10-09-2025, 09:03 PM
No le sorprendían las palabras de la peliblanca. Siempre había sido impulsiva, dejándose llevar por sus sentimientos más fuertes, haciendo difícil que los demás pudieran ponerle un freno si parecía que iba a cometer una locura. Por suerte, nunca había tenido que hacer mucho para calmarla, nunca había ocurrido algo de esa magnitud mientras él trabajaba en el orfanato, pero sabía por terceros lo que la muchacha era capaz de hacer.
Le causó algo de gracia su reacción en cuanto ambos dijeron conocerse. No estaba en sus genes mentir, pero podía hacerlo con tal de que la mujer o los trabajadores del lugar no se enteraran de lo que eran. Si se sabía que eran piratas, la marina podría llegar, y eso traería problemas. No deseaba problemas, no deseaba encontrarse con ellos aún. - A decir verdad, me sorprende que se conozcan. Nunca hubiera imaginado que ese señor del que tanto hablabas se trataba de Onizuka -. Tal vez sería la primera vez que trataba al yakuza por su apellido.
No era bueno negociando, y eso se veía más claro teniendo en cuenta que venía acompañado de alguien que parecía un experto en eso, al menos en cuanto comenzó a hablar. Espera… ¿Escuchó bien? ¿Lo está vendiendo como parte del trato? Se sentía de lo peor, más encima ese idiota nunca había elogiado su comida, ¿Cómo se atrevía a mentir así ahora? Aún así, lo dejó hablar y negociar, incluso si lo usaba como cebo. - No se si creerte, muchacho, al fin y al cabo no tengo ni una sola prueba de que sea tan bueno, y mucho menos de que su comida pueda hacer que mis clientes suban -. El dueño desconfiaba, y con razón, por lo que Uker decidió actuar.
- Su plato estrella -. Las palabras del pelinegro hicieron que las miradas de la mujer que los atendió y de su jefe fueran hacia el más joven. - Dígame cual es su plato estrella y lo prepararé, sin ver la receta -. Los dos mayores se quedaron en silencio por un momento, mirándose entre ellos, como preguntándose si era buena idea. - ¿Crees poder preparar el platillo insignia de este lugar sin que te digamos la receta? -. La mujer estaba confundida, y era normal. El platillo representativo de un restaurante solía ser su mejor opción entre todas las que se encontraban en la carta, y a la que más atención le ponían. - Solo conociendo los ingredientes, puedo prepararlo -. El dueño del lugar lo observó de pies a cabeza, desconfiando de que alguien tan joven sepa tanto como dice.
Sin embargo, tras un momento de reflexión, movió su mano en un gesto, indicándole que lo siguiera. También a Jin y a ambas mujeres si lo deseaban. Los llevó a la cocina, en donde los cocineros parecían tener una charla entre ellos, asustándose y poniéndose firmes en cuanto el jefe llegó al lugar. - Por la hora, la cocina no es muy usada, y prefiero asegurarme de lo que dices antes de contratarte y que generes un desastre en las horas más concurridas -.
Acercó al cocinero a una mesa, en donde se encontraban algunos ingredientes y utensilios. - Lo que prepararas es… -. - Pay de cereza -. La sorpresa del hombre fue palpable, y ante el pequeño silencio fue Uker quien volvió a hablar. - De las 20 mesas, en 5 han servido al menos un pay de cereza. No solo me indica que muy seguramente es recomendado por la casa, si no que puede ser recomendado por clientes anteriores -. La mujer que los atendió en cuanto llegaron soltó un silbido, impresionada por la deducción del muchacho. - Bien, parece que le haces honor a tus palabras. Aún así, no has probado el pay, ¿pretendes hacerlo igual que nosotros sin dar un bocado primero? -. El muchacho sonrió ante la pregunta, mientras que avanzaba hacia un lugar donde podría lavarse las manos para comenzar. - Oh, no no, claro que no -.
No fue un proceso rápido, nunca lo era si se quería llevar un buen plato a la mesa, y menos si solo se trataba de una persona cocinando, pero por fin llegó el momento en el que el postre estaba servido frente a todos en la cocina, listo para que alguien le clave el tenedor y de un bocado.
