11-09-2025, 07:41 AM
La noche dio paso a la mañana y, tras cumplir mi ronda de guardia y luego de despertar a Apolo, regrese a nuestro improvisado campamento a descansar logrando así despertar con energías renovadas. El sol del nuevo mundo nos regaló un nuevo día bañándonos con su luz al igual que una cascada baña a las piedras que se agrupan al final de la misma. Lamentablemente no había posibilidad para bañarse pues este era un lujo el cual nos era negado en nuestro campamento al pie del volcán en el cual descansábamos. Sin embargo, quizás hubiera la posibilidad de empezar el día sin tener el estómago vacío pues era bien sabido que Joe no solo resaltaba por sus actos heroicos sino además por su habilidad culinaria.
“Buenos días” – dije a Karl quien amablemente me había despertado, y luego repetí el saludo de forma que todos pudieran oírme mientras empezaba a guardar las cosas del campamento y revisar los suministros que nos quedaban en preparación para este nuevo día – “¿Alguna novedad durante sus guardias? La mía fue relativamente tranquila” – pregunte al resto de los miembros de la división mientras volvía a colocar los guantes de combate en cada mano – “Por cierto, Joe, ¿cómo sigues de tu mano? Si estas mejor, antes de empezar la marcha ¿nos puedes preparar algo de desayunar? Me temo que hoy será tan duro como ayer y hacer trabajo duro con el estómago vacío no es parte de mi entrenamiento diario, Gowowo wowowo” – reí con energías renovadas mientras terminaba de colocar mi capa sobre mis hombros y me fijaba que la mano del líder de la división mostraba notable mejoría con respecto a la noche anterior.
No obstante, quien aún no estaba del todo recuperada era Karl, lo podía notar no solo con mi haki de observación el cual expandí en un radio de 130 metros, si no en su semblante claramente molesto y en el estado de deshidratación que aún era observable para aquellos como yo entrenados en las ciencias médicas. Acercándome con precaución, pues nunca se sabe lo que pueda desencadenar la furia de la Vicealmirante particularmente tomando en cuenta su condición actual y el bendito calor constante de la isla, extendí hacia ella mi mano agarrando con suavidad su muñeca y tomando así su pulso. Por suerte no era nada grave, simplemente tendría que dedicarle más tiempo de lo que estaba acostumbrado para su recuperación pues, luego de la quemadura de Joe y dando por sentado que los poderes de la semioni solían curarle de cualquier herida, había descuidado su tratamiento. Permitiendo que terminara sus preparativos para nuestra marcha, empecé a mezclar nuevamente hiervas medicinales que portaba conmigo para preparar un remedio, esta vez más potente que buscaría poner de una buena vez fin a su precario estado de salud. Esperando que terminara de acomodar sus cosas le acerque amablemente la nueva infusión que había preparado diciéndole – “Siento mucho que esto no tenga el mejor sabor posible, pero créeme que te hará bien, la medicina mientras más mal sabe más efectiva es, o eso solía decirme mi madre hace mucho tiempo atrás.” – esperaba que, al igual que últimamente estaba ocurriendo, mis palabras fueran suficientes para aceptar el tratamiento que claramente necesitaba.
Mientras Karl terminaba de acomodar sus pertenencias y ajustar su equipo para la marcha, me mantuve cerca observando discretamente su estado. Cada vez que se agachaba para recoger algo, notaba cómo se movía más lento de lo habitual, claramente no recuperada del todo. Aproveché esos momentos para acercarle mi cantimplora – “Otro sorbo, Karl” – le decía suavemente, cada pocos minutos, sin sonar insistente pero manteniéndome firme en el tratamiento. Cuando la vi secarse el sudor de la frente con la manga, inmediatamente saqué un paño limpio de mi kit médico y se lo ofrecí – “Este está más limpio y absorbe mejor” – le expliqué mientras le daba unas palmaditas suaves en el hombro para verificar su temperatura corporal al tacto. Sus movimientos eran algo rígidos, señal de que aún tenía calambres musculares leves. Sin hacer mucho alboroto, preparé una segunda mezcla más ligera en una cantimplora pequeña – “Esta es para el camino” – le dije, colgándosela del cinturón – “Cada veinte minutos, un sorbo pequeño. No importa si no tienes sed.” – me aseguré de que sus correas y arneses no estuvieran demasiado apretados, pues la deshidratación podía hacer que incluso la presión normal se sintiera incómoda – “¿Te sientes mareada cuando te agachas?” – le pregunté mientras ella verificaba su equipo.
