ello lograría sujetar con ambas manos a la señora, chocando por el peso con la espalda en dicha madera. Un acto imprudente que además le hizo imposible ayudar a Enma. — ¡Enma! — Gritó al ver pasar su cuerpo. Apenas podía aguantar el peso de la señora, le era imposible más movimiento, como aquello supusiera la muerte de un compañero ... Por idiota que fuera. Se lo estaría recordando a si mismo durante mucho tiempo. Por suerte alcanzaría a ver como Panda y Caló se agarraron fuerte para no caerse.
Dado el momento, el barco alcanzó la cima de la extensa montaña, estabilizándose al fin. Pudo dejar de abrazar a la señora, que en un tenue y francamente simple “gracias” corrió con todo su alma hacia la dirección de donde venía en la caída. Por qué claro, quedaría un descenso.
Como cuando ves estrellas en el firmamento, eso es lo que veía Kovashi en la profundidad que ofrecían las vistas desde tan arriba. Islas que se disgregaban, formando una separación natural encantadora. — ¡QUE VIENE! — Vociferó con toda su alma. Fue sentir un mínimo traqueteo antes de descender a toda prisa e instintivamente sonrió. El barco se precipitó hacia la nada. Mucha habilidad tendría que tener Derya a los mandos de la nave para hacer que no se destruyera en el camino, más incluso al caer. Por suerte todos confiabamos en ella.