Le causó algo de gracia su reacción en cuanto ambos dijeron conocerse. No estaba en sus genes mentir, pero podía hacerlo con tal de que la mujer o los trabajadores del lugar no se enteraran de lo que eran. Si se sabía que eran piratas, la marina podría llegar, y eso traería problemas. No deseaba problemas, no deseaba encontrarse con ellos aún. - A decir verdad, me sorprende que se conozcan. Nunca hubiera imaginado que ese señor del que tanto hablabas se trataba de Onizuka -. Tal vez sería la primera vez que trataba al yakuza por su apellido.
No era bueno negociando, y eso se veía más claro teniendo en cuenta que venía acompañado de alguien que parecía un experto en eso, al menos en cuanto comenzó a hablar. Espera… ¿Escuchó bien? ¿Lo está vendiendo como parte del trato? Se sentía de lo peor, más encima ese idiota nunca había elogiado su comida, ¿Cómo se atrevía a mentir así ahora? Aún así, lo dejó hablar y negociar, incluso si lo usaba como cebo. - No se si creerte, muchacho, al fin y al cabo no tengo ni una sola prueba de que sea tan bueno, y mucho menos de que su comida pueda hacer que mis clientes suban -. El dueño desconfiaba, y con razón, por lo que Uker decidió actuar.
- Su plato estrella -. Las palabras del pelinegro hicieron que las miradas de la mujer que los atendió y de su jefe fueran hacia el más joven. - Dígame cual es su plato estrella y lo prepararé, sin ver la receta -. Los dos mayores se quedaron en silencio por un momento, mirándose entre ellos, como preguntándose si era buena idea. - ¿Crees poder preparar el platillo insignia de este lugar sin que te digamos la receta? -. La mujer estaba confundida, y era normal. El platillo representativo de un restaurante solía ser su mejor opción entre todas las que se encontraban en la carta, y a la que más atención le ponían. - Solo conociendo los ingredientes, puedo prepararlo -. El dueño del lugar lo observó de pies a cabeza, desconfiando de que alguien tan joven sepa tanto como dice.
Sin embargo, tras un momento de reflexión, movió su mano en un gesto, indicándole que lo siguiera. También a Jin y a ambas mujeres si lo deseaban. Los llevó a la cocina, en donde los cocineros parecían tener una charla entre ellos, asustándose y poniéndose firmes en cuanto el jefe llegó al lugar. - Por la hora, la cocina no es muy usada, y prefiero asegurarme de lo que dices antes de contratarte y que generes un desastre en las horas más concurridas -.
Acercó al cocinero a una mesa, en donde se encontraban algunos ingredientes y utensilios. - Lo que prepararas es… -. - Pay de cereza -. La sorpresa del hombre fue palpable, y ante el pequeño silencio fue Uker quien volvió a hablar. - De las 20 mesas, en 5 han servido al menos un pay de cereza. No solo me indica que muy seguramente es recomendado por la casa, si no que puede ser recomendado por clientes anteriores -. La mujer que los atendió en cuanto llegaron soltó un silbido, impresionada por la deducción del muchacho. - Bien, parece que le haces honor a tus palabras. Aún así, no has probado el pay, ¿pretendes hacerlo igual que nosotros sin dar un bocado primero? -. El muchacho sonrió ante la pregunta, mientras que avanzaba hacia un lugar donde podría lavarse las manos para comenzar. - Oh, no no, claro que no -.
- Planeo hacerlo mejor -
Y así comenzó a cocinar. Mientras trabajaba, no dejó que las palabras o acciones de los demás lo quitaran de su concentración. Sus manos se movían ágiles, parecía sentir cada ingrediente y herramienta como una extensión más de su cuerpo. Con la tripulación no debía cocinar con gente viéndolo, no muchos se interesaban en su proceso, pero, al parecer, tampoco le importaba que los que manejaban el lugar se le quedaran viendo, así como los trabajadores que veían el espectáculo con sonrisas.No fue un proceso rápido, nunca lo era si se quería llevar un buen plato a la mesa, y menos si solo se trataba de una persona cocinando, pero por fin llegó el momento en el que el postre estaba servido frente a todos en la cocina, listo para que alguien le clave el tenedor y de un bocado.