Durante toda la mañana fui la sombra de Karl, estando pendiente de su estado físico durante la marcha rumbo a nuestro siguiente objetivo.
“Buenos días” – dije a Karl quien amablemente me había despertado, y luego repetí el saludo de forma que todos pudieran oírme mientras empezaba a guardar las cosas del campamento y revisar los suministros que nos quedaban en preparación para este nuevo día – “¿Alguna novedad durante sus guardias? La mía fue relativamente tranquila” – pregunte al resto de los miembros de la división mientras volvía a colocar los guantes de combate en cada mano – “Por cierto, Joe, ¿cómo sigues de tu mano? Si estas mejor, antes de empezar la marcha ¿nos puedes preparar algo de desayunar? Me temo que hoy será tan duro como ayer y hacer trabajo duro con el estómago vacío no es parte de mi entrenamiento diario, Gowowo wowowo” – reí con energías renovadas mientras terminaba de colocar mi capa sobre mis hombros y me fijaba que la mano del líder de la división mostraba notable mejoría con respecto a la noche anterior.
No obstante, quien aún no estaba del todo recuperada era Karl, lo podía notar no solo con mi haki de observación el cual expandí en un radio de 130 metros, si no en su semblante claramente molesto y en el estado de deshidratación que aún era observable para aquellos como yo entrenados en las ciencias médicas. Acercándome con precaución, pues nunca se sabe lo que pueda desencadenar la furia de la Vicealmirante particularmente tomando en cuenta su condición actual y el bendito calor constante de la isla, extendí hacia ella mi mano agarrando con suavidad su muñeca y tomando así su pulso. Por suerte no era nada grave, simplemente tendría que dedicarle más tiempo de lo que estaba acostumbrado para su recuperación pues, luego de la quemadura de Joe y dando por sentado que los poderes de la semioni solían curarle de cualquier herida, había descuidado su tratamiento. Permitiendo que terminara sus preparativos para nuestra marcha, empecé a mezclar nuevamente hiervas medicinales que portaba conmigo para preparar un remedio, esta vez más potente que buscaría poner de una buena vez fin a su precario estado de salud. Esperando que terminara de acomodar sus cosas le acerque amablemente la nueva infusión que había preparado diciéndole – “Siento mucho que esto no tenga el mejor sabor posible, pero créeme que te hará bien, la medicina mientras más mal sabe más efectiva es, o eso solía decirme mi madre hace mucho tiempo atrás.” – esperaba que, al igual que últimamente estaba ocurriendo, mis palabras fueran suficientes para aceptar el tratamiento que claramente necesitaba.
Mientras Karl terminaba de acomodar sus pertenencias y ajustar su equipo para la marcha, me mantuve cerca observando discretamente su estado. Cada vez que se agachaba para recoger algo, notaba cómo se movía más lento de lo habitual, claramente no recuperada del todo. Aproveché esos momentos para acercarle mi cantimplora – “Otro sorbo, Karl” – le decía suavemente, cada pocos minutos, sin sonar insistente pero manteniéndome firme en el tratamiento. Cuando la vi secarse el sudor de la frente con la manga, inmediatamente saqué un paño limpio de mi kit médico y se lo ofrecí – “Este está más limpio y absorbe mejor” – le expliqué mientras le daba unas palmaditas suaves en el hombro para verificar su temperatura corporal al tacto. Sus movimientos eran algo rígidos, señal de que aún tenía calambres musculares leves. Sin hacer mucho alboroto, preparé una segunda mezcla más ligera en una cantimplora pequeña – “Esta es para el camino” – le dije, colgándosela del cinturón – “Cada veinte minutos, un sorbo pequeño. No importa si no tienes sed.” – me aseguré de que sus correas y arneses no estuvieran demasiado apretados, pues la deshidratación podía hacer que incluso la presión normal se sintiera incómoda – “¿Te sientes mareada cuando te agachas?” – le pregunté mientras ella verificaba su equipo.
Durante toda la mañana fui la sombra de Karl, estando pendiente de su estado físico durante la marcha rumbo a nuestro siguiente objetivo.
Resumen
Curaciones
Belico
Gastos
Atributos
Inventario

![[Imagen: Firma-Fuguwu.png]](https://i.ibb.co/Z6VjRFKr/Firma-Fuguwu.png)