10-09-2025, 09:53 PM
Nunca me habían dicho algo tan descarado en el mercado de Baquella. Normalmente bastaba con desplegar mis alas o sonreír de lado para que cualquiera bajara la mirada, intimidado. Pero este tal Jensen Valentine no. Él me devolvió la mirada con una autosuficiencia que me sorprendió, y hasta se atrevió a insinuar que yo era “creída”. Lo dijo con una sonrisa tan confiada que por un segundo me hizo dudar si estaba bromeando o si en verdad pensaba que podía estar a mi altura.
Levanté una ceja y solté una risa breve, esa que siempre uso cuando quiero dejar en claro que alguien me divierte, pero que sigo teniendo la ventaja. —No confundas seguridad con ego, Jensen —respondí —Si me ves así es porque sé exactamente quién soy y de lo que soy capaz, tú apenas estás intentando convencerme de lo mismo. —
Mientras decía eso, Blue movía sus alas inquieto sobre mi hombro, observando con atención al chico de la capucha roja, fue entonces cuando Jensen tomó una manzana de entre los sacos y me la tendió, aunque su atención estaba puesta en mi compañero emplumado. El gesto me desconcertó un instante, nadie solía fijarse primero en Blue; la mayoría lo veía como un simple adorno, pero Jensen no, eso, admito, sumó puntos a su favor.
Blue aceptó la fruta con un graznido satisfecho, y yo lo observé con los brazos cruzados, tratando de mantener mi fachada de superioridad intacta. —Cuidado, Jensen —dije con tono burlón —Si sigues consintiendo a mi guacamayo, terminarás conquistándolo a él antes que a mí. — El chico habló de sorprenderme, de que tal vez era lo mejor que podría pasarme en la vida. ¡Qué audacia! Yo, que siempre me había creído fuera del alcance de cualquiera, me encontré sonriendo sin querer, no era una sonrisa de rendición, claro, sino de intriga. ¿Quién demonios era este muchacho que se atrevía a lanzarme frases así, sin miedo a quedar en ridículo?
Me giré, fingiendo que no me importaba demasiado, pero en el fondo estaba esperando a ver si regresaba y, por supuesto, lo hizo, cuando reapareció, lo hizo de forma sorpresiva, justo a mi espalda, con una flor en la mano, un girasol. Me la ofreció con esa misma sonrisa confiada, diciendo que era “una flor bonita para una mujer igualmente bonita”. Tomé el girasol entre mis dedos y lo giré lentamente, dejando que el tallo descansara contra mi palma.
—Tienes agallas, Jensen Valentine —admití, mirándolo fijamente con mis ojos oscuros —Muchos se achican antes de intentarlo, pero tú no. Eso me gusta. Aunque no te confundas, no significa que ya hayas ganado. — Sonreí de lado y acaricié el pico de Blue, que seguía disfrutando de su manzana, en el fondo sabía que este chico tenía algo diferente y aunque jamás lo admitiría en voz alta, una parte de mí ya estaba ansiosa por ver hasta dónde se atrevía a llegar.
Levanté una ceja y solté una risa breve, esa que siempre uso cuando quiero dejar en claro que alguien me divierte, pero que sigo teniendo la ventaja. —No confundas seguridad con ego, Jensen —respondí —Si me ves así es porque sé exactamente quién soy y de lo que soy capaz, tú apenas estás intentando convencerme de lo mismo. —
Mientras decía eso, Blue movía sus alas inquieto sobre mi hombro, observando con atención al chico de la capucha roja, fue entonces cuando Jensen tomó una manzana de entre los sacos y me la tendió, aunque su atención estaba puesta en mi compañero emplumado. El gesto me desconcertó un instante, nadie solía fijarse primero en Blue; la mayoría lo veía como un simple adorno, pero Jensen no, eso, admito, sumó puntos a su favor.
Blue aceptó la fruta con un graznido satisfecho, y yo lo observé con los brazos cruzados, tratando de mantener mi fachada de superioridad intacta. —Cuidado, Jensen —dije con tono burlón —Si sigues consintiendo a mi guacamayo, terminarás conquistándolo a él antes que a mí. — El chico habló de sorprenderme, de que tal vez era lo mejor que podría pasarme en la vida. ¡Qué audacia! Yo, que siempre me había creído fuera del alcance de cualquiera, me encontré sonriendo sin querer, no era una sonrisa de rendición, claro, sino de intriga. ¿Quién demonios era este muchacho que se atrevía a lanzarme frases así, sin miedo a quedar en ridículo?
Me giré, fingiendo que no me importaba demasiado, pero en el fondo estaba esperando a ver si regresaba y, por supuesto, lo hizo, cuando reapareció, lo hizo de forma sorpresiva, justo a mi espalda, con una flor en la mano, un girasol. Me la ofreció con esa misma sonrisa confiada, diciendo que era “una flor bonita para una mujer igualmente bonita”. Tomé el girasol entre mis dedos y lo giré lentamente, dejando que el tallo descansara contra mi palma.
—Tienes agallas, Jensen Valentine —admití, mirándolo fijamente con mis ojos oscuros —Muchos se achican antes de intentarlo, pero tú no. Eso me gusta. Aunque no te confundas, no significa que ya hayas ganado. — Sonreí de lado y acaricié el pico de Blue, que seguía disfrutando de su manzana, en el fondo sabía que este chico tenía algo diferente y aunque jamás lo admitiría en voz alta, una parte de mí ya estaba ansiosa por ver hasta dónde se atrevía a llegar.
